Crisis ambiental

The Conversation España me ha solicitado un artículo de divulgación, pero bien documentado, sobre la actual crisis ambiental. Aquí está:

https://theconversation.com/como-se-explica-la-inaccion-humana-ante-los-problemas-ambientales-118199

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Agradezco a Laura Caballero haberme invitado a escribir este artículo; le agradezco el trabajo que ha invertido en la edición, así como sus sugerencias. Muchas veces, quienes están al margen de una determinada disciplina científica contribuyen de manera decisiva a poner el foco de atención sobre cuestiones que al especialista se le escapan, por darlas por conocidas o por asumirlas como evidentes.

A continuación, mi versión original, algo más larga:

La especie humana: una amenaza también para sí misma

José Luis Yela
Profesor Titular de Zoología y Conservación Biológica, UCLM
Miembro del Comité Nacional de Especies Amenazadas, MITECO

¿Cómo se explica la inacción humana ante los problemas ambientales? Por hacerlo breve: porque tendemos a no valorar como cierto nada más que lo que interpretamos a la luz de nuestra experiencia personal. De ahí que no se de mucho crédito a la constatación científica, que se tacha muchas veces frívolamente de catastrofista.

El problema

En líneas generales, la crisis ambiental y la pérdida de biodiversidad nos preocupan (https://erratanaturae.com/libro/medio-planeta/) de momento relativamente poco. Si bien una parte del estamento científico (http://scientistswarning.forestry.oregonstate.edu/sites/sw/files/Warning_article_with_supp_11-13-17.pdf) es consciente de la magnitud del problema al que nos enfrentamos, gran parte de la población o bien es ajena a la situación o bien actúa como si lo fuera.

En el día a día, seguimos viviendo de una forma completamente insostenible (https://theconversation.com/es-posible-alimentar-a-10-000-millones-de-personas-sin-devastar-el-planeta-116751), lo que produce manifestaciones de deterioro cada vez mayores. A pesar de las recomendaciones de la ONU, plasmadas en los 17 ODSs (objetivos de desarrollo sostenible; https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/), en las últimas elecciones generales españolas ningún partido ha planteado seriamente un cambio significativo de modelo de desarrollo, lo que da idea del grado de importancia que se le concede a la crisis ambiental.

A pesar de los movimientos (https://www.efeverde.com/blog/creadoresdeopinion/clima-movimientos/) por el clima y contra la extinción masiva (https://www.theguardian.com/environment/extinction-rebellion) de los últimos meses, la creciente desconexión (https://www.britannica.com/science/biophilia-hypothesis) entre los humanos de las sociedades industrializadas y el medio natural conduce a que la mayor parte de la población no sea consciente de la importancia crucial de la biodiversidad estructural (especies; Wilson, E. O., 1992, “La diversidad de la vida”, Barcelona: Grijalbo) y funcional (interrelaciones ecológicas y evolutivas entre las especies; Bascompte, J. y Jordano, P., 2014, “Mutualistic networks”, Princeton: Princeton University Press) no ya para nuestra propia supervivencia, sino para nuestra salud y nuestro bienestar físico y emocional.

Consecuentemente, tampoco es consciente de la magnitud del colapso del entorno natural en marcha, cuyas consecuencias pueden ser catastróficas para nuestro futuro (véase, por ejemplo, Kramer, E. M. et al., 2014, “Environmental communication and the extinction vortex: technology as denial of death”, New York: Hampton Press), como especie animal que somos.

Los signos de alarma y la preocupación manifestada por la sección del personal científico especializado en estas cuestiones son grandes, y se han materializado entre otras cosas en la propuesta del paradigma de la sostenibilidad (Beder, S.,  2013, “Environmental principles and practices: an interdisciplinary introduction”, London: Routledge) y en la propuesta de los ODSs. Pero la realidad es que los gobiernos no consiguen superar la fase de las declaraciones de intenciones y no acaban de comprometerse seriamente en la adopción de medidas operativas y eficaces para paliar el problema.

