Saber

Ser músico no es hacer ruido. Es saber hacer ruido.

Ser pintor no es emborronar. Es saber emborronar.

Ser escritor no es dibujar garabatos. Es saber dibujar garabatos.

Saber. Que es muy diferente.

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La malhadada obediencia

Al pensar en la truculenta historia de la humanidad, uno se da cuenta de que se han cometido muchas más atrocidades en nombre de la obediencia que en nombre de la rebelión.” Charles P. Snow.

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Se ha cerrado la ventana, una vez más

No. No hay ninguna esperanza. Es muy obvio. Se ha vapuleado a la inteligencia, a la sensibilidad, a la libertad, a la frescura… a la valentía, a la decisión de avanzar. El viejo régimen, en esencia ese mismo régimen apoyado en su día por el populacho entregado al sátrapa Fernando VII o al lúgubre Franco, apoyado ahora por las fuerzas reaccionarias y conservadoras de la Europa de la diosa ingeniería financiera y de los recortes sociales que benefician a las élites, se recompone una vez más, en torno a las malhadadas letanías rancias de siempre. Discrepo con Santiago Alba, eso si, en que Rajoy sea un genio; es un patán con la suerte de cara. Y aquí ya no hay más cera que la que arde. Algunos hemos dado lo mejor de nuestras vidas por traer a escena un mundo diferente, de color, de esperanza, de alegría, de comunión entre los valores de siempre y los que surgen al abrir las puertas al futuro; nos hemos equivocado. Hemos sido derrotados en toda la regla por los esclavos felices, por quienes otorgan mayor importancia a lo malo conocido que a lo bueno por conocer, por quienes medran en el fango del oportunismo rastrero y se lucran con ello. Por los zafios. Los cobardes, los acomodados. Y los bobos de solemnidad, no los olvidemos. Los que esperan la muerte sentados plácidamente. Quizá porque, en su estulticia supina, esperan otra vida de recompensas… Solo nos queda el refugio en nuestros castillos en las nubes. Porca, porquísima miseria.

 

De vuelta al 78

La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid

“El mejor de los casos se ha dejado hace tiempo atrás y probablemente nunca se hubiera dado: me refiero a un referéndum pactado entre la Generalitat y el Estado español. En el peor de los escenarios, que es aquel en el que nos encontramos, lo mejor que podría pasar es que se produjera una desescalada “a la gallega”, a base de preguntas sincopadas, sin saber si hay o no independencia ni si se ha aplicado o no el 155, de ambigüedad en ambigüedad, hasta dejar lo sucedido en una nube mientras se negocia una mala solución –siempre mejor que una guerra– a instancias de la UE y a espaldas, como siempre, de la voluntad de los ciudadanos, catalanes y españoles. No es seguro que ocurra ni siquiera esto. Hemos visto a Rajoy hacer con el “diálogo” lo mismo que a Puigdemont con la “independencia”, proclamarlo y suspenderlo al mismo tiempo, y los medios de comunicación con más audiencia, como serenamente denunciaba Aitor Esteban en el Parlamento, no dejan de empujar y empujar hacia el pasado: “Hasta la cabra de la Legión huele a libertad”, titulaba El Mundo una crónica sobre el desfile militar del 12 de octubre.

Rajoy ha ganado ya en España. Ha fertilizado la amnesia española con veneno patriotero en el único país de Europa en el que no hace falta ser antifascista para ser demócrata y en el que, aún más, el antifascismo se criminaliza como radicalismo antisistema. Rajoy está logrando construir una mayoría social “española” desde el –hasta ahora– minoritario discurso ultraderechista, dejando a un lado, invisible e interrumpido, el proceso de cambio que se inició el 15-M. Ha recuperado al díscolo Pedro Sánchez y su PSOE “de izquierdas”, de vuelta al redil del régimen, para una previsible restauración consensuada y sin resistencias. Y hasta ha sacado al rey de su sombrerera para regañar y amenazar a la mitad de España. Es un genio. Apoyándose en la Catalunya justamente insurrecta, torpemente insurrecta, está volteando la situación a favor del PP, que estaba contra las cuerdas. La maniobra está siendo tan brutal –ha comprometido hasta tal punto todos los palillos ocultos del régimen del 78– que en la próxima crisis caerán todos juntos y de golpe, incluida la monarquía. Pero para eso faltan –otra vez– unos cuarenta años.

