El «acercamiento» del río a los toledanos: más de lo mismo (o «fake news, fake world»)

El pasado viernes nos reunimos los integrantes del grupo de investigación del Tajo, varios de los cuales son también miembros de la Ponencia Técnica o Consejo del Pacto de la ciudad de Toledo por el Tajo. Entre nosotros estaba Martín Molina López, que aunque también forma parte de dicha Ponencia, como coordinador, al menos aparentemente hacía el papel de portavoz del Ayuntamiento. También se contaba entre nosotros José Ramón de la Cal, que aunque es profesor de la Facultad  de Arquitectura también hacía el papel de defensor de las posturas del Ayuntamiento, por razones que desconozco.

Se supone que nos reuníamos para debatir una serie de medidas que contribuirían a mejorar el estado del Tajo, y que se venía a pedirnos opinión. Pero a mi no me quedó muy claro que este fuese el objetivo. Más bien me pareció, y es que soy difícil de enredar, que lo que se pretendía era convencernos de las bondades de algunas medidas de corte exclusivamente utilitarista, que no conservacionista y ni siquiera sostenible, que se quieren implantar, de manera que el Ayuntamiento se pueda sentir justificado cuando el Ministerio o la Confederación Hidrográfica del Tajo se las acaben imponiendo. De hecho, todas las propuestas que ahora se pretende sacar adelante formaban parte de ese delirio megalomaníaco denominado «Take me to the river» (http://www.urbanity.es/2009/integracion-del-rio-tajo-en-toledo-burgos-garrido/), que bajo la consigna de acercar el río Tajo al ciudadano lo que pretendía era convertir la ribera toledana del río en un megaparque, de muy dudosa utilidad para acercar a nadie a un curso de agua que difiere poco de una cloaca a cielo abierto (véase crítica en https://joseluisyela.wordpress.com/2013/03/15/los-recursos-naturales-y-el-tajo-iii/), y sin otra función en realidad que contribuir a inflar nuestro ego colectivo ante lo que aparentemente es un éxito de nuestro dominio sobre el medio, traducido en su transformación nada más que para nuestro disfrute. Como si no fuese mucho más placentero, formativo y verdaderamente sostenible aprender a disfrutar del río y su entorno tal como estaría si dejásemos de deteriorarlo y manipularlo.

No pocas veces hemos leído que la Confederación Hidrográfica del Tajo pretendía resucitar dicho proyecto, y parece que estamos ante una de ellas. Puede que la definitiva.

La reunión, que duró tres horas, consistió en una exposición por parte de Martín Molina, comparativa y muy detalla, de aquellas propuestas que ahora quieren ponerse en práctica, y que atañen al paseo fluvial, a las laderas y su revegetación, a las pasarelas y a las edificaciones emblemáticas, y cuya justificación y presupuesto fueron comentados por Molina sin ahorrar pormenores (tanto, que el ritmo se convertía a veces en exasperante; pero cada cual es cada cual, y los asistentes guardamos el debido respeto). Bastantes de las propuestas originales de «Take me to the river» ya no se podrían llevar a cabo, se nos trata de explicar, porque en su día se presentaron numerosas alegaciones sobre la base de la ley 4/2013 de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, de manera que las propuestas aplicables que quedan son aquellas que no recibieron ningún tipo de sanción contraria. Por lo tanto, la opinión del Ayuntamiento, trasladada hasta nosotros por Martín Molina, es que dichas medidas son positivas y hay que aprovechar la ocasión para llevarlas a la práctica.

Este proceder es el habitual, aquel al que estamos acostumbrados, y que no extraña a casi nadie porque hemos nacido y vivimos en un entorno utilitarista, en el que uno de los ejes del pensamiento gira en torno a la idea de que hay que maximizar y rentabilizar el uso de los recursos, invocando además el socorrido argumento «democrático» de que todos tienen derecho a usarlos (tremenda falacia, en concreto del tipo «generalización interesada»), y limitando la idea de sostenibilidad a un contexto temporal muy reducido y cercano.

