Las revoluciones del conocimiento

Los clásicos de corte espiritualista, entre ellos los románticos, los teósofos y los antropósofos, postulaban, como Sri Aurobindo, que “el mundo conoce tres tipos de revolución. La material que tiene fuertes resultados; la moral y la intelectual, que son infinitamente más amplias en su alcance y más ricas en sus frutos, y las espirituales, que son las grandes siembras”. Materia, alma y espíritu.

La concepción trina de la naturaleza era común en tiempos de Aurobindo y de los románticos. Hoy día solo la sostienen algunos reductos de fieles que, cuando se tiene una visión más completa de la realidad, es decir, una que participe del cultivo de sus dos vertientes fundamentales (la intelectual, lógica o científica por un lado, la emocional, espiritual o filosófica por otra: episteme y gnosis), es imposible justificar más que por la fe. La interpretación trina procede de la mezcla de realidades de diferente naturaleza; en realidad, la revolución material es simplemente una consecuencia de la revolución intelectual. Es algo parecido a la reducción, simbólica, a cuatro o cinco elementos que se tenía por real en la Antigüedad, tierra, agua, fuego y aire (+ éter): tierra, agua y aire son sujetos materiales, mientras que el fuego es un proceso (combustión, u oxidación por incandescencia) y el éter es un artilugio de la mente para explicar lo que entonces era inexplicable de otra forma.

Gracias a los clásicos, hemos podido llegar a los niveles actuales de conocimiento. Ignorarlos, como ahora ocurre muchas veces , es limitarse a mantener una interpretación parcial, coja, de la realidad, por actual que sea, y significa perder la perspectiva. Rechazar el caudal enorme de conocimiento racional acumulado durante los dos últimos siglos supone lo mismo: condenarse a vivir bajo una interpretación simbólica, bella, pero simplista de la realidad. Y, sobre todo, que no permite plantear predicciones contrastables.

En tiempos en que lo intelectual es denostado por quienes, con justicia y valentía, se oponen a la dictadura de la razón, pero ignoran sus incontestables creaciones, yo reivindico el intelecto y su gloriosa obra, sin dejar de indagar en el universo gnóstico, desarrollado a través de los siglos.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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