Es verdad que la aceleración que estamos viviendo es, además de política, tecnológica, de manera que ningún acontecimiento deja ya rastros demasiado duraderos ni es posible establecer cadenas estables de causas y efectos. Podríamos –sí– olvidar todo lo ocurrido junto con los tuits de ayer y ver volar de nuevo la indeterminación cuántica en una dirección inesperada. Puedo, pues, equivocarme, pero me temo que, contemplado el mundo desde esta ventanita, hemos perdido una oportunidad histórica. La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid. La correosa versatilidad del bipartidismo, unida a los errores de Podemos en el Estado y de las CUP en Catalunya, han abortado dos procesos de “ruptura” que, concebidos en paralelo, se contrarrestaban recíprocamente. España no será refundada en las próximas décadas; Catalunya no será independiente en las próximas décadas.

Diré algo de Podemos al final. Permítaseme decir ahora dos palabras sobre las CUP. Colectivo muy plural y heterogéneo, nadie podrá negar que es la única fuerza que cree realmente en lo que hace, la más coherente, la que mejor se ciñe a sus principios y la que, incluso cuando se ha dejado llevar por un contradictorio tacticismo, nunca ha olvidado su objetivo. ¿Cuál es ese objetivo? Luis María Ansón, el perspicaz dinosaurio, se lo explicaba hace unos días a esos compañeros derechistas que, desde el nacionalismo español, proyectan su identitarismo sobre el independentismo catalán: para las CUP  “el nacionalismo es sólo una forma de acelerar la revolución”. El dolido, hermoso, sereno y combativo discurso de Anna Gabriel en el Parlament tras la independencia burlada de Puigdemont no se prestaba a ambigüedades: las CUP quieren restablecer en Catalunya –pues sólo lo ven posible en ese territorio– la República que Franco robó a toda España. Quieren una revolución y no una patria; y ven en la idea de patria, tan movilizadora e inflamable, el vehículo para una gran transformación económica, social y cultural. Muchas risas ha suscitado la alusión de Gabriel a una “independencia sin fronteras”, una fórmula que, sin embargo, resume muy bien el programa, nada risible, de las CUP: a partir del territorio catalán aspiran a “independizar” (del capitalismo y sus miserias) todos los territorios del mundo.

Siento tanto respeto por este propósito y tanto cariño personal por muchos de sus componentes –me he equivocado tantas veces– que sólo con cautela me atrevo a decir que las CUP han pecado de ingenuidad al creer que convenía, que la “coyuntura” exigía, que su propio poder les permitía dejar de ser “libertarios” para hacerse “leninistas”. Han pecado de ingenuidad –es decir– al dejar de ser ingenuos. Tenían razón quizás en desconfiar de los procesos “rupturistas” abiertos en el Estado y nadie les puede reprochar que intentaran su propia andadura para quebrar el régimen herido desde Catalunya. Al mismo tiempo consiguieron tantas veces desde su minoría parlamentaria imponer su discurso al régimen del 78 catalán, ahora en pugna con su variante española, y doblaron tantas veces el pulso a los partidos “burgueses” catalanes que se convencieron con contagioso entusiasmo de que podían forzar la situación en el Parlament y movilizar más y más gente en la calle para forzar también una derrota del Estado. Creo que el presupuesto de partida –el de que sí es posible una “ruptura revolucionaria” desde Catalunya– era ilusorio; y que esa ilusión fue engordando a medida que su “leninismo” contradictorio fue dando resultados, creciendo y autoalimentándose de su propia eficacia inmediata, en la política y en la calle, y ello hasta que el imposible referéndum, la violencia de todo tipo por parte del Estado y el pragmatismo obligado (y me atrevo a decir que honrado) de Puigdemont no sólo han dejado claro que ése no es el camino hacia la república catalana y la gran transformación social anhelada sino que por ese camino se cierra del todo también la posibilidad –incierta y ya muy rebajada– de “ruptura” desde el Estado: el único fulcro desde el que, en esta Europa postrevolucionaria e insensatamente “estable”, se puede desplazar –si se puede– la relación de fuerzas política (como sólo desde el municipalismo, matriz de las CUP, se puede alterar la relación de fuerzas social y cultural). España es hoy más España y menos Democracia; y Catalunya, polarizada, movilizada y frustrada, también amenazada, sigue entre sus redes.

