El mito del progreso humano y la inevitable asunción de la catástrofe ambiental: del drama general a la tragedia personal

“El mito del progreso humano”, de Chris Hedges

El texto entero puede leerse en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162459. Selecciono y comento algunas frases:

“Hay un patrón de desgaste de los recursos naturales, sobreexplotación del medio ambiente, expansión desmedida y sobrepoblación que se repite en las diferentes civilizaciones del pasado”, sostiene Wright [Ronald Wright, Breve historia del progreso]. “Según el patrón, las sociedades tienden al colapso poco después de alcanzar el periodo de mayor magnificencia y prosperidad. Ese patrón se repite en numerosas sociedades: los antiguos romanos, mayas y sumerios del actual sur de Irak. Hay muchos otros ejemplos, incluyendo sociedades a menor escala como la Isla de Pascua. Las mismas causas de la prosperidad de las sociedades a corto plazo, especialmente nuevas formas de explotar el medio ambiente como la invención de la irrigación, conducen al desastre a largo plazo debido a complicaciones que no se pudieron prever. A esto lo llamo “la trampa del progreso” en el libro Breve historia del progreso. Hemos puesto en movimiento una maquinaria industrial de tal nivel de complejidad y dependencia en la expansión que no sabemos cómo arreglarnos con menos ni cómo lograr estabilidad en relación con nuestra demanda de recursos naturales. Hemos fracasado en el control de la población humana. Se ha triplicado en el curso de mi vida. Y el problema se agudiza por la brecha creciente entre ricos y pobres, la concentración de la riqueza, que asegura que nunca habrá suficiente para repartir. La cantidad de gente en extrema pobreza en la actualidad -cerca de dos mil millones- es mayor de lo que era la población total del mundo a principios del siglo XX. Eso no es progreso.”

“Si continuamos negándonos a afrontar la situación de una manera racional y ordenada marcharemos, tarde o temprano, hacia una suerte de gran catástrofe”, sostiene Wright. “Si tenemos suerte, será lo suficientemente grande como para despertarnos a nivel mundial pero no tanto como para eliminarnos. Ese sería el mejor de los casos. Debemos trascender nuestra historia evolutiva.”

“Asumir emocionalmente el desastre que nos aguarda, lograr comprender a un nivel visceral que la élite en el poder no responderá racionalmente ante la devastación del ecosistema, es tan difícil como la aceptación de nuestra propia muerte. La lucha existencial más abrumadora de nuestro tiempo es asimilar -intelectual y emocionalmente- esta horrible verdad y continuar resistiendo contra las fuerzas destructivas.”

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Las dos ideas que me parecen básicas son las que he señalado en negro.

Por una parte, como ha sido discutido por tantos biólogos evolutivos y he comentado en múltiples entradas, es indispensable que, mediante mecanismos educativos, de control social, superemos las imposiciones biológicas de nuestra historia evolutiva, o el mismo comportamiento acaparador, competitivo y agresivo del que hacemos gala nos llevará muy rápidamente a la extinción. ¿Es posible lograrlo? Imposible no es; pero sí sumamente improbable. ¿Cómo organizarnos para ello, si la inmensa mayor parte de la humanidad no es consciente de la magnitud del drama y quienes tienen el poder no van a renunciar a sus privilegios, consustanciales a un mundo con profundas desigualdades?

Por otra, la crisis ambiental en marcha es de proporciones gigantescas, aunque los “dichososo” humanos que vivimos en situación de mayor comodidad en el mundo occidental no lo apreciemos como lo aprecian quienes viven en los países más pobres. Además, la situación general que se aproxima, en virtud de la dinámica social humana, ecológica y evolutiva del planeta, será previsiblemente muchísimo peor de la que sufrimos ahora, si no somos capaces de revertir la tendencia. La cuestión clave es, como nos hemos hartado de repetir algunos y como demuestran tozudamente los hechos, que quienes detentan el poder consideran prioritaria la tarea de proteger sus propios privilegios antes que llegar a acuerdos vinculantes y operativos que favorezcan a todos, y al planeta en general. ¿Cómo asimilar esta realidad desde el punto de vista emocional sin venirse abajo? Personas muy allegadas a mí no lo resisten y prefieren no enfrentarse al terrible dilema, y algunas incluso me apartan de su vida al considerar que mis planteamientos son “pesimistas”. ¿Qué hacer, más que seguir trabajando con ahínco para desvelar lo que uno considera que es la verdad y asumir no ya solo el drama global, sino la tragedia personal?

