Desbordado

El bochorno, la desvergüenza, la miseria más vil, la mentira como norma y el rencor más despreciable se han apoderado, una vez más, como tantas otras a lo largo de la historia de este país, de una parte de sus habitantes. Historia, por otra parte, que esos mismos habitantes han pretendido siempre contarnos torcidamente — y que ahora, cuando ya no pueden engañar más a otra buena parte de la sociedad, proclaman rastrera y vilmente que son quienes despiertan quienes pretenden reescribirla. Ya no se puede hablar de derecha e izquierda; ya es necesario hablar de desfachatez infame por un lado y cordura por otro. Llevo varios días alejado de las redes sociales, porque no soporto tanto odio, tanta podredumbre mental y tanta necedad como tiene uno que aguantar. Simplemente, me siento desbordado. Pero no puedo evitar andar por Internet, que es herramienta de trabajo indispensable. Así que ha caído en mis manos este artículo. No me resisto a citarlo y copiarlo.

Tierra de nadie. Retrato en blanco y negro de una indecencia

Juan Carlos Escudier

(https://blogs.publico.es/escudier/2020/04/24/retrato-en-blanco-y-negro-de-una-indecencia/)

“La siniestra competición para apropiarse de las víctimas del coronavirus y obtener de ellas un beneficio político tiene un ganador provisional: Pablo Casado. Su “dramática” fotografía en blanco y negro ante el espejo de un cuarto de baño, aparentemente deshecho por el dolor, dejando que el peso de su cuerpo repose en unos puños apretados por la rabia y arremangado, en señal inequívoca de su disposición a sacar el país adelante en estas terribles circunstancias, merece el Óscar a la impostura. Que alguien pueda posar así, fingiendo tanta tristeza y abatimiento, retrata su diminuta talla moral y su desvergüenza. Si por algo subleva la pornografía de la imagen es justamente por eso, por su indecencia.

Los dirigentes del PP y de la derecha en general tienen una querencia natural a patrimonializar los muertos para convertirles en armas contra sus adversarios políticos. A las víctimas del terrorismo de ETA las pusieron rápidamente en nómina para poder exhibirles en sus estandartes y, a buen seguro, no tardaremos en ver iniciativas similares cuando la tragedia amaine. Es una necrofilia que, por más que se practique, no deja de repugnar a quienes la contemplan.

Su objetivo es doble. El primero es mostrar que si la aflicción pudiera medirse, la suya rompería cualquier escala porque a ellos, al parecer, los muertos les duelen más que al resto. De ahí su insistencia en los crespones negros, en las solemnes declaraciones de luto, en las banderas a media asta o en esos minutos de silencio que protagoniza en soledad Isabel Díaz Ayuso en la Puerta del Sol cuando sus obligaciones se lo permiten y no tiene que recibir a pie de pista algún avión procedente de China para inmortalizarse junto a la escalerilla.

El segundo es deshumanizar al contrincante. Es lo que se intenta hacer con el Gobierno, a cuyos miembros se les quiere presentar como pedazos de carne con ojos que ni sienten ni padecen con la desgracia colectiva y que, además, aprovechan el reguero de cadáveres para apuntalar su doctrina totalitaria. Caricaturizados de esta forma, los responsables de contener la epidemia no son sentimientos y tienen seres humanos, que diría Rajoy, sino monstruos a los que únicamente les interesa conservar el poder al precio que sea. Se les niega hasta el estremecimiento de tener que presentar a diario las cifras de muertos con el corazón roto y la angustia de preguntarse a cada momento en qué han podido equivocarse. Se les llama homicidas o “mataviejas”. Se les priva de alma para que nadie se pare a imaginar el sufrimiento constante que han de experimentar en estos momentos en los que nadie querría estar en su pellejo.

La fotografía de este actor secundario que siempre será Casado es nauseabunda. El luto no se exhibe, no exige corbatas negras ni coros de plañideras. Uno puede quebrarse en la tribuna, enmudecer, llorar. Pero elegir el mejor ángulo y los claroscuros perfectos para hacer ostentación del dolor, para simularlo, sobrepasa cualquier límite. Este hombre ha perdido el pudor y el decoro. Por el sumidero del lavabo no sólo se ha ido el agua del grifo que el presidente del PP dejaba correr sino también su dignidad, si es que le quedaba algo bajo su blanca camisa.”

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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