El conocido como “Informe IPBES” (siglas en inglés de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos), o “Informe de Evaluación Global” (https://www.ipbes.net/) presentado en la reunión del G7 de Metz, París, el pasado 6 de mayo, puede suponer un aldabonazo que sacuda las conciencias de ciudadanos, políticos y gestores para activar seriamente, de una vez, soluciones realistas y satisfactorias. Examinemos brevemente, para empezar, cuáles son los antecedentes del informe, para comentar después la dimensión de la cuestión, sus consecuencias más plausibles y sus vías potenciales de solución.

Antecedentes históricos de la interpretación conservacionista

A finales del siglo XVIII, paralelamente al dinamismo intelectual despertado por la Ilustración, se produjeron en Europa una serie de avances tecnológicos formidables, encabezados por la máquina de vapor, que condujeron a facilitar enormemente la vida de las personas (Íñigo Fernández, L. E., 2012, “Breve historia de la Revolución Industrial”, Madrid: Nowtilus). Muy en particular, contribuyeron a disminuir drásticamente la mortalidad infantil y a alargar la esperanza de vida humana. Este episodio histórico, conocido como Revolución Industrial, provocó cambios sociales radicales, muy especialmente en el mundo occidental. Dos de ellos son clave para entender mejor la postura de la especie humana frente a la pérdida de biodiversidad actual.

Por un lado, la densidad de población humana comenzó la escalada exponencial que ha conducido a la situación demográfica actual (https://theconversation.com/7-500-millones-y-aumentando-cuantas-personas-puede-soportar-la-tierra-100493) (de 800 millones de habitantes en 1750 a más de 7.700 millones). Por otro, la creciente capacidad de los humanos de hacer frente eficazmente de las vicisitudes ambientales, o de “dominar la naturaleza”, ha tenido como consecuencia nuestro alejamiento progresivo del medio natural, el cual se percibe hoy día en los países industrializados como un elemento ajeno a la vida habitual, o en todo caso como un elemento secundario, tanto en ambientes rurales como, sobre todo, en urbanos.

Resulta ingenuo pretender que una especie de nuestro tamaño corporal y con nuestras demandas per cápita de energía, agua y alimento no ejerza una gran presión sobre el entorno natural, dada nuestra densidad de población anormalmente elevada (Carbonell, E., 2000, “Planeta humano”, Barcelona: Ediciones Península). Si bien la intensidad de la presión varía mucho geográficamente, la realidad es que nuestra especie ha modificado drásticamente el medio desde que apareció (Leakey, R. y Lewin, R., 1997, “La sexta extinción: el futuro de la vida y de la humanidad”, Barcelona: Tusquets). Esta modificación se ha hecho mucho más patente desde la Revolución Industrial, y se ha acentuado de manera notable durante las últimas décadas (Goudie, A. S., 2018. “Human impact on the natural environment”, New York: John Wiley & Sons).

Conscientes del deterioro, surgieron los primeros movimientos ecologistas hacia mediados del siglo XIX. Sus fundamentos no fueron científicos, sino emocionales; pero sembraron la semilla del pensamiento conservacionista. Durante los años 60 del siglo XX se publicaron dos libros muy influyentes por parte de dos científicos: “La primavera silenciosa”, de Rachel Carson (1962) y “La bomba demográfica”, de Paul R. y Anne Ehrlich (1968). El Club de Roma, haciéndose eco de las primeras advertencias científicas, encargó al MIT el informe “Los límites del crecimiento” (1972; resumen en http://www.eumed.net/cursecon/18/18-4.htm), que ha sido actualizado varias veces (en la versión de 2012 se habla por primera vez del concepto de “huella ecológica”). Como consecuencia de todo lo anterior, en 1978 se celebró la I Conferencia Internacional sobre Biología de la Conservación (San Diego), seguida en 1985 de la II Conferencia Internacional sobre Biología de la Conservación (Michigan), la disciplina científica naciente cuyo objetivo consiste en comprender los procesos de origen antrópico que conducen a la pérdida de diversidad biológica para preservar la mayor cantidad posible de ésta. En este evento clave se fundó la Society for Conservation Biology (SCB,  www.conbio.org), cuya  revista científica “Conservation Biology” (https://onlinelibrary.wiley.com/journal/15231739) comenzó a publicarse dos años después. 1987 produjo otro evento clave, el llamado “Informe Brundtland” (o “Nuestro futuro en común”; https://undocs.org/es/A/42/427), publicado por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, en el que se introdujeron las ideas de sostenibilidad y desarrollo sostenible.

