Constelaciones familiares: el problema de las aproximaciones inductivas contagiosas

En mi línea de experimentar desde dentro cualquier tipo de forma de vida no convencional antes de emitir opiniones sobre ellas, por muy apartadas de los paradigmas convencionales que estén, hace unas semanas asistí a una sesión de presentación de una técnica de autoayuda -que eso es lo que representa en el fondo- llamada “Constelaciones familiares”. Había oído hablar sobre ello, y casi siempre o muy mal (“eso son pamplinas pseudocientíficas, no hay nada demostrado”) o exageradamente bien, como si todas las asunciones sobre las que se basa dicha técnica estuvieran sólidamente fundamentadas y fueran inapelables. Como desconfío de los juicios extremos, decidí acudir.

El planteamiento de fondo me pareció interesante, aunque poco novedoso. En esencia, de lo que se trata es de conocer determinados antecedentes familiares con el mayor detalle posible y de examinar el papel que uno representa en el marco del entorno familiar, porque lo que se pretende es una sanación personal integral tras corregir disfunciones en una supuesta memoria interpersonal, propia del sistema familiar de conducta. En realidad, salvando la componente trascendental, que asume que existe conciencia y memoria fuera de los individuos -lo cual no es más que un supuesto, a tenor de lo que se sabe hoy día-, técnicas análogas son puestas en práctica por distintos colectivos de psicólogos conductistas, y en parte también por los practicantes de la llamada biodescodificación (que de nuevo asume la mencionada componente trascendental).

El problema mayor ha llegado a la hora de las preguntas y las explicaciones. Ninguna de las cuestiones que yo he planteado ha podido ser contestada de manera convincente. Por ejemplo, se asume que el orden de concepción de cada individuo es crucial para conocer la situación personal satisfactoriamente, y para establecerlo hay que considerar también a los abortos. Pero ¿se han parado estas personas a pensar cuántos abortos espontáneos ocurren, de los cuales normalmente nadie tiene constancia, ni las propias mujeres que los sufren? Las respuestas a este tipo de cuestiones fueron vagas o delirantes (surgió la disparatada historia de la entrada del alma por la glándula pineal a los 49 días de la concepción… qué casualidad, 7 x 7…), tratando de evitar entrar de lleno en el asunto. Al cabo de unas pocas decidí callarme; evidentemente, este no era mi sitio, pero tampoco era cuestión de reventar su fantasía a quien ha decidido seguirla a pies juntillas.

Porque de eso se trata. Realmente, decidí no intervenir más cuando escuché la consabida frase, muy nueva era, de “si me funciona, me vale”. Lo que estaban queriendo decir es “si me creo que me funciona, me vale, por fantasioso que sea.” Para las personas que se entregan a este tipo de dinámicas la clave está en creer, no en someter a crítica y constatar. Alguien ocurrente propone una explicación que le parece verosímil y que encaja en el marco ideológico y conceptual mantenido por el grupo anteriormente y el resto la adopta inmediatamente como verdadera. Lo cual, en epistemología, recibe el nombre de inductivismo contagioso. Desde un punto de vista sociológico, no existe estrategia más exitosa para lograr a corto plazo altos grados de cohesión social con un mínimo esfuerzo. Todos los líderes religiosos de la historia lo han practicado con éxito.

A la larga, como se ve, las perspectivas trascendentales, o religiosas, acaban confluyendo en una serie de cuestiones básicas de las cuales hay una que a mí, como científico, me parece que hay que evitar: la censura y el rechazo de la crítica, y por tanto del contraste. En este sentido, la prueba final de que este no era mi sitio me vino poco antes de irme, cuando una de las organizadoras, un tanto incómoda, dijo mirando hacia donde yo estaba “no hay que juzgar, hay que aceptar”. Claro, lo que tú digas. Así se acaba con cualquier disidencia de un plumazo. Qué simpática.

