Malos momentos

Qué sensación de impotencia me invade estos días. No es el reconocimiento de la propia insignificancia por sí solo, porque éste trae sobre todo paz interior. Es más bien que éste cobra una dimensión trágica en tanto que uno se hace consciente de la situación de profundo abuso e injusticia en que vivimos y del inmenso dolor que unos causamos sobre otros de manera completamente evitable. Somos ruines, miserables, duros y, para colmo, de un cínico redomado.

Y ya no es solamente la situación general que atraviesa la humanidad, que por más que nos acostumbremos a las atrocidades, no dejan de serlo, sino la que estamos atravesando aquí mismo, donde estamos perdiendo completamente el tono y hasta la dignidad más elemental. Es para mí demoledor que mis ex-compañeros de clase justifiquen y defiendan las políticas represivas y retrógradas del gobierno actual (¡en el que está uno de nosotros, que además es el portavoz y ministro de Educación!), en un momento en que sería clave una reforma educativa en profundidad en sentido contrario. Lo es que, siendo clamorosa la injusticia social derivada de la dinámica que impone la casta política actual, haya personas cercanas que puedan afirmar que se sienten orgullosos de ello y que España es un lugar ideal para vivir. Lo es que se pueda encarcelar a cantantes por expresar sus opiniones, por agresiva o maledicentemente que lo hagan, mientras locutores de radio (por solo poner un ejemplo) tienen patente de corso para vomitar las barbaridades más infames. Lo es que mi único hijo no tenga ni noción de las cuestiones que atañen al medio natural, que por lo tanto no le importan lo más mínimo, y que toda su obsesión, como la de virtualmente todos sus coetáneos, cuyos sesos han sido materialmente sorbidos por el poder de la industria, sean los juegos de ordenador, de los que yo jamás he usado ni uno. Lo es tener algún compañero de trabajo (¡de Ambientales!) que se venda a los caprichos de una empresa potente que quiere montar un parque temático, arrasando un paisaje de alto valor ambiental, y desacredite totalmente mi lucha en contra de dicho proyecto; lo es tener algún otro que se alinea estultamente con la facción cientifista más rancia y convierta la labor de divulgación científica en adoctrinamiento mediocre, ninguneando también toda la labor que yo llevaba haciendo calladamente en favor de posturas de diálogo entre formas dispares de entender el conocimiento y la vida; lo es que otro actúe de esquirol, recorriéndose vergonzosamente el Campus de clase en clase para registrar aquellos compañeros que han hecho huelga… y así sucesivamente. No es que uno se sienta insignificante; es que está uno solo. Es que las tesis que han regido mi vida han sido vapuleadas.

Aparte de eso, apenas hay ya lucha social. Apenas hay logros sociales, sino más bien retrocesos. Ya no se reivindica. Ahora, en virtud de un mal entendido diálogo, que camufla intereses personales diversos, lo que se hace es someterse al dictado de las élites, disfrazado de voluntad de las mayorías. Puede que a veces se diga en voz alta lo que se piensa; pero no existe el verdadero activismo, que de puro blando apenas recuerda muy vagamente la fuerza militante de hace unas pocas décadas. Ni existe el sindicalismo, totalmente envilecido y lacayo del gran capital. Todo ha sido fagocitado por este sistema depredador. Y yo no quiero ser cómplice de la blandenguería ñoña, que en definitiva es sometimiento. Ni hablar. Prefiero aislarme en mi agujero y dedicarme a mirar el cielo.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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