Es verdad que el régimen está descomponiéndose; pero es verdad también que está recomponiéndose. Como ha demostrado Rajoy, no le importa tener un problema en Catalunya. Todo lo contrario. Puede ser muy funcional a la hora de terminar la segunda transición de forma muy parecida a como se terminó la primera. Se dan ya todas las condiciones para una restauración del bipartidismo casi clónica respecto del final del franquismo: en un ambiente de miedo, tensión y polarización, con brazos en alto en las calles y represión policial selectiva, con una mayoría social asustada y “españolizada” y una Catalunya “vasquizada”, con un PSOE una vez más claudicante y pantanoso, un rey partisano que defiende su patrimonio y unos medios de comunicación beligerantes, se ha establecido, sí, el marco perfecto para prolongar la constitución del 78 mediante una reforma de consenso que impida durante otros cuarenta años una verdadera reforma, la que desde el 15M mucha gente pedía y que en algún momento pareció no sólo imaginable sino también posible.

¿El 15M empezó en Madrid y ha acabado en Catalunya? ¿No hay ninguna posibilidad de recuperar la potencial mayoría quincemayista, felizmente desmemoriada, que hoy el PP y C’s, con la imprescindible complicidad del PSOE, rememoriza hacia la derecha o vuelve invisible e inaudible? Creo que, en medio de tantos naufragios de buenas intenciones y tantos disparates paralelos, la única que ha sabido mantener una posición sensata y además comunicarla ha sido Ada Colau. No estoy muy seguro de que no quede sumergida en el oleaje venidero, desprestigiada en España y ninguneada en Catalunya. Pero cabe también la posibilidad de que acabe catalizando todas las decepciones y todas las corduras: desde su posición institucional ha sabido moverse entre Scila y Caribdis con pie firme, voz serena y radical sensatez para proponer en positivo un proyecto para Catalunya. Eso es lo que le ha faltado en España a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos de la opinión pública más como defensores izquierdistas del procés que como portadores afirmativos de una propuesta programática dirigida a todos los españoles y erguida de manera simultánea frente a Rajoy y frente a Puigdemont. Lo tenía y lo tiene muy difícil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagogía, la denuncia sin proyecto, la rememorización paralela sin “patriotismo” alternativo han hecho envejecer un poco más al partido de Pablo Iglesias, condenado –cuando más lo necesitamos– a un papel regañón marginal en el nuevo viejo régimen en recomposición.

Se está perdiendo todo tan rápidamente como se ganó. El ejemplo de Ada Colau debería servir para entender que la única vía que le queda al “bloque de cambio”, también incierta, es necesariamente conservadora: conservar las “plazas conquistadas” a nivel municipal, convertirlas en modelos o maquetas de buen gobierno y tratar de ampliar su radio –en sucesivos círculos concéntricos– a la escala autonómica. Ojalá quede un intersticio por el que colar esa lucecita; ojalá no nos pongamos, como siempre, a soplar las velas. “

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Mucho ingenuo

“El sucesor de Suárez en la Universidad Rey Juan Carlos cierra sin resolver la investigación de los plagios del exrector”. (http://www.eldiario.es/sociedad/Rey-Juan-Carlos-plagios-Suarez_0_696780434.html)

¿Y qué esperábais, almas de cántaro? ¿Todavía no os habéis enterado de cual es la moneda de cambio de la democracia parlamentaria capitalista? ¿Todavía no se os han abierto los ojos a lo que significa la dinámica de gobierno universitaria?

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Caminando

Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.” Eduardo Galeano.

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Luna de calabaza

luna

Los arrayanes de la linde proyectan su sombra sobre la ladera, mientras la brisa cálida mece su follaje y arremolina los restos secos a sus pies. Toda la bóveda celeste muestra ese color grisáceo característico de las noches de plenilunio. Por el suelo, si uno está atento, puede ver correr algún ratoncillo; la vegetación baja está iluminada por la luz que cae de arriba como en suave cascada silenciosa. Nadie habla. Solo el chotacabras lanza su carraspeo al aire.

Bienvenida, “luna de calabaza”, luna plena de este otoño veraniego.

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Legalidad

Me niego a caer en las trampas conceptuales que se nos tienden. Si la legalidad no está sometida a la buena voluntad, a la pluralidad y al diálogo, entonces sobra, porque es impositiva.

A partir de ahí hablamos, no por debajo de ese listón.

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