Porca miseria

El tal Rafael Hernando, a la sazón portavor del PP en el Congreso de los Diputados, es la quintaesencia del hispano promedio: el cuñao casposo y chulesco por excelencia.  La miseria y el veneno se le escapan por todas las rendijas de su mirada de cínico empedernido; solo puede engañar al convencido y al incauto.

Irónicamente, este pájaro si que es un representante genuino del pueblo, para desgracia de todos los que tenemos alguna aspiración que no sea simplemente lineal, elemental, grotesca, mercantil y mostrenca.

Y es que ya se sabe: es el pueblo el que quiere que sean los vecinos el pueblo. Y lo demás, chuminás.

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Consecuencias del adiós a las humanidades

Decir “de origen antropogénico” es redundante; se debería decir “de origen antrópico”. ¿Por qué se empeñan en decirlo de la primera manera?

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Muerte digna y libre

Hay personas que saben vivir intensamente, y cuando llega el ocaso, en forma de enfermedad grave o minusvalía, no pueden soportar la pérdida de posibilidades vitales, y hablan convencidas de que la mejor, o quizá única vía posible, es desaparecer. ¿Quienes somos los demás para negarles su decisión más personal? Pues en una primera respuesta, unos dictadorzuelos. Con todos los matices que se quiera.

La muerte debería ser digna y libre, siempre que se pudiera elegir. A mi no me cabe la menor duda. Pero la inercia social a conservar unas reglas impuestas en otros tiempos para otras condiciones es enorme, de manera que, en el mundo occidental, vivimos en una sociedad parcialmente obsoleta. No digamos nada en España, donde las huestes de Cisneros siguen quemando bibliotecas, apelando a lo absoluto y atacando histéricamente cualquier propuesta de organización que no provenga de los poderes establecidos.

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“Ciencia ciudadana”

No todo lo que se dice sostenible lo es. No todo lo que se dice “ecológico” es ambientalmente permisible ni tolerable. Como no todo los que se denomina “ciencia ciudadana” es tal cosa.

De acuerdo con su acepción original (1, 2), la ciencia ciudadana requiere de la participación conjunta de dos elementos: el ciudadano, que recopila datos con cierto rigor y de una forma más o menos sistemática, y el científico, que valida esa información y, sobre todo, la analiza. Sin análisis discriminatorio, comparativo o deductivo (contraste de hipótesis) no puede haber conclusiones científicas, ni por lo tanto medidas de gestión sólidamente fundamentadas. Ni, como es fácilmente comprensible, ciencia ciudadana. Podrá denominarse contribución ciudadana u observaciones de campo o como se nos ocurra, y su papel puede ser fundamental; pero no deberíamos llarmarlo ciencia. No contribuyamos a desvirtuar los términos, como tan frecuentemente ocurre hoy día.

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  1. Ciencia ciudadana”: “recopilación sistemática y análisis de datos, o el desarrollo de tecnología, mediante la comprobación de hipótesis sobre los fenómenos naturales y la difusión de estas actividades por los investigadores sobre una base principalmente vocacional“ (OpenScientist, 2011, http://www.openscientist.org/2011/09/ finalizing-definition-of-citizen.html).
  2. Wals, A. E., Brody, M., Dillon, J., & Stevenson, R. B. 2014. Convergence between science and environmental education. Science344: 583-584.
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Mal profesorado

Ser mal profesor en la universidad no tiene consecuencias

(http://www.eldiario.es/sociedad/evaluacion-profesorado-universitario-panales_0_649535783.html)

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Ser mal profesor universitario, que es la norma hoy día, no solamente no tiene consecuencias; es que la dinámica universitaria actual favorece enormemente que se descuide la dedicación a las tareas docentes como éstas merecen, y contribuye de manera fundamental a formar machacas técnicos semianalfabetos funcionales. Como yo mismo lo fui tras licenciarme, habiendo ingresado en primer curso como individuo vocacional (con 10 años de experiencia lepidopterológica y un par de publicaciones). Se puede decir con palabras más elegantes, pero esa es la realidad. ¿Qué coño significa si no que se saque una convocatoria clave de proyectos de investigación justo en época de exámenes? ¿Qué es esto de computar los exámenes como horas de trabajo y reclamar, como lo hacen las normas boloñiles, que se tenga una retroalimentación posterior al examen con los alumnos, cuando éstos están atosigados con otros exámenes y son tantos que el trato personal y retroactivo es imposible, y los profesores somos bombardeados con guías electrónicas, PODs y demás mandanga… además de la redacción de peticiones de subvención para proyectos de investigación, en este caso? Esto no son más que dos detalles a modo de ejemplo, naturalmente. Encima, preguntas al personal y casi nadie tiene ni pajolera idea de qué le hablas; prácticamente todo el mundo sigue la dinámica impuesta como si tal cosa o mira para otro lado, cuando no la favorece activamente. ¡Y todos creen que prestan una docencia ejemplar, porque las encuestas de docencia les son favorables! ¿Alguien se ha preguntado seriamente a qué responde su diseño?

Las universidades se preocupan mucho más de la actividad investigadora de los profesores que de la docente, así es. Antiguamente no se preocupaban ni de eso. Hemos mejorado; “partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria”. Totalmente pendular; muy hispánico.

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Defensa de la mismidad

Prefiero equivocarme por mi cuenta a acertar por consigna”. Juan Goytisolo.

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Alcachofas con crema de puerros

El maestro es el maestro, y de él hay que aprender. Pero innovando, siempre que se pueda. Ayer ensayé una receta de Carlos Arguiñano que encontré en la red, dándole mi toque personal:

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Se toman 3 o 4 alcachofas, se limpian y se trocean en cuartos. Se cuecen al vapor durante una media hora, a fuego lento.

En una sartén se sofríen un poco, hasta que están blandas, varias rodajas de calabacín.

En otra olla, se añaden cuatro patatas medianas troceadas, dos puerros, una ramita de apio y las rodajas del calabacín, una vez sofritas. Se pone todo ello a cocer durante media hora, a fuego lento, con un puñadito de sal y un chorrito de aceite de oliva; se puede hacer a la vez que se cuecen las alchachofas. Una vez que esta mezcla de verduras esté bien blanda, se pasa por la batidora (a la que se añade un poquito de pimienta en polvo y otro poquito de nuez moscada), de manera que quede una crema algo densa.

En la misma sartén de sofreir el calabacín, se sofríen un par de dientes de ajo cortados en rodajas. A continuación se añaden las alcachofas, que se doran un poquito (no más de dos minutos). Se vuelcan en un plato hondo y se añade la crema.

A chuparse los dedos. Gracias, Arguiñano.

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