Autorretrato

“[Formar un grupo me salvó] de la fábrica. Veo a los de mi cuadrilla y son unos viejos. Pero yo en una fábrica habría tenido su mismo declive o peor. Eso mata mucho.” Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records.

Seguro que algo así les suena a muchos de mis allegados. Mis cuadrillas han ido desapareciendo, fagocitadas por la devastadora dinámica de lo “normal”, lo “correcto”, lo “sensato”, lo “oportuno” y lo “esperable”. Anquilosados y despedazados por la alienación de una vida de sometimiento al gris. Si yo sobrevivo es porque estoy donde estoy, a pesar de mis tropiezos: de frente a la apisonadora. Frente a la corriente. Inasequible a los discursos interesados y sectarios de los supremacistas de todo pelaje, los de la razón y los de la emoción. Trabajando en la universidad, pero ejerciendo de pensador, de crítico, de poeta de la ciencia, ajeno a las trapacerías y movimientos de las bandas clientelares. Como si no tuviera trabajo, en el sentido alienante de la palabra, porque hago básicamente lo que quiero hacer, y tengo la inmensa suerte de estar aprendiendo constantemente. Y lo hago sujetando mi libertad, o lo que haya de ella, en una mano, mientras con la otra sujeto mi guitarra, la azada, el libro, el lápiz, el pincel, la biología y el conocimiento, en general. Lo hago escribiendo esto, y poniéndome de pie cuando alguno de los de alguna de mis cuadrillas regurgita -pobre-, convenientemente adobado, algo de lo que se le ha trasplantado directamente a la sustancia encefálica desde la televisión, desde los periódicos, desde los púlpitos, desde las soflamas de los iluminados delirantes, desde los suburbios sociales del intelecto o desde esas aulas donde proliferan doctores, si, pero inanes, despojados de su mismidad. Defendiendo, en una palabra, mi dignidad.

La dignidad, y como consecuencia la inquietud y el afán de saber y de experimentar, de indagar en lo profundo y arcano y de descubrir lo que no es evidente, de leer, de dialogar, de compartir, de someter a crítica y contraste. Eso es lo que te mantiene mentalmente despierto; ese es el único secreto de la juventud de espíritu. Si reniegas de ella, estás muerto. Por eso todos los que han muerto en vida no soportan que siga hablando como lo hago.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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3 respuestas a Autorretrato

  1. Recuerde aquello del viejo Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia”
    Personalmente, soy evolucionista y me reconozco en mi perfeccionamiento y no en mayestática posición primera.

  2. “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Ortega era también evolucionista, en el sentido que le das aquí; hablaba de ir transformando la circunstancia personal como modo de enriquecimiento personal paulatino. Al fin y al cabo, ambas frases tuyas se entrecosen la una con la otra.

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