En 1991, dos científicos sobresalientes, el ya nombrado Paul R. Ehrlich y el popular Edward O. Wilson, ambos entomólogos y ecólogos, sacaron a la luz un artículo fundamental, titulado “Biodiversity studies: science and policy” (Science, 253 (5021): 758-762; https://search.proquest.com/docview/213558352). En él se puede leer: “Si pretendemos que exista alguna oportunidad para frenar la pérdida de biodiversidad se tiene que pasar a la acción inmediatamente. La estrategia indispensable para salvar a las criaturas vivientes que nos acompañan, y en definitiva a nosotros mismos, es reducir la magnitud de las actividades humanas, como demuestra la evidencia de manera meridiana. La tarea conducente a satisfacer este objetivo constituirá un esfuerzo cooperativo mundial sin precedentes en la historia. Si la humanidad no puede moverse con determinación en tal sentido, todos los esfuerzos que se están llevando a cabo actualmente en relación con la conservación in situ no conducirán a nada, y el futuro de nuestros descendientes estará en peligro.”

El año siguiente, 1992, es de nuevo una fecha clave; por un lado, se celebró el famoso “Convenio para la Conservación de la Diversidad Biológica” (o “Convenio de Río de Janeiro”), en el marco del cual Edward O. Wilson popularizó el término “biodiversidad”. Por otro, y paralelamente, un grupo de unos 1.700 científicos prepararon el documento “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad” (http://www.ucsusa.org/about/1992-world-scientists.html; versión española en http://actionbioscience.org/esp/ambiente/worldscientists.html), en el que se daba cuenta de la colosal crisis ambiental en marcha, que podía acabar con una parte importante de la biodiversidad terrestre actual (e incluso con nosotros mismos). Pese a los esfuerzos realizados posteriormente, concretados en varias reuniones (“cumbres”) que han tratado de definir estrategias para la conservación de la biodiversidad, el hecho es que las dinámicas sociales y económicas subyacentes a la crisis de extinción actual han seguido las mismas tendencias generales, de manera que el paradigma que sigue gobernando nuestras actividades es el del aprovechamiento máximo, intensivo, de los recursos naturales, que, de acuerdo con las pruebas aportadas en los hitos ya mencionados y con un cuerpo vastísimo adicional de información científica, se ha constatado que es insostenible (por ejemplo, Gould, K. A., Pellow, D. N. y Schnaiberg, A., 2015, “Treadmill of production: injustice and unsustainability in the global economy”, London: Routledge).

De hecho, las predicciones del informe original “Los límites del crecimiento” de 1972, que se habían considerado alarmistas en su momento, fueron revisadas por científicos de la Universidad de Melbourne en 2014, los cuales demostraron que casi todas las tendencias previstas se habían cumplido con bastante exactitud. Por ello, en 2017 se publicó una “Segunda advertencia de los científicos del mundo a la humanidad” (http://scientistswarning.forestry.oregonstate.edu/sites/sw/files/Ripple_et_al.%20_8-11-17_scientists_warning.pdf), bastante más seria que la anterior. Sin embargo, y a pesar del esfuerzo de conservacionistas y educadores ambientales en divulgar este documento, su alcance entre la ciudadanía fue muy limitado.

