Cuestiones estrambóticas y cuestiones cruciales

Si los registros akásicos son “una especie de memoria de todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos que estaría registrada en el éter”, y la física ha demostrado que el éter es una figura metafórica, pero que no existe en la realidad… ¿dónde quedan los registros?

Es una, solo una, de las innumerables preguntas para las que los creyentes en estos asuntos no demostrados o fantásticos no tienen sino respuestas vagas ad hoc.

¿Por qué no nos dejaremos de cuestiones estrambóticas y nos centraremos en lo verdaderamente crucial, que no es otra cosa que aquello que nos facilita y enriquece la vida en todas sus facetas?

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Generalizar

A todos los que defienden la idea de que “no se puede generalizar” como papagayos de idéntico plumaje (sin varianza alguna 😀 ), que son legión:

Si se puede generalizar, claro que se puede. Porque significa identificar la media (o la moda, según) en la distribución de valores o frecuencias de una variable, es decir, el caso más repetido, la tendencia, el patrón. Nadie mínimamente culto ignora que existe una varianza, que es más interesante de estudiar que la media; pero la varianza se refiere directamente a la media. Así que sí que se puede generalizar.

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Ideología: cultura frente a visceralidad

¡Pues claro que estoy defendiendo posturas ideológicas! ¡Naturalmente! Con una diferencia de lo que haces tú; y es que mi ideología está basada en los principios contrastados del funcionamiento del mundo, mientras que los tuyos responden fundamentalmente a tu visceralidad.

No, el problema no es de ideología; es de formación, de educación, de cultura.

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Conocimiento, propiedades emergentes y los monstruos que acechan

Se suceden los cruces de opinión interesantes en Facebook. Últimamente es con Andrés Ama con quien no paro de abordar cuestiones candentes. Su última entrada planteaba, entre otras, dos cuestiones apasionantes, que son la de la evolución histórica del conocimiento y la de las escalas de organización de la materia viviente. Espero haber sido claro y conciso con mi respuesta, aunque sea la parrafada más larga que he escrito nunca en ese foro:

La evolución histórica del conocimiento es apasionante, pero al estudiarla con ciento detalle me he dado cuenta de que discrepo en una cuestión básica y de manera radical de la interpretación que se hace de la del mundo oriental desde la esfera espiritualista del mundo occidental. Si resumimos mucho, para no hacer esto demasiado largo, podemos reconocer tres grandes etapas sucesivas de avance del conocimiento en el mundo occidental: la de la magia o religiosa (interpretaciones simbólicas y argumentos de tradición o fe, obtenidos por intuición y mantenidos por el criterio de autoridad o de cohesión social mediante dogmas; desde el principio hasta la época de los presocráticos), la de la filosofía (interpretaciones racionales lógicas, inductivo-conceptuales y especulativas, mantenidas por consenso académico; desde la Grecia antigua hasta el Renacimiento) y la de la ciencia (interpretaciones racionales lógicas, empíricas y deductivas, aceptadas mientras explican la realidad observada; desde el Renacimiento hasta hoy). Las tres etapas no son mutuamente excluyentes, de manera que el acercamiento mágico-religioso sigue cultivándose en nuestros días, lo mismo que ocurre con el filosófico, aunque los descubrimientos científicos arrojan tal luz sobre el escenario del conocimiento, que ciegan inevitablemente los caminos de las otras dos aproximaciones, ocultándolas del todo a veces. En todo caso, en Occidente se profesa en la actualidad mayoritariamente una interpretación de la realidad hiperpositivista (solo es válido y lícito el conocimiento comprobado por el método deductivo), mecanicista (todos los fenómenos naturales encajan en los principios generales de la física) y muchas veces reduccionista (en los procesos naturales, la suma de las partes es igual al todo; no existen propiedades emergentes en cada escala de organización de la materia; todo lo que no se explica por la ciencia no existe). Por esa razón, otra parte cada vez mayor de la sociedad mira (ingenuamente) hacia Oriente, insatisfecha por lo antipática que le resulta una cosmovisión ultraexplicativa pero intrascendente y autocontenida en las definiciones que proporciona la ciencia. De hecho, sectores mayoritarios de la ciudadanía, mal informados, asumen que la ciencia puede responderlo todo, a pesar de que ésta reconoce sus límites -se ocupa solamente de la esfera conceptual de lo medible-, así como la limitación de la mente humana. Estos sectores sociales cientifistas y tecnólatras otorgan a la ciencia y a la tecnología un rango asimilable al que otorgaban las sociedades prehelénicas al becerro de oro, el de ídolo, lo cual disgusta a quienes tratan de responderse preguntas trascendentales mediante aproximaciones más intuitivas y holistas. Por eso ha despertado tanto interés la visión espiritualista oriental. Sin embargo, personalmente discrepo de la apreciación según la cual el estado de conocimiento oriental es “superior”. No es cierto. Una tradición semejante a la mística oriental de tipo zen tiene larga tradición en Europa, y fue desarrollada con particular intensidad en España en el siglo XVI (Teresa de Cepeda, Juan de la Cruz), pero después fue viéndose relegada a medida que el conocimiento de la realidad avanzaba mediante la comprobación científica. Por otro lado, el conocimiento oriental, aunque extremadamente depurado y de gran intensidad en su faceta mística, no ha explorado ninguna de las dos fases posteriores del conocimiento que sí ha explorado la tradición occidental: la lógico-especulativa (filosófica) y la lógico-deductiva (científica), la última de las cuales posee un rasgo (adicional al de la comprobabilidad) especialmente relevante: es predictiva, en tanto que la constatación reiterada de una hipótesis permite efectuar pronósticos verificables que se cumplen de manera sistemática (lo cual no ocurre ni con la magia ni con la filosofía, por más que ambas puedan tener cierta base empírica). El problema de la cosmovisión y del conocimiento occidentales actuales no es que sean más imperfectos que los orientales, como se afirma sistemáticamente por parte de los espiritualistas; es que se han vuelto feudatarios del poder, exactamente igual que pasó con la aproximación mágica, convertida en religión institucional, y pervertida así en relación con su significado original. Cualquier científico honesto, sensible y entrenado puede alcanzar las cotas de unicidad trascendente que alcanzan los orientales o que alcanzaron los místicos españoles, sin necesidad de invocar ideas esotéricas o filorreligiosas de orden sobrenatural ni de abjurar de sus formas de vida basadas en el ejercicio del intelecto. Todo ello, claro está, en la medida en que se renuncie a las prebendas y a las servidumbres de la dinámica productivista, impuesta implícitamente al colectivo científico desde el poder institucional. El misticismo, desde este punto de vista, es totalmente compatible con la postura agnóstica, que aunque pueda someterse a la disciplina de la lógica deductiva científica para explicar el mundo racionalmente (conocimiento racional o episteme), se enfrenta a los grandes interrogantes de la vida desde la actitud del que sabe que no sabe, que no alcanza con el intelecto más que hasta donde alcanza. Que todo lo demás es sentimiento, experiencia personal, vivencia íntima… conocimiento emocional, sensitivo, intuitivo o espiritual, como se quiera (gnosis). O conocimiento primigenio, aquel que se adquiere antes de comprender. El concepto de karma de los orientales sería gnóstico, y además culturalmente idiosincrático: la idea es común a otras culturas, pero se expresa de formas muy diferentes.

