Debates científicos: ciencia, elegancia e ideología

Hasta hace unos días yo no estaba muy al tanto, pero según he leído Stephen J. Gould y Edward O. Wilson, dos de los grandes pensadores del campo de la biología de organismos y sistemas de finales del siglo XX, no se llevaban bien, y al menos el primero no fue muy amable con el segundo en algunas ocasiones, sino más bien todo lo contrario (Segersträle, U., 2000. Defenders of the truth. The sociobiology debate. Oxford: Oxford University). ¿Se debió a diferencias de índole estrictamente científica? Parece bastante claro que no.

En relación con la evolución biológica, la línea argumental que defendía cada uno de ellos encaja bien en su trasfondo ideológico personal. Cada uno defendía su “verdad”, o dicho de otro modo, su interpretación de los resultados, independientemente del estilo con que lo hiciera. Gould, paleontólogo, defendía un marco evolutivo de estasis interrumpida, que en el plano microevolutivo y en los periodos entre extinciones masivas estaría sujeto estrictamente al efecto de la selección natural individual, y con un papel fundamental de las extinciones masivas en tanto que filtros responsables de los patrones macroevolutivos. Wilson, por su lado, es entomólogo de campo, y ha diversificado bastante sus intereses, pero se le conoce sobre todo por ser el coautor de la teoría de biogeografía de islas, por ser quien acuñó la palabra biodiversidad, quien produjo la primera síntesis sobre sociología animal (la sociobiología) y quien, por último, ha defendido la biofilia, o impulso humano hacia la naturaleza, sin la cual nuestra vida pierde gran parte de su sentido. Wilson argumenta también en favor del papel de la selección natural sobre los individuos, pero además es un firme defensor de la selección de grupo y de parentesco, y otorga un papel crucial a la cultura como motor en la evolución humana.

En cierto modo, la visión de Gould era más heterodoxa y la de Wilson es más convencional; Gould simpatizaba con las ideas socializantes, igualitarias, y Wilson es más proclive a simpatizar con la organización jerárquica, y aunque se manifiesta a favor del igualitarismo social cuando argumenta sobre las medidas que debería adoptar la humanidad si quiere evitar la extinción inminente, en bastantes textos de corte sociobiológico parece apoyar las tesis contrarias (como hace también Paul Ehrlich). Cuando discutían, pues, ¿lo hacían solo sobre ciencia? Parece claro que no, que sus visiones de la vida determinaban en parte, o en gran parte quizá incluso en el caso de Gould, su interpretación de los procesos biológicos.

Enlaza este comentario con el de hace un par de días (https://joseluisyela.wordpress.com/2017/02/15/ideologia/), y revela una vez más la dificultad de separar datos neutros de contextos ideológicos. O quizá incluso la imposibilidad de hacerlo. En el foro de Entomología (entomologia.rediris.es), por ejemplo, es sintomático comprobar cómo discrepamos algunos científicos sobre hechos concretos, a veces radicalmente, especialmente a la hora de discutirlos y de hacer pronósticos sobre ellos. Es notable la suficiencia prepotente de algunos participantes, lo que provoca las reacciones sarcásticas de otros (entre los que me encuentro). Con mucha frecuencia, la suficiencia queda envuelta en papel de celofán, es decir, es expresada con palabras y frases de corrección exquisita. Por eso, los prepotentes tienden a seducir a la mayoría, que tacha de exagerados e incluso maliciosos o molestos a quienes no usamos artificios verbales que adulen el oído ajeno o parezcan el paradigma de la ecuanimidad sino frases directas y adjetivos crudos. Casi siempre, la corrección exquisita envuelve a la  lógica de fondo de que “las cosas son así y no pueden ser de otra manera”, a lo que otros contestamos que eso ya nos lo sabemos todos, y que la cuestión no es admitir eso sin más sino preguntarse por qué las cosas son así y por qué no pueden ser de otra forma (http://sea-entomologia.org/PDF/BOLETIN_27/B27-058-181.pdf). Acomodarse a la tesis de que “las cosas son así” es actitud de mentes conservadoras, mientras que formularse las preguntas con objeto de cambiar los hechos es propio de mentes progresistas. O, dicho de otro modo, de lo que se ha venido en reconocer desde la esfera política como derechas e izquierdas, respectivamente. De alguna forma, pues, las derechas pensantes tienden a ser elegantes y cínicas, y las izquierdas toscas y francas (aunque la generalización admita matices y excepciones).

¿Cuál de las dos posturas es más aconsejable? ¿Cuál de las dos se ajusta más al procedimiento seguido en la rutina científica? Puede que estas cuestiones latieran en la misma base del conflicto entre Gould y Wilson. Aunque para mí que Gould no era esa bestia negra que aducen algunos, ese “comunista radical”, ni Wilson esa mente acomodada, blanda, transigente y condescendiente con el poder, de lo que le acusan otros más o menos explícitamente. A tenor de su inmensa obra, a mí me parece que sus posiciones de fondo estaban más cerca de lo que se suele admitir. Así que supongo que la animadversión explícita de Gould (y Lewontin) hacia Wilson se basaría más en un intento de corte ideológico de frenar la generalización de una forma de pensar sobre el comportamiento humano, que para ellos podría suponer algo así como una revitalización plausible del mal llamado “darwinismo social”, que en cualquier otra razón de índole más científica o biológica.

Insisto: he leído muy poco al respecto, porque hasta hace poco ignoraba que el enfrentamiento entre estas grandes cabezas pensantes hubiera llegado tan lejos. Así que este texto no deja de ser especulativo, y en realidad trata sobre todo de llamar la atención sobre las dificultades extremas en separar nuestro sustrato ideológico de nuestra argumentación científica.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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