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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5 respuestas a El mito del progreso humano y la inevitable asunción de la catástrofe ambiental: del drama general a la tragedia personal

  1. La realidad que se impone nos recuerda cada vez más vivamente que hay que repensar el mundo tal como lo conocemos.

    El impacto de lo altamente improbable es sencillamente impredecible. Y como sociedad dinámica, adaptar nuestro modo de vida a cada tiempo es fundamental. Estancarnos en la prolongación de la fórmula que antaño sirvió no nos permitirá desenvolvernos en un tiempo presente, y aún menos futuro, como bien enseña la Historia.

    La catástrofe que nos sucede ya ha comenzado sus irreversibles estragos. Aún queda mucho por salvar, pero no será posible siguiendo la destructiva línea de actuación actual. Las poderosas fuerzas que han impuesto la marcha hacia el desastre no van a inclinarse a los valores de conservación natural ni de incentivo de la calidad humana.

    El sistema económico capitalista ha demostrado sacar el lado más oscuro y codicioso del ser humano. Y el sistema político se ha dejado absorber por el mismo. Así, la política prostituida ha puesto a su servicio el poder judicial. Finalmente, hemos dado con unas leyes hechas a la medida de una élite bochornosamente deleznable.

    Esto es un verdadero y gigantesco obstáculo: quien debiera velar por la protección del ecosistema, quien tiene a su disposición ingentes y eficaces mecanismos, se esfuerza únicamente en deshumanizar el mundo en su propio beneficio. Nos dotamos de potentes aparatos legales que deberían hacer cumplir la democracia, pero se demuestran insuficientes para hacer frente a la corrupción: sólo se criminaliza la pobreza. Su aplicación e interpretación se efectúan en base a intereses particulares, pisoteando el bien común. En Bachillerato, los libros de Historia de España Contemporánea se esfuerzan en dibujar un panorama político en el que la Transición trajo la democracia, mientras la realidad evidencia la incapacidad del legislador para sentarse a dinamitar la herencia franquista de la que aún no nos hemos desprendido, y nuestra Constitución no es más que el fruto de un pacto elitista.

    Fuerza titánica se requiere para afrontar esta tremenda realidad. Es frecuente que la gente normal y corriente se rinda antes de emprender la lucha, abismada ante la complejidad y la influencia del mandato de los poderosos. Como herramienta política disuasoria se insta al inmovilismo y, a menudo, esta estrategia triunfa: sólo así la población, que podría tomar el mando, queda derrotada y desarmada; presa, a menudo sin saberlo o planteárselo. Porque a no pensar es a lo que nos animan desde la política, desde la iglesia, o desde cualquier otro sistema de control social formal que saliera perjudicado de la conformación de una verdadera conciencia colectiva ante la necesidad de cambio.

    Concretamente en España, hay factores culturales que dificultan seriamente la lucha, como la extendida y consabida veneración al pillastre o la falta de actitud crítica y autocrítica, así como la promoción del abandono escolar en favor de los usureros, o un sistema educativo alienante en favor de la perpetuación del sistema, por citar algunos.

    Quedan, en la lucha consciente por la soberanía popular, cuatro gatos mal contados, desamparados, malheridos, desviados y diseminados a lo largo y ancho de los territorios. Sostener este pulso es profundamente doloroso para quien posee un valioso compromiso social, porque como dices, a menudo somos rechazados, incluso por quienes en principio tienen ideas afines, pero no están dispuestos a arriesgar. Seremos minoría, nos apartarán, nos acusarán, nos malinterpretarán los carentes de empatía, sensibilidad y conciencia profunda. Pero mientras nos quede voz, la seguiremos alzando en contra de quien se ha declarado el enemigo, aunque sea a costa de desgarrar nuestra garganta y nuestro alma.

    “Este es un homenaje a los locos. A los inadaptados. A los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los huecos cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les gustan las reglas, y no sienten ningún respeto por el statu quo. Puedes citarlos, discrepar de ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar al género humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo… son quienes lo cambian”. Steve Jobs

    • Así es, indudablemente.
      Steve Jobs fue un tipo genial, aunque contradictorio. Junto a frases tan excelsas como la que has referido, que sugerían un carácter heterodoxo, demostró ser uno de los colaboradores más efectivos del sistema de explotación capitalista, el que ha conducido a la realidad actual, donde todo está mediatizado por el poder mercantil, que en definitiva representa la antítesis del argumento de la frase citada. Cosas de humanos.

      • En efecto. Conocer el alcance de su contribución al sistema en oposición a la filosofía que podría desprenderse de su cita es un factor que invita a reflexionar seriamente acerca de la contradicción que nos es propia.

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