La situación actual: Informe IPBES 2019

En este estado de cosas, el “Informe IPBES 2019”, auspiciado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) (véase breve historia en https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-la-biodiversidad/conservacion-de-la-biodiversidad-en-el-mundo/cb_mundo_plataforma_ipbes.aspx), ha supuesto una actualización exhaustiva del estado de la biodiversidad global, que proporciona también datos exhaustivos por continentes en relación con tendencias y amenazas, y que propone vías operativas de actuación, basadas en criterios de sostenibilidad. El mensaje fundamental, que como es comprensible ha circulado por los medios de comunicación algo simplificado, postula que las tasas de extinción y declive poblacional actuales justifican la afirmación de que hemos entrado en una fase de extinción masiva (véase, de nuevo, Leakey, R. y Lewin, R., 1997, “La sexta extinción: el futuro de la vida y de la humanidad”, Barcelona: Tusquets, y muchos otros) y que las causas próximas hay que buscarlas en la acción humana sobre el medio natural.

De hecho, aunque se mencionan también en el informe, se habían venido reconociendo entre los expertos cuatro factores fundamentales de deterioro ambiental y pérdida de biodiversidad: la alteración de los hábitat, la sobreexplotación de las poblaciones silvestres, la introducción accidental de especies foráneas (algunas de las cuales actúan como invasoras) y las cadenas de extinción, producidas por la eliminación de especies funcionalmente clave. En conjunto, forman el llamado “cuarteto diabólico” por Jared M. Diamond (1985, Introductions, extinctions, exterminations, and invasions, en “Community Ecology”, (editado por T.J. Case y J.M. Diamond), New York: Harper & Row, pp. 65-79), que ha sido ampliado recientemente a sexteto, al añadirse el cambio climático (que afecta sobre todo a las interacciones entre especies y entre éstas y el medio; véase https://www.miteco.gob.es/es/ceneam/recursos/mini-portales-tematicos/guia-sintesis-resumida_tcm30-376937.pdf) y al desmembrarse la alteración del hábitat en dos procesos cuyos mecanismos de acción son diferentes: la fragmentación del paisaje (sobre todo, por razones agrícolas y urbanísticas), causa principal de la pérdida de biodiversidad, y la contaminación del medio (Sodhi, N. S. y Ehrlich, P. R., 2010, “Conservation Biology for all”, Oxford: Oxford University Press.). Por otro lado, del “Informe IPBES 2019” se puede concluir que alrededor de un millón de especies de organismos diversos se enfrentan a su extinción por causa de la acción humana, ya sea inminente, ya durante las próximas décadas. La mayor parte de la información que da pie a esta afirmación, que se ha tildado de alarmista en algunos círculos, está muy sólidamente justificada y contrastada, y queda reflejada anualmente en la red de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN; https://www.iucnredlist.org/). Ciertamente, la afirmación admite matices; de hecho, choca hasta cierto punto con dos cuestiones biológicas clave, como son la misma definición de especie (que admite matices, y no es aplicable de manera equivalente a todos los grupos de organismos) y el desconocimiento del número concreto de “especies”, en sentido amplio, que habitan sobre la Tierra (ya que se discuten cifras que abarcan una horquilla de entre dos y diez millones, cuando no más). En consecuencia, es difícil proponer estimaciones concretas, sin margen de error asumible, sobre el número de “especies” en peligro de extinción inmediato, teniendo además en cuenta que se ha evaluado solamente una parte relativamente pequeña del total de las especies conocidas.

Las consecuencias

Lo que está fuera de duda, como refleja el “Informe IPBES 2019” y centenares de artículos científicos del máximo rigor, es que la acción humana actual representa una amenaza muy seria para la biodiversidad, y por lo tanto, y especialmente, para nosotros mismos.

