Malos tiempos para la Universidad

Estoy decaído. Siempre que toca corregir exámenes me pasa igual. Tantísimo esfuerzo, tantísimas horas de lectura y síntesis, tanta ilusión puesta en transmitir conocimientos de forma original y amena… para estos resultados. En primer curso, la mitad del alumnado suspendido. Cuatro notables. Ningún sobresaliente. Si, por supueso, la dinámica de los exámenes y de las calificaciones y su misma naturaleza es nefasta, especialmente en cursos numerosos. Pero algo indica esto. Algo nada positivo.

Y todo, además, en un marco general de lo más desesperanzador, en el que los clanes clientelares tratan de desacreditar como pueden y sin descanso el modelo docente e investigador que yo defiendo, incluso afirmando con total desparpajo y vileza que mis apuntes están obsoletos e ignominias parecidas. Les molesto. Les irrito. Les saco de su cómodo esquema lineal.

Malos tiempos para la Universidad en su sentido más puro y amplio, y para el conocimiento como patrimonio público en general. Buenos tiempos para la tecnolatría y la mendacidad de las élites, destinada a controlar la dirección de aplicación de las técnicas hacia el productivismo intensivista, basado en una cosmovisión puramente mecanicista, reduccionista y completamente cegata. Buenos tiempos para el oportunista que viene aquí a sacarse un título, y no a formarse como algo más que un meteclavos o sacamuelas. Buenos tiempos para el que medra a la sombra del más listo y eficaz. Para quien piensa en el escalafón.

Y dan igual todos los diagnósticos, algunos de ellos muy lúcidos (por ejemplo, https://joseluisyela.wordpress.com/2016/03/11/universidad-y-sociedad/), sobre los males de esta institución. Completamente igual. No hay ninguna intención seria de cambiar las cosas de raíz. Y si la hay, lo es para mercantilizar y trivializar más la Universidad, si cabe. Para que acabe sirviendo más a ese engranaje que rinde pleitesía al capital y que, bajo mil justificaciones, a lo que aspira es a controlar más recursos, a amasar más poder, a fomentar más la loca carrera hacia ninguna parte… a destruirlo todo antes. La tecnolatría es la nueva religión que no deja resquicio a la meditación seria y sistemática, cuyo becerro de oro se ha adueñado de la institución. De arriba abajo, sin paliativos. Solo sobreviven algunos héroes. Y algunos derrotados, como yo mismo.

Qué pena. Qué horrible pena.

(Y lo más cojonudo es que me leen, todos, que lo estoy viendo en las estadísticas, pero ni uno solo osa entrar al debate. O lo dan por perdido, como yo mismo, en cuyo caso no tenemos perdón; o me dan por perdido a mi. Esto último no puedo interpretarlo, porque puede ser hasta razonable; ya le valía entonces a alguno echar un capote… Ná, vivimos en el puto mundo en el que vivimos, y esto es lo que hay. A pastar. Que es productivo y efectivo.)

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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