Inaudito

Hay una enorme presión popular que exige el fin del confinamiento (y del estado de alarma, que es el subterfugio administrativo que lo permite aquí y ahora) y que está animando a un proceso muy rápido de vuelta a la situación de «normalidad» anterior a la pandemia. Naturalmente, hay que «trabajar para poder comer», en este mundo en que vivimos. Pero también hay que entender bien la naturaleza de la circunstancia a la que nos enfrentamos. El problema es, me temo, que dicha presión está fundamentada sobre todo en las soflamas vertidas desde determinados medios de difusión, modernos púlpitos, por esos supuestos periodistas que ejercen las funciones de curas actuales, pero que lanzan sus homilías incendiarias a tiempo completo, no solo en domingo, y que se distinguen de los ayatolás poco más que en que usan otro disfraz, en este caso corbata. Naturalmente, esto lo hacen en sintonía con las voluntades del gran capital, de ese 10% de la población que controla el 90% de los recursos, que para eso son todos ellos conservadores -de lo suyo-, o aprendices de ecofascistas, neofascistas y otros gremios autoritarios y reaccionarios incalificables. Curiosamente, los que más presionan, sin ahorrar insultos ni descalificaciones al gobierno actual, son los que más han insistido en el error que supuso que al principio no se tomaron medidas sanitarias con suficiente rapidez (¡qué fácil resulta hablar a posteriori, especialmente obviando que en aquel momento la idea que se tenía sobre el virus era otra completamente diferente, basada en la limitada evidencia científica de la que se disponía!), lo que deja claro que las críticas no están fundamentadas en hechos, sino en simpatías ideológicas completamente irracionales y en la defensa de los privilegios de los de siempre. La “vuelta a la normalidad” (a la “nueva normalidad”, como se la llama sospechosamente; https://joseluisyela.wordpress.com/2020/06/12/ingenuidad-manifiesta/), puede resultar catastrófica en las condiciones en que se está haciendo en España (https://joseluisyela.wordpress.com/2020/06/12/un-cierto-pasmo/). Pero no para la economía, no; para la vida misma. Ya lo advierte la OMS: «La pandemia de COVID-19 se está acelerando, y el mundo se encuentra en una nueva y peligrosa fase.» Claro, para nosotros, ejpañolitos de Ejpañistán, es mucho más importante salir de cañas o ir a bañarnos al río con tu grupo de amiguetes -es decir, mirar para otro lado- que poner los medios para evitar que, mientras no haya vacuna o solución semejante, se nos mueran otras decenas de miles de personas mayores, sobre todo en sus residencias. Así somos. Aunque sea incomprensible para cualquier mente medianamente razonable.

Como incomprensible es que en China se hayan vuelto a encender todas las alarmas y se hayan vuelto a dictar medidas de confinamiento tras haberse detectado un rebrote (137 nuevos casos durante la semana pasada), mientras que aquí, que durante el mismo periodo se han puesto en evidencia ¡143! casos nuevos. Es más; de acuerdo con El Diario (https://www.eldiario.es/sociedad/dato_0_1039746979.html), «el número total de diagnósticos que resulta de sumar la cifra diaria de diagnósticos en las últimas 24 horas es de 732 en la última semana, pero si miramos el agrupado de los últimos siete días es más del doble: 1.520.» Ciertamente, esas cifras hay que situarlas en contexto, y el hecho es que aquí cada semana se detectan menos casos nuevos, de acuerdo. Pero sieguen siendo muchos, demasiados, como para abandonar sin más las medidas de confinamiento (seguimos en “desescalada”, como dicen) y volver a mirar para otro lado, como si no pasara nada, como es evidente que ocurre en la calle. ¡¡Y a nadie le parece extraño!! Es simplemente inaudito, con los recursos de la lógica en la mano.

Claro que, por otro lado, cuando ya haya vacuna, que no será gratuita ni mucho menos en el marco de privatización creciente de la Sanidad, la virosis se habrá convertido plausiblemente en una enfermedad de pobres, o sea, de todos los que no puedan pagarse el tratamiento. Como tantas otras. Les va a venir de perlas a los que controlan los recursos. ¡Qué buena manera de diezmar la población sin mancharse las manos!

Hala, a seguir privatizando. Y nosotros, a aplaudirles.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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2 respuestas a Inaudito

  1. Jesús Porrero dijo:

    Y tristemente es así… No nos concienciamos de que esto sigue y no hay solución clara al problema. La gente a su aire.

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