El negocio de la investigación

Paso despistado, como casi siempre, por delante del tablón de anuncios. De pronto, veo algo con el rabillo de ojo que capta mi atención. Y quedo anonadado, cuando me paro a leer:

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¿Conectando a los investigadores con la investigación? ¡Anda! ¿Pues qué estábamos haciendo hasta ahora? Qué botarates, mira que no habernos enterado de que teníamos que conectarnos con nuestro propio trabajo…

Miro un poco más abajo, todavía en estado de perplejilepsia:

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Aaaaaah, vale. Acabáramos. Era esto. Ya. Bienvenidos al mundo del totalitarismo tecnolátrico mercantilista. Pasen y vean, y no se les ocurra quedarse fuera. ¡Conéctense a la máquina, o no serán nadie!

Me siento viejo. Quiero desaparecer de aquí.

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Me permito añadir dos comentarios sobre esta entrada, uno de ellos mío:

 Carlos Herrera: Me vas a perdonar, José Luis, pero ese ridículo letrero solo denota la profunda cretinez que se ha apoderado de ciertas instancias que aspiran a marcarnos el camino. No tiene nada que ver con cómo de viejo o joven te sientas. Si además de tener que padecerlos consiguen que uno se cuestione su lugar en el mundo, entonces apaga y vámonos. No debes permitírselo.

José Luis Yela: Desde luego que no. No debería. Pero tú me dirás qué consigo yo, pobre de mí, si me siento más solo que la una en este ambiente. Me entristece que el vicerrectorado de investigación haya consentido semejante dislate, porque el vicerrector es un tipo honesto y un investigador excelente. Tiene las cosas claras. Y, cosa rara en mi, que no me suelo codear con las “alturas” ni me suelen hacer mucho tilín por lo que tienen de impositivas o de transigentes con la imposición, le aprecio mucho. Y el aprecio es mutuo y sincero. Pero imagino que la presión del ambiente, la de tener que quedar bien con la CRUE, con la JCCM, con el claustro y con todo lo demás, tiene que resultar en consecuencias tan chuscas como ésta, es decir, en admitir acríticamente un eslogan estúpido y menos aséptico de lo que parece y en animar a los investigadores a que lo secunden.

En todo caso, la frase “utilice ORCID en sus publicaciones, convocatorias, curriculums (sic.), firma…” lo aclara todo: las universidades se han sumido de lleno en la carrera extremadamente competitiva y mercantil por (aparentar) ser las mejores en cuanto a resultados (producto final, o mejor dicho apariencia de producto final), independientemente del camino que lleve a ese producto. Tremendo disparate, que entre otras cosas conduce a tratar como mercancías a las personas, incluso cuando se las intenta favorecer, y que deja relegado a un plano casi invisible todo aquello que tenga que ver con la sabiduría (palabra maldita). En el ambiente clientelar en que estamos inmersos, esto daría para escribir unos cuantos buenos tratados. El caso es que una universidad es hoy día poco más que una factoría de técnicos medianamente hábiles en su especialidad pero analfabetos funcionales, es decir, ignorantes del contexto. Afortunadamente, quienes estamos fuera de esta locura disfrutamos como enanos en las aulas con nuestros alumnos y en los laboratorios o el campo con nuestra gente, o solos cuando no hay gente. Quiero decir que no me quejo por mi, que soy un privilegiado; me quejo porque esto es un absurdo que tiene consecuencias para todos. Y llega a tal punto de absurdez que prácticamente nadie lo critica, y sin embargo muchos son capaces de defender la idea de que lo que hay que hacer en la universidad es fomentar el espíritu crítico. Como que los alumnos son imbéciles y no se dan perfectamente cuenta de lo que pasa. De traca. Como si nadie fuera consciente de que, hagas lo que hagas, con lo que ellos aprenden verdaderamente pautas de actuación es con el ejemplo, y no con las tizas, los ppts o las frases en el aire.

Pues nada, que se conecten… y que les sea leve, Me callo que me he encendido, y si sigo no me concentro en lo que tengo que leer. Que es mil millones de veces más interesante. Gracias por contribuir y por los ánimos, que así los recibo.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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