Actias isabelae, la mariposa más bella y fascinante de Europa

Yerai Monasterio, el alma mater de Zerynthia, asociación española para la conservación de las mariposas, ha tenido la deferencia de encargarme un breve prólogo para el libro de síntesis sobre Actias isabelae que está editando el MAGRAMA. Eso es clara indicación de que me voy convirtiendo en un “viejo dinosaurio”. El texto ya está aceptado y a punto de ser publicado, si no se ha publicado ya. Así que aquí lo dejo, aderezado con unas fotos.

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Que le inviten a uno a escribir el prólogo de un libro sobre Actias isabelae (Graells, 1849), o Graellsia isabelae, como se la venía conociendo hasta hace bien poco, representa un privilegio indiscutible. Tanto, que no sabe uno muy bien cómo empezar; tal es la cantidad de recuerdos, emociones y reflexiones que se le agolpan por los interiores. Lo es, además, en este caso, porque durante las últimas décadas se ha venido trabajando con intensidad sobre diferentes aspectos de este satúrnido, de manera que se disponía ahora mismo de un cuerpo de datos sobre su biología, distribución, estructura genética de las poblaciones y taxonomía suficiente como para alumbrar una obra importante de síntesis puesta al día. Esto es, sin duda, lo que representa esta publicación, escrita con rigor pero en un idioma suficientemente asequible al lector medio.

Actias isabelae es un lepidóptero fascinante, sin lugar a dudas. Aun siendo nocturno, no solo ha sido calificado como “la mariposa más bella de Europa” en diferentes ocasiones, sino que además presenta un área de distribución tan restringida que durante mucho tiempo se consideró un endemismo emblemático del área ibérica, a pesar de haberse encontrado en algunos enclaves del sureste francés. Por otro lado, la historia de su descubrimiento, relativamente reciente, contiene elementos sorprendentes, casi fantásticos, como se describe a lo largo del libro. ¿Cómo pudo pasar desapercibida tanto tiempo una especie tan llamativa, tan grande y localmente tan abundante? No es fácil de explicar.

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Lámina correspondiente a la descripción original de “Saturniaisabellae (sic.), tal como fue preparada por Graells (y según parece modificada, en cuanto a la grafía del nombre específico, por Fairmaire, editor del boletín de la sociedad entomológica francesa; Graells escribía siempre “isabelae“)

No puedo menos que resumir algún hecho que para mí fue crucial. Allá por 1964, siendo yo un niño, la editorial Selecciones del Reader’s Digest sacó a la luz un libro espectacular titulado “El fabuloso reino animal”. En 6 partes y un total de 22 capítulos, el libro ofrecía un amplio abanico de 96 textos independientes, magníficamente ilustrados, sobre la diversidad animal, centrándose tanto en especies o grupos taxonómicos concretos como en procesos biológicos. Representó para mí todo un libro “de cabecera”, indispensable por aquel entonces, cuando no era más que un pequeño aprendiz de naturalista, que acababa de reunir su primera (y destartalada) colección de mariposas. La parte 3ª, como compruebo ahora mismo con tanta emoción como cuando era chaval, porque sigo conservando el volumen en mi biblioteca, llevaba por título “Una colección de prodigios”. En el capítulo I se incluía un breve ensayo titulado precisamente “La mariposa más bella de Europa”, escrito por quien era por aquel entonces la máxima autoridad de la lepidopterología ibérica, Ramón Agenjo Cecilia, y basado parcialmente en otros textos de título semejante publicados por el mismo autor en 1943 y 1945 en las revistas Eos, del Instituto Español de Entomología, y Arbor, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Dicho ensayo captó inmediatamente mi atención, y debí leerlo y releerlo decenas de veces. Las fotografías de la mariposa me impactaron profundamente, sobre todo porque ya había tenido el emocionante placer de ver algunos individuos preparados en la exposición que el Instituto Español de Entomología mantenía en el piso superior del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Algunos años después, entre 1970 y 1972, tuve la fortuna de hallar y recolectar numerosos ejemplares en el campo, sobre todo machos, en compañía de mi amigo Toni Geiger, quien ya por entonces tenía un grupo electrógeno y una bombilla de vapor de mercurio. Con él recorrí en bastantes ocasiones los alrededores de San Rafael, en Segovia, de Tragacete, en Cuenca, y de Orihuela del Tremedal, en Teruel, y aprendí a disfrutar y valorar esta joya entomológica, así como a criarla. Por lo que nosotros leíamos y por nuestra corta experiencia personal, sabíamos que la “graellsia”, o “isabelina”, como la llamábamos indistintamente, se localizaba en pinares de pino silvestre y laricio de las montañas del centro de España, generalmente por encima de los 1 000 metros. Cuál no sería mi sorpresa, y puede imaginarse mi emoción y sobresalto, cuando el 10 de mayo de 1972, al haber terminado de recorrer las luces del alumbrado público del pueblo de Trillo, en Guadalajara, en busca de noctuidos, mi grupo de lepidópteros predilecto, regresé a la parte baja del jardín de casa, donde tenía colocada una bombilla de vapor de mercurio de 500W, recién adquirida aquel año, y ¡me encontré un macho en la sábana! No podía creerlo. Como después fui comprobando, según pasaba el tiempo la graellsia fue descubriéndose cada vez más en localidades situadas a menor altitud. Quizá favorecida, pensaba yo entonces, por la política de reforestación creciente con pinos silvestres.

