Ruina absoluta

Iba a escribir algo sobre la ruinosa situación social en España ahora mismo, pero ¿para qué? Ha caído en mis manos una artículo que expresa (al margen de la falta ortográfica que perfora el ojo) exactamente lo que pienso, así que lo copio, y me ahorro el sufrimiento de tener que volver sobre esta pestilencia distópica hasta el extremo.

Personas de orden

Alfonso Roldán Panadero

(https://www.nuevatribuna.es/opinion/alfonso-roldan-panadero/personas-de-orden/20200523090706175213.html)

“Durante el franquismo eran fácilmente reconocibles. Eran la “gente de orden” con apellidos de militares traidores que con la connivencia del fascismo de Mussolini, primero; del nazismo de Hitler, después y la bendición de la Iglesia, siempre, impusieron su orden en España. Personas de “orden” que financiaron a golpe de talonario aviones y armas para dilapidar el sueño de progreso que supuso la II República, tal como relata Ángel Viñas, en su magnífico y riguroso libro de investigación histórica ¿Quién quiso la Guerra Civil? (Ed. Crítica).

Sus descendientes, fundamentalmente parásitos que nada aportan, siguen siendo “personas de orden”, de “su orden”, de una extravagante jerarquía conservadora en cuya cúspide se imaginan. Cuando no ocupan el poder devienen en histeria y paranoia porque pierden completamente el control de la situación.

Amantes de los uniformes y ladrones de símbolos de toda España no entienden ni comprenden que la policía les obligue a identificarse o dispersarse. Y es que su orden les lleva a padecer un “desorden” emocional. Sufren la carencia de un dictador militar que les guíe en una unidad de destino y ni siquiera entienden por qué Felipe VI, con ese pedazo de uniforme y esa retahíla de apellidos, no encabeza un golpe de Estado para que España vuelva a ser lo que fue.

En sus guetos su orden es lo normal y también lo habitual. Por eso tienen horror a una posible “nueva normalidad”. Ha sido ver venir que les pueden subir los impuestos y sacar las cacerolas.

En sus guetos viven en una ignorancia suprema. Resultaban impresionantes las declaraciones de una profesora y dueña de un colegio del madrileño barrio de Salamanca explicando que todo esto del coronavirus es una conspiración, entre otras cosas, porque ella no había visto ningún féretro. ¿Que enseñanza impartirá esa mujer entre las pequeñas personas de orden?, ¿el terraplanismo?, ¿la creación del mundo en siete días? ¿que Elvis vive?

En la más alta cúspide de la jerarquía de estas personas de orden están quienes manejan marionetas con poder a su antojo. Esos mandos intermedios que encajan en su mundo porque les sirven. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es paradigma de instrumento político al servicio del alto estrato de las personas de orden. Sirve muy bien a sus intereses porque no tiene ninguna capacidad política, ni intelectual y carece de vergüenza, lo que resulta muy útil como nexo de unión con otro tipo de población a la que utilizar.

Me refiero a lo que el sociólogo Joan Navarro calificaba como “la revolución de los cuñaos” durante una presentación de su libro Desprivatizar los partidos (Ed. Gedisa). Esto es, esa infantería que votaba al PP porque no existía Vox y que se mantenía silenciosa en las cenas familiares de Nochebuena. Esas personas con pocas luces que sienten orgullo de su ignorancia, que ven como no están solas y que alientan la crispación tanto en las familias, como ahora en los barrios con sus cacerolas. Y ahí que ver lo que suenan dos cacerolas, haciendo real el refranero español: “Mucho ruido y pocas nueces”.

Ese obrero de derechas, ese pequeño comerciante que estaría encantado con que “su niña” o “su niño” se casaran con las auténticas personas de orden con Misa, chalet y chacha. Gentes que confunden los términos. Son quienes hablan de una “libertad mal entendida”, como afirmaba recientemente Shlomo Ben Ami en su artículo “Las democracias gestionan mejor las crisis” refiriéndose a quienes en EEUU siguiendo a Donald Trump claman “libertad” para moverse libremente por las calles pese a los obligados confinamientos federales. En realidad desconocen qué es la libertad e incluso el derecho a la vida.

Tal como estamos viendo y viviendo estos días, el “orden” de todas estas personas es el desorden de la colectividad. Juegan con otras reglas -recibidas directamente de sus dioses, sus caudillos y sus ancestros- , por eso incumplen las reglas que nos autoimponemos como sociedad, como estado o como patria, esa palabra que gastan permanentemente.No nos engañemos. No todos son pijos y la mayoría desconocen lo que fue el franquismo aunque en sus casas sigan resonando himnos tan poco gratos en estas circunstancias como La muerte no es el final, que sí lo es. Eso sí, en su afán privatizador de la sanidad pública durante tantos años de neoliberalismo nos han convertido a todos en novios y novias de la muerte. Tanto, que Millán Astray estaría en la gloria.”

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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