La diámica new age: la buena voluntad y la confusión

En relación con la dinámica neorromántica new age, tan en boga hoy día en ciertos círculos, un asunto que me parece crucial es la inconcreción de muchos términos, o dicho de otra forma, la dificultad de la identificación de muchas palabras con hechos concretos. ¿Qué es exactamente fluir, como se dice? ¿Qué es eso de la resistencia de la mente? ¿Qué es bloqueo? ¿Qué quiere decir que todo es perfecto, o que todo es como debe ser, como si todo estuviese predeterminado y nosotros sometidos al destino?

Durante los últimos años me he acercado mucho a este mundo y he practicado meditación profunda, reiki y yoga, y los practico, y obviamente sé de sus beneficios (sean debidos a unas causas o a otras, que esa es otra cuestión). Pero la jerga buenista postmoderna en torno a esas prácticas, inspirada en conceptos orientales, a mi me resulta, en general, innecesaria y en ocasiones hasta molesta, porque es confusa y entra en contradicción con los términos de uso corriente, y es evidente que hay personas que usan algunas expresiones para aludir a percepciones que no son las que sienten o entienden otras personas bajo el mismo nombre. Para muestra, pongamos ahora el botón más representativo, el de “energía”; la acepción new age no tiene apenas nada que ver con la convencional (ni la de cuántica, no hay más que ponerse seriamente a investigar en ello). Dicho con todo el respeto del mundo, vaya eso por delante; no quiero que se me confunda, como ocurre con tanta frecuencia.

No hay duda de que cuando alcanzas ciertos niveles de ensimismamiento y relajación gracias a la respiración profunda y a la quietud de la mente te sientes no ya solo mucho mejor, sino que puedes incluso experimentar situaciones de trance, a las que algunas personas llegamos con relativa facilidad. Y en esos estados pueden ocurrir situaciones que otros dan por milagrosas, por supuesto. Ahora bien, asimilar esos procesos con “amor” (cosa que hacen algunos de mis colegas) es opcional, y yo, sinceramente, no lo veo. En general, que expreses o no un estado de empatía o amor por lo que te rodea tiene más que ver con tu propia convicción o inclinación personal sobre lo que es más conveniente o gratificante y lo que no. Aparte de eso, durante la meditación o el trance puede que sientas que nada te molesta o que todo es bello, lo cual es simplemente una percepción circunstancial, producida por un estado concreto de la mente. Tampoco entiendo en absoluto que los “componentes del yo” se relajen, letanía también muy repetida. ¿Cuáles son esos componentes, aparte de sensaciones subjetivas intransferibles, de manera que a lo que se lo llamas tú puede que otros lo llamen de otra manera? Y, ya puestos, ¿cuál es el sentido de las cosas? Pretender que se puede descubrir el sentido de las cosas a través de sensaciones que representan estados alterados de la mente es, ya puedo afirmarlo después de unos cuantos años adentrado por estos mundos, bastante ingenuo. Aparte de todo esto, hay una cuestión que he discutido mucho con mis colegas: yo no solamente no veo la razón para intentar “huir del efecto de la mente”, dejándola en blanco (¿qué es lo que no es efecto de la mente, cuando hablamos de comportamiento?), sino que dicha actitud me parece peligrosa como estrategia de vida, como algunos sugieren que nos la plateemos, aparte de contraria a lo que defiende, por ejemplo, el budismo vipassana. La mente racional nos dota de sentido para realizar prácticamente todas las actividades que llevamos a cabo, y “bloquearla para fluir” no puede tener efectos positivos que no sean los inherentes al momento. Bloquearla o someterla sistemáticamente a la acción involuntaria de intuición y sentimientos significaría convertirnos en seres vegetativos, o poco más. La mente racional ha evolucionado por algo, y parece absurdo tratar de prescindir de ella. Es cierto que apaciguar su actividad es útil para “observarla” con los “ojos” de la propia mente y para entenderla, de alguna forma; pero una cosa es apaciguarla y otra cosa es “liberarte de ella”. En realidad, la actitud que nos hace más libres y completos es la que supone responder con lo que hoy día se llama inteligencia emocional, armonizando mente y emoción.

Y no hay nada peyorativo en mis argumentos: estoy metido de lleno en todo esto, y sé de lo que hablo con alguna precisión, desde luego mayor que la de quienes opinan desde fuera (a veces, con una arrogancia y un desprecio inauditos). Sé de qué va esto, y al mismo tiempo que veo personas extraordinariamente honestas y entregadas a buscar la verdad con sinceridad por estos caminos, veo muchas otras que acaban sugestionándose y elaborando justificaciones muy poco realistas e irresponsables para sus acciones, cuando no utilizan éstas para confundir a los demás en su propio beneficio. Oportunistas hay en todas partes.

En definitiva, creo que no hay nada más satisfactorio que ser uno mismo, procurando los mayores niveles de estabilidad interna a base de lectura, meditación, espíritu crítico y cultivo de la inteligencia emocional. Sin más. Ni menos.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
Esta entrada fue publicada en Abriendo puertas, Reflexiones y escritos. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a La diámica new age: la buena voluntad y la confusión

  1. Rafa Hernández dijo:

    Como practicante habitual de meditación, no puedo sino adherirme a tus palabras. Me da un soponcio cada vez que alguien me habla de «energía» (no conozco otro concepto que el de la física) o de «dejar la mente en blanco». Al menos desde mi perspectiva, meditar es lo opuesto; permitir que el pensamiento se adueñe de nuestro cuerpo sin inteferencias para que la razón y no el instinto ( o ese ente indeterminado que denominan «sensaciones»), adquiera el control de nuestras vidas. Lo demás, desde el respeto, me parece homeopatía espiritual. Gran artículo compañero.

  2. Salvador dijo:

    Realmente disfrute mucho tu análisis, me alegra saber que hay personas analizando la realidad que nos rodea con el mas puro sentido de la sensatez, y es que nada puede ser y a la vez lo es todo, en lo personal me cuesta trabajo llegar a puntos de mente en cero, cada que estoy en momentos muertos mi mente busca encontrar sentido y lógica en relación al origen de nuestra conducta.

    • Muchas gracias por pasarte por aquí, por ser receptivo al mensaje y por contribuir.
      Si, llegar a «puntos de mente en cero» es difícil, o quizá imposible. En realidad, de lo que se trata es de tranquilizar la mente, de evitar que tus pensamientos se apoderen de tu dinámica vital por un rato. Si uno se lo plantea así, es mucho más fácil. El hecho de usar velas tiene que ver precisamente con eso, y no hay por qué buscar connotaciones religiosas; uno se relaja en penumbra con los ojos cerrados, y centra su atención en el punto luminoso que percibe delante, a través de los párpados. Una vez que uno aprende a tranquilizar la mente, poco a poco va adquiriendo capacidad de entrar en trance a través de la relajación profunda acompañada de respiración igualmente profunda. En esa situación, la mente ya «funciona por libre», en un proceso que debe ser semejante al de los sueños; es posible que el neocórtex reduzca mucho su actividad y que se active el llamado «cerebro reptiliano» o complejo-R. Esto último es una conjetura mía, basada en mi propia experiencia.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.