En cuanto a la segunda cuestión, las escalas de organización de la materia viviente, tiene gran importancia porque solemos atribuir a cualquiera de ellas, sin darnos cuenta, propiedades exclusivas (emergentes) de otras, y eso conduce a interpretaciones fantásticas (y reduccionistas). Que pueden ser bellísimas desde el punto de vista simbólico; pero que no explican la realidad más que a base de fe, si crees en ellas, sin necesidad de demostración palpable. La cuestión de la inmortalidad es fascinante. Pero en cuanto te pones a pensar seriamente en ella, te surgen innumerables preguntas. ¿Inmortalidad, a qué escala? Es evidente que a la de individuo es imposible, porque está regañada con la organización ecológica de la vida. La evolución exige que los individuos desaparezcan de alguna forma; no hay otra manera de que los seres vivos puedan ir haciendo frente a los cambios ambientales. Si los seres fueran inmortales, no habría posibilidad de adaptación, que es precisamente la condición biológica (fenotípica) de los seres vivos que les hace viables en un ambiente dado, a no ser que esos seres poseyesen en sí todas las variantes genéticas que les posibilitasen hacer frente a cualquier cambio ambiental. Una especie de semidioses. No es el caso. Sin embargo, como veíamos el otro día, de alguna forma en la línea germinal (en las células reproductoras) de los organismos eucariotas podría adivinarse un cierto tipo de inmortalidad, paralelo a lo que ingenua o propagandísticamente se denominó “inmortalidad” en la medusa Turritopsis. Si y no, como también decíamos. Depende a la escala a la que enfoquemos el problema. Si enfocamos al nivel celular, tampoco apreciamos inmortalidad de ningún tipo, porque en el cigoto no existen células germinales; no hay más que una célula diploide indiferenciada. Si enfocamos, sin embargo, al ADN, podemos adquirir la falsa idea de que éste sí que es inmortal, y pasa de generación en generación simplemente duplicándose. ¿Sí? Enfoquemos a una escala menor todavía. ¿De qué se compone el ADN? De moléculas más simples. Y éstas, de átomos. ¿Cúantos de los átomos de mi ADN formaban parte de alguna célula de mi bisabuelo paterno-paterno? Probablemente, ni uno solo. ¿Qué es, pues, la inmortalidad? La facultad de no morir, claro. Que en definitiva no puede identificarse con nitidez a ninguna escala de organización de la naturaleza. Todo está en constante circulación. Todo forma parte de todo, y en esta idea primordial se basa la noción de reencarnación (aunque para que se dé reencarnación hacen falta otras condiciones; ya nos meteremos algún otro día con eso, porque la reencarnación es de las nociones más reduccionistas que hemos inventado los humanos). Pero las propiedades fundamentales de cada nivel son casi siempre exclusivas de ese nivel. Sentirnos parte de todo, del pasado y del futuro, es posible gracias a las capacidades sensitivas asombrosas de nuestro cerebro; pero no nos confundamos. Ni por ello vivimos en el pasado ni en el futuro, ni eso es posible si no es verbalizándolo simbólicamente. Como no es posible tampoco la inmortalidad a nivel individual, a no ser que produzcamos artificialmente seres no sometidos a las leyes de la naturaleza. Monstruos. Camino llevamos de ello.

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El papel del intelectual

“El intelectual presta su voz a los unos, es su portavoz, y procura despertar con su voz la de los otros, de los enajenados, de los manipulados, de los que, para repetir las palabras orteguianas, no asisten a la existencia, a la suya que, como ya he dicho, no es nunca sólo suya, sino que está siempre entretejida con la de los demás”. José Luis Aranguren.

Tristemente, España es hoy un redil inmenso de enajenados y manipulados que no asisten a la existencia, sino que concurren como estatuas de mármol al espectáculo ruin de la demagogia hecha institución.
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A por uvas, y vomitando

Al hilo de mi entrada anterior (https://joseluisyela.wordpress.com/2018/02/16/quimica-pseudociencia-y-pseudoescepticismo/), otro contertulio afirma:

AP: Ahora espero que mucha ciudadanía deje de consumir El Pozo, bueno, y tantas marcas!! Lo que siempre me hace flipar es que en la mayor parte de países de Europa occidental este tipo de programas llevan muchos años emitiéndose, en todas las cadenas. Pero aquí hemos esperado!!

A lo que respondo, e iniciamos un corto intercambio de opiniones:

José Luis Yela: La ciudadanía está a por uvas.

AP: ¿Sabes un cosa? Con lo del Procés ratifiqué, de forma clarísima y terminante, que la prensa y tv mayoritarias -no me refiero a Diario, a El Salto, a CTXT, El Crític, quizás La Directa, quizás Público…- de España y de Catalunya sencillamente NO sirven para informar. NO son útiles para la ciudadanía. Son la manipulación informativa cotidiana, a muchos niveles y con muchas estrategias, el ocultamiento sistemático de hechos importantes no sólo de países “raros” o pequeños, sino de los intersticios de nuestras sociedades, el ocultamiento de las noticias relacionadas con la pobreza y desigualdad, desahucios…La falacia cotidiana. La insistencia en la Cultura más comercial, más zafia y el ocultamiento de la que más aporta. Para estar realmente informado hay que recurrir a esa “prensa alternativa” y a la prensa europea, norteamericana y latinoamericana de mayor calidad e independiente

José Luis Yela: No puedo estar más de acuerdo. Yo diría incluso que para estar informado basta con abrir los ojos. Es tan evidente lo que está pasando, que lo más fascinante es cómo la manada se dirige cantando hacia el matadero…

AP: Pero es que es la mayoría de los ciudadanos!! Inopia de la inmensa mayoría. Y me duele mucho decirlo…Cuando lo ves en los profesores de la universidad ya te echas las manos a la cabeza. Y desesperas. ¡No puede ser! algo muy grave, muy peligroso se hace mal con la información. Y con las formas de participar en la democrqacia ni te cuento.. En Catalunya la mayoría viven como drogados por el Procés. Sin autocrítica. Todos desde la emoción. Sin cerebro. Tanto los que están a favor como los que están en contra. Y a los críticos con ambos “bandos” se les ignora de forma drástica, cuando no se los encaja por sus huevos en un bando o en otro

José Luis Yela Yo no he dicho ni mú de eso, tan boquiabierto como estoy. Lo has definido a la perfección. Es insólito.