Aunque se empieza a manejar el léxico relativo a la sostenibilidad y a la conservación, a la hora de tomar decisiones en relación con la gestión del medio y de la biodiversidad siguen prevaleciendo fundamentalmente los criterios economicistas, utilitaristas y cortoplacistas, tanto a nivel de las comunidades locales como de las regionales como de las nacionales. Documentos como  https://ourworldindata.org/energy-production-and-changing-energy-sources dan idea cuantitativa de ello. Urge, pues, escuchar a los expertos, y aplicar rutinariamente criterios científicos, rigurosos; urge plantearse de manera realista la cuestión de qué tipo de vida queremos vivir, o qué mundo queremos para nosotros y nuestros hijos, dejando en un segundo plano los intereses más inmediatos y más personales. Para lograr detener la crisis de biodiversidad, es perentorio que todos nosotros apliquemos sin ambages, y en su significado original, la máxima “piensa globalmente, actúa localmente”, aunque probablemente haga falta una ingente tarea de educación ambiental previa. Para una guía básica de actuación política, el “Informe IPBES 2019” puede convertirse en un documento indispensable, si realmente está en la mente de los dirigentes la conservación de niveles razonables de biodiversidad, compatibles con la salud y el bienestar de todos los seres humanos, y no solo de una minoría privilegiada, de nuestra generación y de las venideras.

Recordemos, para terminar, un par de frases del último libro del varias veces citado Edward O. Wilson (2017, “Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción”, Madrid: Errara Naturae), que refuerzan la línea argumental aquí expuesta: “Gran parte de estos daños provocados por los humanos se debe a los excesos en las actividades cotidianas que realizamos en nuestra vida. Estas actividades nos convierten en la especie más destructiva de la historia.” “Como consecuencia de la actividad humana, se estima que la tasa actual de extinción total es entre cien y mil veces superior [a la anterior a la aparición de Homo sapiens]”.

¿Vamos a seguir mirando hacia otro lado?”

********

A pie de artículo, ha aparecido el siguiente comentario:

“Yo soy consciente y me da igual. No el cambio climatico, que me preocupa mucho, pero la biodiversidad aun no he visto una razon que suene real para que me preocupe por ella. Yo por ejemplo vivo en Madrid y suelo visitar la sierra casi todos los fines de semana y no veo en que me afecta a mi que se extinga una cucaracha mas en una selva en borneo. Los europeos vivimos en un desierto de biodiversidad ya y no pasa nada. Ni hemos perdido contacto con la naturaleza ni otras mentiras de un pensamiento del pasado bucolico. En el pasado, la mayoria de la poblacion, campesinos, no tenian contacto con la naturaleza, tenian contacto con su agricultura y sabian de un bosque mucho menos que un urbanita de hoy en dia (menos de una selva del otro lado del planeta).

A lo que he respondido:

“Gracias por el texto. Es la respuesta esperable, que apoya completamente la tesis defendida en el artículo. Quien no está al cabo del funcionamiento de los sistemas naturales no interioriza fácilmente que lo que percibimos es simplemente una parte infinitesimal de la secuencia de eventos evolutivos que van conformando la estructura de la biodiversidad. La labor de los científicos es tratar de ilustrar, mediante la aplicación del método hipotético-deductivo, lo que ocurre realmente con la biodiversidad, que va mucho más allá de lo que puede percibir alguien. Modestamente, recomendaría leer con detenimiento los artículos que se vinculan, antes de entregarse al peligroso negacionismo y a sus afirmaciones temerarias. Además, recomendaría vivamente los siguentes títulos:

– para entender la dinámica de los sistemas complejos: Fritjof Capra. 2009. La trama de la vida. Ed. Anagrama, Barcelona. (3ª edición). http://cdm2011b.aprenderapensar.net/files/2011/07/Capra_Fritjof_La_trama_de_la_vida.pdf

– para entender la evolución de las comunidades de organismos a través del tiempo y la naturaleza de las extinciones masivas: Stephen Jay Gould. 1999. La vida maravillosa. Ed. Crítica, Barcelona.

– para entender las consecuencias de la acción humana sobre la biodiversidad: Edward O. Wilson. 2017. Medio planeta. Errata Naturae, Madrid.

– para entender la importancia del mantenimiento de las redes de interacciones de las diferentes especies: Bascompte, J. y P. Jordano. 2014. Mutualistic networks. Monographs on Population Biology, no. 53. Princeton University Press. Princeton.

Saludos.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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2 respuestas a Crisis ambiental

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