Emoción en estado puro

7 de la tarde. Biblioteca del Alcázar, Toledo; un lugar recogido, entrañable, de recuerdo vibrante. Un hilo conductor: la palabra. Ghaleb Zarah Khatib, mi amigo poeta, presenta su libro “Campanas de Damasco”, de la mano de Jesús Muñoz Romero, de la Editorial Ledoria. Ghaleb es sirio. De Alepo.

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Ghaleb, a la izquierda; Jesús, a la derecha.

Es difícil describir la honda emoción que embarga el acto. Ghaleb habla, lee, recita; pero su voz se quiebra en numerosas ocasiones por las lágrimas. Es demasiado el horror que sacude su tierra. Nuestra tierra, la de todos; aquella a la que él dedica sus textos. Es infame lo que los humanos somos capaces de hacernos a nosotros mismos, a lo que alude explícita o implícitamente una y otra vez. Pero, por otro lado, es excelso cómo algunos son capaces de responder, tejiendo armonías de seda de color con la palabra. De seda que a veces se vuelve tensa, firme; la poesía, como recuerda Ghaleb, está firmemente anclada al suelo, a la realidad del día a día, de forma que puede y debe ser comprometida. Ghaleb pone voz a la tragedia que, con lucidez, achaca en primer lugar al tirano Assad y a sus secuaces, y en segundo lugar a todos los demás actores que, guiados por los sentimientos más bajos y asesinos, pretenden afianzar posiciones de hegemonía sobre aquella tierra de larguísima historia. Recurriendo a un lenguaje metafórico, repleto de símbolos, y al compás de sus poemas, repasa algunos capítulos importantes de su vida y de su manera de sentirla y concebirla. Así, comenta la dialéctica entre peones y reyes en relación con la barbarie a que Assad somete a su pueblo y recuerda que todos somos reyes, aunque sean solo algunos los que hagan ostentación de ese papel en virtud de su fuerza bruta y de la imposición de sus criterios. A lo largo de su discurso florido, sereno, vibrante y firme aparecen dos hilos conductores principales: la alegoría del agua, tan importante para los pueblos semitas, símbolo de la fuerza, la pureza y la transparencia, componente principal e indispensable de la vida, y usada recurrentemente por los seguidores de todos los credos en los rituales más importantes; y la del Cristo. Pero obviamente no como personaje supuestamente real (https://joseluisyela.wordpress.com/2016/12/26/el-simbolo-y-la-mentira/), sino como “acto”, como dice el propio Ghaleb. La idea del amor  como hilo conductor de los actos personales, que adquieren así un tinte de trascendencia transgeneracional, concebida como el vínculo de cohesión social más potente, y alejada del papel de herramienta de sometimiento, es probablemente el motor más fuerte de integración en lo colectivo y de bienestar y paz en lo personal que haya inventado la humanidad, y emana siempre de aquellas personas de buena voluntad. Personas para las que un presente como el que se está viviendo en Siria resulta abrumador e insoportable.

“Entre tristeza y tristeza, entre llanto y llanto, van naciendo las palabras que agonizan en la garganta y agitan todo el mal en el alma. Así es el hombre, golpea como las olas en el mudo acantilado. Pero yo, como ser humano, no puedo no sentir, no llorar; no dejarme llevar por la palabra ahora que el verso agoniza.

Insisto, yo abrazo el verso aunque me lleve hacia un desconocido destino, sé que mientras me amarre a él sentiré y padeceré. Sé que mientras la palabra me nazca firme y aguda me arrancaré la ira y aplastaré la rabia. Será mi arma. Este arma no hiere la piel y sana mis aires de venganza.

Los versos son la eterna campana que suena y sonará siempre; mis versos serán las campanas de Damasco, las que verán de nuevo nacer la voz del nazareno de la tierra del Sham, Siria, que sigue enseñando al mundo cómo sujetar la cruz. Amén.”

Tremendo, cuando en mensaje brota del corazón y al margen de cualquier tendencia manipuladora de las sectas mayoritarias de la actualidad. Palabra. Corazón. Esencia.

Cuando Ghaleb me ha mirado y me ha cedido la palabra, como ha hecho con unos cuantos de los asistentes al acto, no he podido responder. “Aquí tenéis un trabajador de la palabra que queda mudo de pura emoción.” En silencio recogido y envuelto en lágrimas.

Ha sido una tarde conmovedora.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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