La enumeración de las propuestas fue interrumpida por breves comentarios de los asistentes ante la lentitud del ritmo de exposición. No puedo descartar que dicha lentitud respondiera a una táctica premeditada, con objeto de que apenas quedase tiempo de discutir las cuestiones importantes al final. De hecho, no se entró en ningún momento en el meollo de los asuntos, y los breves comentarios de algunos parecían más bien destinados a apoyar la idea de que hay que aprovechar la ocasión, en vez de a discutir críticamente pros y contras. Particularmente llamativa me resultó la defensa que se hizo de la permanencia (y en su caso reparación) de los azudes, que tantos problemas traen no ya para el libre movimiento de los organismos, sino en relación con el flujo y deposición de lodos.

De hecho, la idea que me quedó al final es que el recurso a los problemas que supone la aplicación de la ley 4/2013 no es sino un intento de justificar la voluntad evidente de que las obras sean aprobadas. Más bien creo que la causa de que el proyecto «Take me to the river» no se lleve a efecto tal como estaba previsto al principio es más de naturaleza económica. Los tiempos han cambiado, y la «crisis» ya no permite «vivir por encima de las posibilidades» (léase, ya no permite a los cargos públicos gastar los fondos de todos tan alegremente, ni por lo tanto llevarse comisiones tan abrumadoramente exageradas). Porque todas las propuestas originales podrían defenderse también ahora, convenientemente reelaboradas (o, si se quiere, camufladas). ¿No es eso lo que se hace constantemente, a todos los niveles? Con esto no quiero decir que algunas de las medidas no sean realmente aprovechables y convenientes, ojo; pero no se entró en una discusión de fondo.

En estas condiciones, ¿tiene sentido que acepte la propuesta que se me hizo de entrar a formar parte de la Ponencia técnica? Yo no voy a permitir que se intente justificar con mi apoyo tareas que me parecen inasumibles ambiental y económicamente. Y no me cabe duda de que se intentará presionarme, porque mi concepción del mundo dista mucho de las posiciones tecnólatras, utilitaristas y mercantilistas al uso, y abogo por una aplicación mucho más contundente de medidas sustanciales que conduzcan ante todo a la preservación del entorno natural. De hecho, ¿qué es lo que se hace cuando se quiere conservar un espacio natural? Se le aplica la consideración de alguna de las figuras de espacio protegido, de forma que se restringe mucho la posibilidad de usarlo o acceder a él como si no estuviese protegido. Justo lo contrario de lo que se pretende aquí. ¿Cuál es el objetivo final real de «acercar el río a los toledanos»? ¿Es que no pueden acercarse éstos al río ahora como lo hago yo mismo, y tanta otra gente, tan frecuentemente? ¿No sería mucho más razonable ponerse a trabajar para recuperar el caudal y el buen estado químico y biológico de las aguas? No. Somos especialistas en empezar a construir las casas por los tejados. Luego pasa lo que pasa, y nos vemos forzados a gastar cantidades enormes de recursos económicos en revertir situaciones que han conducido al desastre ambiental.

¿En qué cabeza medianamente bien amueblada cabe la defensa de la idea de la construcción de una pasarela que enlace la zona de la Casa del Diamantista con el Cerro del Bú? ¿Por qué, de paso, no se les pone ya a quienes fueran a hacer uso de ella un sofá, un cubata y una tele al otro lado? Ya puestos…

Y luego me critican por afirmar que la sociedad actual está acomodada… No tenemos remedio.

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Por cierto, acabo de ver que se ha publicado un artículo muy interesante, y cuya línea argumental de fondo es hasta cierto punto coincidente con lo que comento aquí: Chiaravalloti, R. M. (2017). Overfishing or Over Reacting? Management of Fisheries in the Pantanal Wetland, Brazil. Conservation and Society, 15(1), 111-122 ( http://www.conservationandsociety.org/article.asp?issn=0972-4923;year=2017;volume=15;issue=1;spage=111;epage=122;aulast=Chiaravalloti;type=0).

Fake news, fake world…

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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