No. Ésta ha sido una experiencia fallida.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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2 respuestas a Constelaciones familiares: el problema de las aproximaciones inductivas contagiosas

  1. elena dijo:

    Aquí una incrédula confesa que también asistió a una sesión de constelaciones familiares, con toda mi incredulidad a cuestas, y sin embargo me pareció muy interesante. Nada “milagroso”, como también había escuchado alguna vez, pero sí útil y esclarecedor en un aspecto muy importante para mí. Resumiendo: me sirvió para ser más consciente de que una persona de mi familia a la que yo culpaba de muchas cosas también arrastra y lidia como puede con una herencia familiar nada fácil. Siendo algo tan evidente, había aspectos que yo nunca había visto. Sin milagros, pero me sirvió.

    Me da que en estas cosas depende todo de las expectativas y de quién lo proponga… mal comparado, no te apaña lo mismo un masaje dado por un buen profesional que por otro que presume de serlo después de haberse hecho un par de cursillos, y me da que en esto de las constelaciones familiares, como en todo “lo alternativo”, abundan los farsantes y los iluminados.

    Mi sesión fue en un centro de salud mental que dirigen dos psiquiatras (¡y no hace falta andar demasiado grillado para recurrir a eso!), donde una de las psicólogas del equipo propone de cuando en cuando una sesión de constelaciones familiares sin que el resto del gabinete (psiquiatría y psicología de la tradicional) ponga el grito en el cielo… al contrario. Por cierto que ella ni sabía ni quería saber nuestra historia ni los motivos que nos animaron a participar, cada uno adoptamos el rol de una persona de la que prácticamente sólo sabíamos el parentesco que tenía con “el protagonista”, y la psicóloga condujo todo el asunto con (me pareció a mí) mucha cordura, descartando aspectos que consideraba no se podían tratar así y huyendo de la lágrima fácil… tan fácil de despertar cuando se tocan ciertas teclas. Fue mi experiencia… Un saludo

  2. Gracias por comentar, Elena. Es curioso, pero se diría que nosotros dos asistimos a sesiones de técnicas que tienen poco que ver la una con la otra. Yo no acudí a la mía con expectativa ninguna, así que imagino que las diferencias deben estar en las personas responsables de las sesiones. Como dices, en toda la esfera de lo “alternativo” abundan los farsantes, dicho sin ánimo peyorativo; muchos de ellos ni siquiera sospechan que lo son. Además, los hay que se mantienen al margen de las consideraciones de tipo religioso, pero la mayor parte tiene una tendencia bastante acusada a vincular sus discursos terapéuticos con lo sobrenatural. Y, desde mi punto de vista, echan todo a perder. Por un lado, porque no hay ninguna razón para hacerlo; por otro, porque cuando se hace es inmediato sospechar que esta vinculación trata de encubrir algún engaño. Cuando además ya no te responden las preguntas, sino que te sugieren que creas y no seas crítico… pues qué más se puede decir.
    Si, como escribí en el fondo el taller de constelaciones familiares me recordó bastante a sesiones de terapia de la conducta a las que he asistido, generalmente como simple interesado. Cuando se enfoca el asunto desde una perspectiva psicológica ha de dejarse de lado la vertiente religioso-supersticiosa, y entonces puede proporcionar resultados prácticos tangibles. Tengo un par de experiencias personales análogas, no con esta técnica sino con terapia craneosacral y con reiki. No podría asegurar al 100% que mi mejoría evidente no se debiera a efecto placebo; pero que hubo mejoría no se puede discutir. Y además radical y rápida. Probablemente es que seguimos ignorando el enorme poder de la mente bajo determinadas circunstancias.
    En cualquier caso, es innegable que hay determinados comportamientos que se aprenden y que pasan por tanto de padres a hijos, como si se hubiesen heredado (herencia extrasomática, lo llaman algunos). Su estudio sistemático y riguroso puede aportar soluciones efectivas a diferentes padecimientos, sobre todo psicosomáticos. Eso es indudable.
    Gracias de nuevo por participar. Espero leerte alguna vez más por aquí.

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