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Primer individuo de Actias isabelae recolectado en Trillo (Guadalajara), el 10-5-1972, con lámpara de vapor de mercurio de 500 w. Coll. J. L. Yela (ICAM, UCLM, Toledo).

Durante los años 80, ya con grupo electrógeno propio, descubrí un sinfín de poblaciones en Guadalajara, hacia el Alto Tajo, algunas en el mismo término municipal de Trillo. Durante los 90 entré en contacto con las poblaciones del sureste ibérico, mientras llevaba a cabo trabajo de campo en la sierra de Cazorla (Jaén). Simultáneamente, en 1992, tuve la suerte de poder formar parte del tribunal que evaluó la tesis doctoral de Josep Ylla, la primera íntegramente dedicada a esta especie, “Biologia del saturnid Graellsia isabelae (Graells, 1849)”, en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde de nuevo la fortuna me sonrió al poder compartir estrado con uno de mis personajes más admirados, Ramón Margalef. De nuevo, la emoción a flor de piel. De nuevo, gracias a la “graellsia”. La tesis de Josep se publicó unos años después, convenientemente corregida y ampliada, en lo que podemos considerar la primera monografía sobre la biología de Actias isabelae (Ylla i Ullastre, J., 1997. Història natural del lepidòpter Graellsia isabellae (Graells, 1849). Institut d’estudis catalans, Barcelona).

Cuando uno va cumpliendo años, va adquiriendo la tendencia a contar anécdotas; es casi inevitable. Reconociéndolo, no me gustaría hacerme pesado, y no me voy a extender mucho más. Simplemente voy a mencionar el espectáculo sin parangón que representa, para cualquier amante de la naturaleza, la observación de los machos en vuelo. Describo brevemente la escena como la he vivido numerosas veces, para quien desee experimentar unos momentos inolvidables. En alguno de esos atardeceres de la primavera tardía, a finales de mayo o principios de junio, dependiendo de la localidad y del clima del año, instalémonos en un pinar de Pinus silvestris o Pinus nigra de cualquiera de los sistemas montañosos donde sabemos que existe la especie. Situémonos justo debajo de la copa de algún pino alto, en algún lugar donde claree un poco la vegetación (porque si es demasiado densa puede que no tengamos suficiente visión de la escena). Esperemos en silencio a que la tarde se convierta en noche, sin despegar la vista de las copas. En algún momento dado, entre dos luces, un macho pasará volando nerviosamente, recordando el vuelo de un murciélago. Luego pasará otro. Y otro. Y otro más. Si estamos en el sitio adecuado en el momento oportuno, llegará un instante en que, por entre las copas de los pinos circundantes, se estarán moviendo un buen número de estos supuestos “murciélagos”. Los machos de “graellsia estarán compitiendo  frenéticamente por encontrar, entre las acículas de las ramas medianas y altas, o en las propias ramas, a las hembras, que, quietas, aguardarán su llegada emitiendo feromona. Merece la pena intentarlo.

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Caja con machos de Actias isabelae del Sistema Ibérico (Cuenca y Guadalajara). Coll. J. L. Yela (ICAM, UCLM, Toledo).

 

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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