Recursos personales

Nuevo mundo, nuevos paradigmas

(Elena Ferro, http://www.kireei.com/nuevo-mundo-nuevos-paradigmas/)

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“Tener un trabajo es normal, ir a la escuela, cumplir las leyes y normas, comer en unas determinadas franjas horarias. Todo el mundo aspira a ser él mismo, a ser libre, pero a la vez aspira a ser normal. Aceptado. Singular pero normal.

Las rutinas y verdades que aceptamos como universales en nuestro mundo, ¿por qué son así?
Foucault nos diría que es una cuestión de poder: el poder es ejercido desplegando el control sobre los individuos a través del monopolio de la verdad. Las instituciones – la escuela, el hospital, la cárcel, la justicia, la empresa – se apropian de la verdad y marcan lo que es normal. Todo ello es resultado de un cambio de paradigma de las relaciones sociales surgido a partir del siglo XVIII como consecuencia del nuevo orden político, social y económico (capitalismo y sociedades industriales). Las antiguas formas de poder basadas en el ritual y la violencia son sustituidas por una sumisión más sutil: a la vez que el mundo ve triunfar la idea revolucionaria de libertad se establecen mecanismos de control en la escuela, el trabajo y la vida cotidiana en general. La obediencia es normalidad, la normalidad es obediencia.
Sin entrar a valorar la conveniencia o ética de que existan estos mecanismos de control para evitar el caos social, preguntémonos de nuevo por qué el mundo funciona como funciona.

Enviamos a nuestros hijos a la escuela porque el capitalismo necesitaba formar mano de obra y alfabetizar al obrero. La educación obligatoria se ha ido extendiendo con el tiempo porque los saberes que el mercado de trabajo exigía eran cada vez más complejos. Y eso sin perjuicio de que dentro de la institución escolar se hayan plantado también semillas de libertad por parte de ciertos agentes.
Tenemos relojes porque ya no basta ver el sol y escuchar las campanas para ordenar nuestro tiempo diario: la racionalización de los horarios es necesaria para el orden social y el funcionamiento del capitalismo. Por eso mismo nos desplazamos a centros de trabajo y cada día millones de personas inundan las carreteras, las calles y los transportes públicos, y por eso la mayoría vivimos en centros urbanos.

Nuestra sociedad es burocrática porque la creciente complejidad exigía procedimientos exactos y eficientes. Es necesaria la división de las tareas, la especialización, la jerarquía, el establecimiento de relaciones impersonales e intercambiables, aún a riesgo de perder flexibilidad, diluir la responsabilidad personal e incurrir en rigideces e inercias.
Cosas similares podríamos decir acerca del consumo, la sanidad, la cultura, la explotación del medio ambiente.

Un momento. La inercia. Nos hemos creído unas verdades pero el mundo ha cambiado. La sociedad postindustrial ya no tiene las mismas necesidades que la sociedad industrial. La información y el conocimiento ya no son monopolio de unos pocos. El control de esa verdad que marca lo que es normal se ha difuminado. Preguntémonos cuan estraño fue para nuestros antepasados plantearse horarios de trabajo exigidos por la fábrica cuando el trabajo estaba marcado únicamente por las horas de sol y la disponibilidad personal. Fue impensable durante un tiempo que existiera el concepto de vacaciones o de tiempo de ocio. También fue revolucionario escolarizar a todos los niños (¡e incluso a las niñas!) o poder acceder a una sanidad gratuita. Nadie hubiera pensado siglos atrás que pudiera existir el subsidio de desempleo, o que fuera posible trabajar a quilómetros de casa desplazándose a diario, o que un autor puediera cobrar derechos por su obra durante años o incluso durante toda su vida o la de sus herederos.

¿Sigue siendo todo esto posible hoy? ¿Son necesarias todas estas cosas? ¿Algunas podrían hacerse de otro modo y podría esa nueva manera ser mucho mejor? ¿No podría ser lo normal mañana algo que hoy nos parece un absurdo?
Muchas de las cosas que he dicho son logros sociales que nos han dado una mayor calidad de vida y más derechos, a los que no podemos renunciar sin algo mejor a cambio. Sin embargo, también son mecanismos que aseguran la paz social y el orden en una sociedad determinada. Cuando todo esto cambia, ¿pueden esos mecanismos seguir garantizando esa paz social? ¿No es la crisis que estamos viviendo – no solamente económica – un síntoma de que se avecinan tiempos de cambio?

Me gustaría que en esta ocasión no fuera solamente el mantenimiento del orden social lo que configurara las nuevas instituciones del mundo que ha de venir. La vieja idea de libertad, junto con la de dignidad humana, deberían ser centrales. Emponderar a las personas y ponerlas en el centro de toda decisión debería ser la guía para el cambio. ¿Qué necesita el ser humano? Y no me refiero a lo que le han hecho creer que necesita para hacerlo esclavo de un sistema. ¿Qué necesitamos de verdad? ¿A qué aspiramos? ¿Cómo hacer del mundo un lugar más justo y bueno?”

*************

Creo que la respuesta a las últimas preguntas es muy sencilla, pero enormemente difícil de poner en práctica, por más que los tiempos hayan cambiado. Lo que necesitamos es aceptar que cada escala social, la de individuo y la de grupo, se rigen por reglas diferentes, o como dicen los físicos de sistemas, tienen propiedades emergentes. No podemos aplicar la misma lógica a los mecanismos de bienestar de los individuos que a los de bienestar social. Si convenimos en que es indispensable que los individuos estén razonablemente satisfechos para poder contribuir al bien común, entonces habrá que dedicar un gran esfuerzo a conseguir la soberanía individual. Pero además, habrá que hacerlo de tal forma que los individuos comprendan que la única manera que existe de que el grupo social funcione adecuadamente es a través de comportamientos altruistas, que nos llevan a anteponer el bien común al personal. ¿Estamos preparados para ello? Es evidente que no; la educación que se recibe tanto en las escuelas como en el hogar no va encaminada a ello, por mucho que las propagandas institucionales puedan afirmar lo contrario, sino básicamente a satisfacer las demandas técnicas concretas de una sociedad productivista y vertical, en la que casi todos trabajan de manera alienada para que las élites, u oligarquías, organicen la dinámica y se apoderen de las plusvalías (Marx está de total actualidad, por mucho que digan los acomodados y sus acólitos). No veo más salida que construir una sociedad más igualitaria a base de trabajar mucho y educar correctamente, especialmente a los más jóvenes. Hace un par de días lo escribía en mi blog: “Lee. Estudia. Contrasta. Aplica el sentido crítico. No te dejes arrastrar por quienes solo miran en una dirección. Abre las puertas, aunque sea incómodo o cueste trabajo. Cultívate. Siente. Piensa. Y no te sometas al conformismo: no hay nada que no puedas cambiar, si tienes recursos personales.” Recursos personales…

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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