Defensa de la terapia profesional responsable y de la medicina pública

Hace dos días sufrí un tirón bestial a la altura de la cresta iliaca izquierda. Ayer me pasé cuatro horas en Urgencias esperando que me atendieran, hecho polvísimo y con un dolor cada vez más agudo en la pelvis. Por último, me reconocieron en cosa de 5 minutos. El reconocimiento creo que fue preciso y acertado, aunque el trato distante. Además, nada de indagar en las causas o explicar las consecuencias; simplemente, me extendieron una nota con ¡cinco! medicamentos que debo tomar. Una inyección calmante, y para casa. Que pase el siguiente.

Esa es, precisamente, la diferencia con la medicina no convencional, o al menos con aquella en la que yo tengo confianza. La persona que yo considero mi terapeuta actual me recibe en una consulta donde se respira tranquilidad y recogimiento, y desde el primer momento centra su atención no en el síntoma, sino en mí como persona que siente, piensa y sufre. No trata de buscar un remedio para dicho síntoma como cuestión prioritaria, sino que trata de entender, y de razonar conmigo, cuáles son las causas del dolor en el contexto de mi historia clínica personal. El objetivo es entender por qué me ocurre lo que me ocurre, no solo para paliar el síntoma sino para corregir la causa, que es la única forma viable de prevenir su repetición con la mayor probabilidad de acierto. Naturalmente, cada consulta dura entre hora y hora y media; pero no solamente salgo de ella con un remedio, sino además con la convicción de haber conocido mejor mi cuerpo y sus reacciones, de forma que yo mismo puedo intentar prevenir las causas de aquellos males de los que he sido tratado. Obviamente, mi terapeuta es doctora en medicina; es decir, sabe perfectamente lo que hace y por qué lo hace. Pero, reconociendo plenamente la validez y vigencia de los métodos clínicos de la medicina convencional, no solamente ofrece un trato personal exquisito, y que yo creo que es indispensable, sino que además recurre a métodos llamados «alternativos» de curación cuando advierte que pueden ser útiles, ya sean por si mismos o como complemento de los convencionales. A veces, todo lo que hay que hacer es recurrir al placebo, y no reconocerlo es una bobada. Otras veces, el placebo no vale para nada y hay que actuar mucho más expeditivamente; en esos casos, se hace y ya está.

El problema es que si uno tiene un «accidente laboral» como el que supuso mi tirón tiene uno que acudir necesariamente a Urgencias, porque así está establecido. De donde normalmente solo sales empastillado o con unas cuantas recetas bajo el brazo, que atajan el mal pero no resuelven las causas.

Dicho sea de paso, aunque como funcionario me corresponde usar Muface, no me he adscrito a ninguno de los seguros privados con los que tiene convenio, sino que he seguido usando el servicio público. La Seguridad Social funciona mal, pero funciona; después de las cuatro horas de calvario, conseguí un tratamiento eficaz, al menos, y como yo, todo el resto del personal que allí se agolpaba, independientemente de su condición social. Ya que soy un defensor declarado de lo público no me parece de recibo utilizar un seguro privado. Otra cosa diferente es acudir a un terapeuta particular, que te brinda sus servicios a través de una empresa pequeña o como autónomo, no a través de una megaempresa dedicada a comerciar con la salud de sus clientes (que no pacientes).

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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