Definiendo la ciencia

Andamos a vueltas con un proyecto que queremos acometer para divulgar ciencia literariamente, a través de poemas, es decir, a través de la emoción. La idea es sumamente atractiva, y me la he tomado como el primer paso para llegar a consumar una de mis aspiraciones vitales, la representación de la historia del conocimiento. Ahí lo dejo.

Trasladar al papel la idea de la “poemización” de la ciencia no es fácil, especialmente si la otra persona de la esfera de la ciencia participante en el proyecto procede del área tecnológica (biotecnológica, en este caso). Como probablemente haría la mayor parte de nosotros, ella ha propuesto la siguiente frase: “La ciencia persigue la verdad y fruto de ello genera un conocimiento capaz de solucionar los grandes problemas a los que se enfrenta la Humanidad.” Me parece que es una definición tras la que subyace una visión reduccionista, utilitarista, parcial y engañosa de la ciencia, como se esgrime frecuentemente desde el ámbito humanista. Así que mi alternativa es: “La ciencia persigue la verdad y fruto de ello genera un conocimiento racional, comprobable y predecible capaz de describir la realidad de manera cada vez más precisa, de explicar las causas de los fenómenos observados y de solucionar los grandes problemas a los que se enfrenta la Humanidad.”

Realmente, el objetivo fundamental de la ciencia no es solucionar problemas, ese es más bien el objetivo de la tecnología. El de la ciencia es entender lo que ocurre a través de la razón y de la comprobación. El problema actual más grave de los científicos es que hemos perdido esa perspectiva. Desde las esferas humanistas nos lo recriminan constantemente. Y deberíamos tenerlo muy presente. Sin embargo, la tecnificación productivista de la sociedad nos conduce más bien hacia el lado contrario. A mí me parece triste. Y potencialmente peligroso.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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