Neocolonialismo, ultracapitalismo y crímenes ¿colaterales?

Hace cuatro meses fue asesinada la activista hondureña y defensora de los derechos de los pueblos indígenas suramericanos Berta Cáceres, en circunstancias extrañas. Todo hacía pensar, sin embargo, que la muerte se debía a las consecuencias de las luchas entre indígenas y grandes empresas transnacionales, que pagan ingentes sumas a los gobiernos locales por hacerse con grandes extensiones de territorio. Ahora cabe ya poca duda de que detrás de este crimen están los abusos de dichas empresas. Porque hace dos días ocurrió otra tragedia semejante: Lesbia Yaneth, compañera de Berta, apareció también asesinada. Cabe recordar que solamente en 2015 fueron asesinadas 185 personas por su defensa de los derechos de los indígenas y por la defensa de la naturaleza en aquellos lugares, de entre los menos perturbados del planeta. Al hilo de estos hechos he comentado en Facebook:

El proceso es en realidad muy simple, y lleva ya varias décadas en funcionamiento. Su virulencia actual va aparejada al deseo de los países ricos de hacerse con los recursos de los menos ricos en términos de desarrollo industrial. Es lo que se llama neocolonialismo, un aspecto clave del deterioro ambiental y social global, apenas reconocido y valorado por todos aquellos que vivimos en el “primer mundo” y que, antes de enfrentarnos a la realidad de los hechos, preferimos mirarnos el ombligo y divagar sobre cuestiones teóricas, modelos de crecimiento y otras gaitas.

 El asunto empieza con un viaje de un presidente, o equivalente, de un país rico a uno “en vías de desarrollo”, y con la firma de un convenio comercial entre éste y el presidente de aquel país, o sus ministros correspondientes. Estos tratados dan cobertura a grandes empresas, que son generalmente, pero no necesariamente, transnacionales, que compran extensiones de terreno más o menos grandes donde explotar aquello que tengan en mente (cauces para construir presas, como pretende Florentino Pérez en el río Cahabón de Guatemala ahora mismo; terrenos para convertirlos en monocultivos intensivos, la mayor parte de las veces de agrotransgénicos, como hace Monsanto, y como caso paradigmático podría ponerse el de la arrasada Argentina). A esto lo llaman “ayuda al tercer mundo en su desarrollo”, con no poco cinismo o lerda inconsciencia. Un problema importante se presenta cuando los lugareños que habitan dichos terrenos no quieren venderlos, o cuando simplemente son tribus sin mucho contacto con la civilización industrial. Ellos siempre han vivido allí; es su lugar de origen, allí está su hogar y sus raíces. Sin embargo, las empresas occidentales, al haber pagado por la tierra, se creen en el derecho de echar de allí a aquellas personas. En consecuencia, en relación con este proceso de pérdida de las tierras por parte de sus ocupantes originales han surgido todo tipo de mafias, que no dudan en acabar con la vida de aquellas pobres gentes. En ocasiones, como se está viendo, también acaban con la vida de quienes las defienden. Sin contemplaciones. Eso, cuando no son la policía o el ejército local los que echan de sus tierras a quienes vivían allí. Puede uno imaginarse fácilmente todo lo que ocurre por detrás.

¿Quién es responsable, pues? ¿Qué se puede sentir y pensar cuando 107 premios Nobel, probablemente ignorando gran parte de la historia, firman un manifiesto condenando a Greenpeace por luchar contra el vil comercio de los agrotransgénicos (http://supportprecisionagriculture.org/Spanish_version.txt), en un alarde de demagogia supino y tachando la actitud de Greenpeace de criminal, habiendo sido ésta la organización que más se ha enfrentado a los abusos de los poderosos y que más se ha distinguido en la defensa del medio natural (http://elpais.com/elpais/2016/07/08/opinion/1467991851_388221.html?id_externo_rsoc=TW_CC)? Este es un mundo sin piedad  y sin sentido, en el que el capital pasa por encima de todo, gestionado por los más poderosos, que no dudan de utilizar cualquier estratagema para poner de su parte incluso a quienes más beligerantes deberíamos ser: los científicos, que no solo deberíamos tener una formación mucho más extensa, sólida y crítica de la que muchos hacen gala, sino que deberíamos saber distinguir entre la “verdad” que nos revelan nuestros experimentos y las repercusiones sociales de nuestra actitud. Para mayor sarcasmo, como sabemos todos quienes tenemos alguna idea sobre epistemología o historia de la ciencia, ésta demuestra “evidencias” (aporta pruebas, en realidad), pero la ausencia de evidencia jamás se puede argüir como prueba.

El proceso anterior está descrito en multitud de publicaciones de índole sociológica. Pero yo no lo conozco solo por eso; he visto con mis propios ojos parte de algunos episodios, en concreto en Perú, en 2010. Así que de alguna forma sé de lo que hablo de primera mano.”

Anuncios

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
Esta entrada fue publicada en Sociedad, economía y política. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s