Exaltación de la rutina homogeneizante, ególatra y de sometimiento

Dice la página virtual de la UCLM (https://www.uclm.es/es/Noticias/Noticias2020/Julio/Albacete/Mejores_notas_EvAU): “Preuniversitarios castellanomanchegos recogen sus reconocimientos tras conseguir las mejores notas en la EvAU.” Se supone que se les otorgan como recompensa al esfuerzo y al trabajo, que sin duda ha tenido que ser exhaustivo. Añade el rector que “esto es un reconocimiento tanto a los estudiantes como al sistema educativo de Castilla-La Mancha.”

¿Hay que reconocer su esfuerzo y su trabajo a aquellos que sacan más puntuación en una prueba absolutamente rutinaria, en el contexto de un sistema educativo que lo que prima es la memoria, en el cual los temarios son técnicamente excelentes pero inanes, y en cuyo proceso de aprendizaje muchos de los estudiantes más imaginativos y originales se rinden muy pronto ante la ausencia de motivación exploratoria, porque los profesores se han rendido también? ¿Vamos a estar quejándonos en privado, todos y cada uno, de las enormes deficiencias de este sistema, y luego vamos a exaltar públicamente sus bondades, y a contribuir a perpetuarlo? ¿Tiene algún sentido fomentar la formación del alumnado más predispuesto a someterse a la dinámica educativa preponderante actualmente, diseñada para la producción en serie y para el fomento de la estratificación social y la disciplina de la obediencia, donde la creatividad está muy limitada, y en todo caso se alcanza individualmente, al margen de las actividades regladas? Por otro lado, ¿no es esta una manera de contribuir a inflar el ego de quienes, a partir de ahora, se van a sentir “los mejores”, y en un contexto de máxima competitividad van a tender a situarse por encima de los demás? ¿Es esto lo que buscamos?

El rector anima a “los mejores” para que “continúen en la Universidad de Castilla-La Mancha porque estén convencidos de que es una universidad de excelencia”. Me ahorro los comentarios sobre esto último.

¿Qué cabida tengo yo en un contexto como este?

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Se me pregunta, no sin cierto retintín, que qué propongo, como si no hubiera alternativa. Naturalmente que la hay. Si yo fuera rector -algo que está fuera de mi perspectiva; no tengo ni el interés, ni la capacidad ni la tenacidad suficientes para medrar, cualidad indispensable para «escalar» en el tipo de sociedad en que vivimos-, el mensaje al alumnado con mejores notas hubiera tenido más o menos esta forma: «Hola, chicos, me alegra que hayáis sacado buenas notas. Eso significa que os habéis esforzado, al margen de la calidad de la docencia y del sistema educativo en el que nos desenvolvemos. Como habréis apreciado a lo largo del tiempo, éste es muy mejorable, pero es el que hay ahora mismo y es bueno admitir ambos hechos. Que es el que hay, para acostumbrarnos a reaccionar positivamente en el mundo real, porque es la situación que vamos a encontrar con más frecuencia en el futuro; que es muy mejorable, para tratar de mejorarlo todo lo que podamos, dentro de nuestra esfera de influencia, que seguramente irá ampliándose en el futuro a base de tenacidad y capacidad crítica. Habéis tenido suerte de nacer con las habilidades con las que habéis nacido y de vivir en unas circunstancias que os han permitido desarrollarlas y enfrentaros con cierto éxito a un sistema educativo muy deficiente; sed conscientes de ello, y animad a aquellos de vuestros compañeros que se han visto en situaciones diferentes, en algunos casos de franca desventaja. Tened amplitud de miras. Y mucho ánimo, sea la que sea la opción que elijáis de ahora en adelante.»

Me parece que los discursos complacientes tienen poca utilidad, como no sea la de fomentar la egolatría y, en este caso, la estratificación social y la segregación para fomentar el mantenimiento de unas supuestas élites. Me parece un esfuerzo patético y equivocado, básicamente propagandístico, dicho con todos mis respetos y con la intención inquebrantable de ser claro y proactivo.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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