Cuartilitis: la quintaesencia de la publicopatía

Ya me he referido en varias ocasiones al daño tremendo e irreversible que, en el marco de la llamada «meritocracia», hace la dinámica de la publicación desenfrenada a la vocación, a la dedicación, a la imprescindible independencia de criterio y a la no menos esencial altura de miras que deberían ser inherentes a la actividad académica, para que ésta, además de tener sentido, contribuyera a construir una sociedad mejor. Pero no técnicamente mejor, sino emocional y culturalmente mejor, además. Se ha pasado de publicar para vivir, que ya de por sí era penoso como respuesta que supone a una dinámica de vasallaje, a vivir para publicar, que además de nefasto es patético, porque implica incluso ostentación obscena de la condición de servilismo. Además, ya no se trata solo de publicar obsesivamente; ahora se ha vuelto de rigor hacerlo en revistas «del primer cuartil», o sea, en las más competitivas. La nueva casta de jóvenes publicópatas, que te torturan hasta la saciedad con su discurso lineal, pueril hasta lo delirante, impúdico por ególatra e insoportable por aburrido y majadero, se ha convertido en uno de los obstáculos más mezquinos a sortear a diario en la ya de por si mezquina dinámica académica, salvando las excepciones de rigor, cuando uno trata de centrar la atención en la indagación de los patrones que busca. Dinámica que en las dos últimas décadas ha devenido en servidora sumisa y crucial de un sistema de producción que de esencialmente mercantilista ha pasado a exclusivamente mercantilista. Ayer mantuve un diálogo muy ilustrativo sobre este asunto con una de mis ex alumnas más vocacionales, honestas y dedicadas, a la que este sistema brutal está zurrando de lo lindo:

– Han entrado compañeros nuevos en el departamento. No tienen ni puta idea de nada, pero todos tienen al menos 20 artículos en Q1. Los que entran no saben nada de los organismos con los que trabajan, aunque se conocen al dedillo la forma de sacar partido a los datos. Solo hablan de publicaciones. Te lo preguntan todo acerca de esos organismos; tú se lo enseñas, y después te ningunean. Publican todo a tus espaldas. Yo estoy ya derrotada, porque no te imaginas la desventaja que tengo por no tener decenas de publicaciones, como ellos, ni estar arropada por un equipo potente. Tienes desventaja competitiva en el mundo de la producción.

– Llevas toda la razón. Yo mismo estoy harto de quejarme de eso, y no lo podría haber descrito mejor que tú. En todo caso, quizá es importante que reconozcas que, como persona y docente, tienes otras ventajas mucho mayores. Porque a ti te aman tus alumnos. Como a mí. ¿Verdad? ¿Eso lo pueden decir los publicópatas, y menos aún los cuartilópatas? Pues no, porque para ser publicópata, que no olvidemos que es una variante del sociópata, es requisito imprescindible ser analfabeto funcional y carente de algo tan básico como la empatía, por mucha capacidad intelectual que se posea. Y un tal individuo es incapaz de despertar ni siquiera simpatía. Se está junto a él por interés coyuntural, como demuestra la evidencia hasta la saciedad. Yo te diría que centraras tu atención en esas otras ventajas tuyas. Hazme caso.

– Si. Pero esas ventajas no valen de nada en el mundo académico, si aspiras a formar parte de él. Aunque, a decir verdad, ese mundo cada vez me gusta menos.

– Pues que le jodan, al mundo académico. Se está convirtiendo en lo peor. Las personas a las que se nos paga por pensar no tenemos ningún derecho moral a prostituirnos de esa forma, aunque se haga ya con total desparpajo y las justificaciones ad hoc se tengan ya completamente interiorizadas y asumidas.

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Luego, claro, me quedo pensando en mi propia situación y me doy pena… ¿Qué coño hago yo en la universidad? Es una situación verdaderamente lamentable, e inseparable de la condición de inmundicia intelectual y moral que atraviesa la sociedad «occidental», o incluso la sociedad postindustrial, «desarrollada», actual. Muy mal camino llevamos, vuelvo a repetirlo.

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Reacciones en Facebook (donde escribo por primera vez en aproximadamente un mes, y ninguna intención tengo de hacerlo más a menudo):

Máximo Florín Beltrán: «Publicopatía» 😀 … genial. A ver, ya en serio: TIENE QUE HABER gente como tú en la academia, no queda más remedio que plantarles cara, mientras lleguen las fuerzas y ello no perjudique nuestra salud. Es un compromiso con la sociedad, a la que debemos ciencia de calidad, y no papers como churros (en los dos sentidos del término). Y, en particular, dentro de esa sociedad, a las maravillosas investigadoras e investigadores jóvenes que hacen esa ciencia. Cuando desaparezca el «último mohicano» de la ciencia de calidad, habrá que echar el cierre.

José Luis Yela: Me parece que tenemos el cierre sobre nuestras cabezas. En general, la comunidad científica reacciona airadamente a este tipo de razonamiento, asumiendo implícitamente que no existe otra actividad verdaderamente seria que la de publicar y asimilando el éxito casi exclusivamente con la publicación, lo que favorece el delirio publi-cuartilópata de los que no han aprendido a hacer otra cosa. Con lo de la calidad ya me meteré otro día, porque es también sangrante que se esgrima ese argumento para menospreciar el trabajo descriptivo básico y algunos otros, como se hace tantas veces. Claro que difícilmente se puede reaccionar de otra forma, cuando cuesta tanto sacar adelante trabajos muy elaborados en un contexto de «pobreza investigadora» (=pocos recursos para muchos aspirantes, en el marco hipercompetitivo de las sociedades capitalistas en las que el llamado espíritu neoliberal lo contamina absolutamente todo). Ah, y una publicación es un logro. Pero la entronización de la publicación y el sometimiento a su dinámica es una aberración.

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Alguna bibliografía de fondo:

Álvarez Cantalapiedra, S., 2020. Las élites de poder. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, 151: 5-10.

García Cívico, J., 2004. La tensión entre mérito e igualdad: El mérito como factor de exclusión. Tesis doctoral. Departament de Filosofia del Dret, Moral i Política, Universitat de València. https://roderic.uv.es/handle/10550/15475.

Ruiz de Querol, R., 2020. Mirada crítica a la meritocracia. Alternativas económicas, 85: 59.

Sandel, M., 2020. La tiranía del mérito: ¿Qué ha sido del bien común? Debate, Barcelona.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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