Toledo

Cuna carpetana, hogar troglodita adorador de la encina,
vetusto mástil de fruto agridulce,
del jabalí domesticado en torno al poblado del Bú.

Fortaleza romana, visible en los imponentes bloques del antiguo acueducto
o en los del circo romano,
parcialmente integrados en la formidable muralla.

Ciudad elegida por los señores del primer reino ibérico,
y engalanada por doquier por los restos de sus innumerables construcciones, desde el puente de Alcántara hasta el de San Martín.

Toledo musulmán y mozárabe, palpable casi en cada esquina,
desde las Mezquitas del Salvador y del Cristo de la Luz
hasta la Puerta del Sol o el Círculo del Arte,
donde los arcos de herradura aparecen ante la vista a cada instante,
mezclándose con los de medio punto.

Hacia las embriagadoras juderías,
los aires mudéjares de las sinagogas de Santa María la Blanca y del Tránsito
no pueden ocultar que, por muy segregadas que estuvieran en el espacio,
las tres culturas convivieron durante largo tiempo,
y dieron lugar a un periodo de esplendor artesano y cultural
difícilmente igualable.

Callejuelas estrechas, de paredes horadadas por los ejes de los carros;
cuestas incesantes, sobre las cuales el pavimento empedrado habla,
por poco que el caminante se pare a escuchar.
De las doce colinas, ceñidas por los escarpes del Torno del Tajo;
del laberinto de cuevas subterráneas, y de las leyendas que encierran;
del santo grial y de la morada de Hércules;
de la tragedia del último rey visigodo.

Hablan de la presencia de poetas excelsos, suyos versos decoran las paredes:
“En una noche oscura, con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada…”
Y el caminante, anonadado por la magia,
no puede otra cosa que sentarse a respirar la quietud de la noche,
al pie del gran muro.

Juan de la Cruz, Teresa de Cepeda… El Greco…
Desde la Vega, los cielos plomizos de la ciudad de las mil magias
evocan los matices grises y verdosos del cretense,
así como el perfil escarpado del conjunto arquitectónico sobre el infinito.

Torres flamencas de la Bisagra, vestigios de la corte de Carlos I el extranjero; Puerta de Alfonso VI, por donde se dice que el rey conquistador entró en Toledo; Puesta del Cambrón, a la que el hechizado caminante llega ya sin adjetivos.

Toledo, cabeza de la Sagra, inmensa llanura cerealista,
cuna de la Escuela de Traductores,
capital en su día de la nigromancia y de las magias blancas,
núcleo de tradiciones y leyendas, matriz de la historia de un pueblo.

Toledo, un núcleo infinitamente denso de argumentos y sensaciones en el espacio, un filón inacabable para la inspiración del alma poeta.
Donde cada esquina cuenta una historia; donde cada rincón alberga una leyenda.
Y una llamada de esperanza: ven.
Ven y embriágate de luz y belleza.

***********

No es necesario decir, supongo, que para mi peregrinación particular haber acabado aquí, precisamente aquí, en este oasis de magia y de historia, ha sido el punto redondo.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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