Alternativas al evolucionismo de corte darwinista: la importancia del sentido crítico

¿Era Charles Darwin un aficionado rico que no hacía más que especular, y sus propuestas fueron hábilmente utilizadas por las élites victorianas para justificar la imposición a la sociedad de los postulados capitalistas y liberales? ¿Domina el movimiento neodarwinista todos los estamentos científicos y políticos de la biología en el mundo sin permitir la réplica, como sugieren algunos? ¿Es la evolución determinista?

¿O, por el contrario, fue Darwin un pensador independiente, de gran calado, que a riesgo de exclusión social se atrevió a contradecir la voluntad de la reina Victoria, que le había encomendado la misión de reunir datos para apoyar el relato de la Biblia? ¿Representó la evolución por selección natural una explicación ingeniosa y veraz, independientemente de que surgiera en el seno de una sociedad supremacista y altamente competitiva y de que después se malinterpretara, y por ello el paradigma neodarwinista ampliado no ha podido ser rebatido todavía con suficiente fundamento, sino matizado progresivamente, de manera que representa el conjunto de explicaciones más plausibles sobre la evolución y organización del mundo natural? ¿Es la evolución fundamentalmente azarosa?

Si el primero de los dos planteamientos anteriores se responde afirmativamente, todos los que nos tomamos en serio los postulados en que se basa la evolución por selección natural, deriva genética y cambio de frecuencias génicas habremos estado confundidos, o hasta habríamos sido hábilmente engañados, durante siglo y medio, incluso las mentes más privilegiadas. Todos, incluso los filósofos de la biología. ¿Es eso plausible, con la inmensidad de trabajo que se ha dedicado al asunto, y la brillantez inconmensurable de los científicos que han sometido a prueba los postulados darwinistas? Los únicos que no se habrían dejado engañar habrían sido un puñado de defensores de la postura alternativa al darwinismo, en sentido amplio, a los que la inmensa mayoría considera iluminados. Lo sospechoso de estos iluminados es que se inclinan, casi en su totalidad, por respaldar algunas extravagancias bien reconocidas, como por ejemplo que las vacunas son inútiles o contraproducentes y su uso y comercialización responde únicamente a la codicia de las grandes empresas multinacionales. No se puede negar que algo de eso hay, pero como consecuencia de la dinámica capitalista, no como un epifenómeno de su papel inductor de supuestas resistencias bacterianas, que provocarían su inutilidad. Que la sociedad actual sea hipercompetitiva, vertical y elitista no es tan fácil de explicar invocando solamente la influencia del darwinismo sin incurrir en la aceptación acrítica de supuestos, pero si lo es, entre otras muchas razones, por la interpretación torcida y simplista que, en general, se hace de los postulados de darwinistas y neodarwinistas, incluidos los de aquellos que recurren a explicaciones basadas en la dinámica de sistemas complejos o en la jerarquización de las propiedades emergentes de los distintos niveles de organización de la materia viviente (como Máximo Sandín, sin ir más lejos).

Los paradigmas científicos son inevitables y abren cauces de desarrollo fecundo. Sin embargo, para la ciencia es clave que sean puestos en duda. Pero quien los pone en duda debe tener pruebas de cierta contundencia que apoyen sus hipótesis alternativas y datos contrastados que las respalden; las hipótesis, en si mismas, no prueban nada. De lo contrario, se arriesga a que lo tachen de charlatán, aunque pueda no serlo.

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¿Es la evolución fundamentalmente azarosa, incluso tras el reconocimiento de los procesos epigenéticos como inductores de evolución biológica? Pues, a pesar de todo, parece que si. Eso si: el renovado interés en la epigenética, en el desarrollo y en la teoría de la construcción del nicho (por ejemplo, Baedke et al., 2020; https://link.springer.com/content/pdf/10.1007%2Fs10539-020-9736-5.pdf) demuestra que es falsa la aseveración categórica de que el movimiento neodarwinista controle todos los estamentos científicos y políticos de la biología sin permitir la réplica, por mucho que pudiera estarlo intentando. La ciencia no está al margen de los acontecimientos y dilemas sociales; pero, a diferencia de las aproximaciones dogmáticas a la realidad, basadas en supuestos inamovibles, siempre deja puertas abiertas por donde acaba por abrirse paso la novedad conceptual, cuando es de enjundia y viene avalada por pruebas.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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