AP Asuntos como éste, cambio climático, desigualdad, pobreza, suicidios por desahucios, etc no se dice casi ni pío en los medios principales. Por eso la gran mayoría de gente, como el 90 % o más, viven en los plácidos mundos de Yupi

José Luis Yela ¡Si solo fuera eso! Viven dando la razón a las consignas de acción que emanan del poder institucional, vomitando bilis sobre cualquier iniciativa crítica que se ponga sobre el tapete.

AP O deslegitimándola como sea y al precio que sea, sí. Mintiendo sin problemas de conciencia

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Química, pseudociencia y pseudoescepticismo

En relación con el programa de La Sexta Salvados, de Jordi Évole, de la semana pasada (http://www.publico.es/sociedad/duras-imagenes-granja-cerdos-llenos.html), se ha suscitado el consabido debate entre taruguitos, tarugotes y taruguetes, categorías subordinadas al rango de cuñao. Las opiniones fundamentadas son, como siempre, escasas, porque lo que predomina no son ya las tripas más desaforadas, sino la falta de cultura más elemental.

Entre las opiniones que creo que se pueden y deben destacar, está la de mi amiga Rosa, de Red Montañas:

“Lo que preocupa un poco es que la denuncia se haya limitado al bienestar animal (que por supuesto debe reivindicarse) en lugar de ampliarse a las causas finales por las que esos pobres bichos han acabado así. Esas deformaciones no son simples resultados de la mala vida, el hacinamiento y el estrés, sino evidentemente de otro tipo de causas ambientales como son los ingredientes de su alimentación y/o los productos farmacológicos y químicos que se les suministra a ellos o a las instalaciones. Habría que rastrear cuáles son esos piensos o productos y alguien (quizás no Évole, sino Sanidad o un juez) debería llevar la investigación mucho más allá del dato anecdótico de un montón de pobres criaturas que sufren. Seguramente no sólo El Pozo sino muchas más cárnicas están usando esos mismos piensos y productos. Que en otras instalaciones no haya “monstruos” sólo quiere decir que a los neonatos con malformaciones congénitas se los cepillan de pequeñines, no que no exista el factor causal que las produce, Lo que quiero decir es que, aunque los cerditos malformados no terminen en las salchichas, los cerditos normales sí, y han comido lo mismo que los otros. Y luego nosotros nos comemos las salchichas.”

Y yo diría aun más: todo esto forma parte de un mundo que muchos de mis colegas se niegan a ver, aunque se llamen a si mismos científicos e insistan en la letanía (pseudocientífica, pues es una verdad a medias) de que toda sustancia está probada y todo lo que se utiliza es inocuo… para los humanos. Séralini y otros, muchos de los cuales están afiliados a ENSSER (European Network of Scientists for Social and Environmental Responsibility; https://ensser.org/), como yo mismo, son silenciados sistemáticamente, cuando no tachados, como yo mismo, de “luminarias anticientíficas”. Yo no digo que los trabajos de Séralini y otros demuestren que hay una relación de causa-efecto entre algunos productos de la agroindustria y estas tumoraciones (y muchas otras enfermedades que no se ven a simple vista), porque yo (sí creo que) soy científico y necesito evidencias positivas, no negativas como los pseudoescépticos, que en puridad no son científicos más que “de carnet”. Pero tengo a bien anteponer el principio de precaución, crucial en ciencias ambientales, porque indicios hay. Y evidencias de que las grandes corporaciones abusan hasta límites insospechados las hay a miles; ésta, sin ir más lejos. Así que creo que seguramente Rosa tiene razón en lo que dice, y quienes se empeñan ingenuamente (o no tanto) en lavar la cara de “los productos químicos” de manera indiscriminada, sin entrar a matizar y a poner en tela de juicio cuestiones como ésta, son unos irresponsables, muchas veces sin saberlo. Curiosamente, bastantes de estos compañeros míos, tan entregados a la causa tecnólatra, son partidarios de aberraciones socioeconómicas tan graves como el TTIP, y por lo tanto son perfectamente instrumentales al poder neocons. Otros no saben, no contestan, que es peor aún. Algunos se jactan de ser socialistas. Bienvenidos al mundo de la postverdad.

Oh tempora, oh mores…

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