Azar e incertidumbre

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, incertidumbre se define como la falta de certidumbre. Certidumbre refiere, en el DRAE, a certeza, y ésta es definida como “conocimiento seguro y claro de algo” o “firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar”. Luego el concepto de incertidumbre está claramente asociado a los de inseguridad y temor a errar.

En 1925, Werner Heisenberg propuso el principio de indeterminación o incertidumbre de la física cuántica, según el cual no se pueden determinar simultáneamente y con precisión ciertos pares de variables físicas, como por ejemplo el movimiento y la posición de un objeto determinado. Cuanto mejor se conoce la posición de un objeto, tanto peor se puede determinar su momento lineal (o, en otras palabras, su velocidad y su masa). De acuerdo con la definición de incertidumbre en castellano, el nombre del principio de Heisenberg es muy apropiado, pues.

Lo que me interesa resaltar aquí es la íntima relación lógica de este principio con los de la relatividad de Einstein (1905 y 1915) y con el que para mí es el más basal de todos los que han llevado a la interpreción actual de la realidad como algo relativo, azaroso y contingente, el de la teoría de la evolución por selección natural de Darwin (1859). Me interesa por las consecuencias que tiene a la hora de interpretar algunos fenómenos sociales contemporáneos. Como el que, enraizado en la visión postmoderna de la vida, que en realidad es claramente predarwinista por cuanto que ignora los fundamentos de la evolución por selección natural (y no digamos ya nada prerrelativista y preindeterminista), postula que no existe el azar y que ocurre exactamente lo que tiene que ocurrir, lo cual enlaza de alguna forma con el determinismo estricto de Laplace y, sobre todo, con el fatalismo de la Ilustración de Denis Diderot y otros y con el movimiento romántico del siglo XIX. La cuestión no es menor, porque la concepción postmoderna, determinista, del devenir, lleva, por lo que estoy leyendo, a interpretaciones sesgadas de la filosofía subyacente a la física cuántica, cuando no totalmente contradictorias. Esto es sumamente llamativo, porque muchos de los defensores de este, llamémosle, neofatalismo, son fieles seguidores de dicha filosofía, en tanto que ésta permite considerar como hipótesis aceptables, según algunos (Deepak Chopra, Amit Goswami y otros), cuestiones tan debatidas como la telepatía, la reencarnación o los viajes astrales, a través de lo que llaman medicina cuántica. En este sentido, creo que es muy recomendable leer textos como “La física del alma”, de Amit Goswami, que es muy revelador.

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¿Cuál es mi posición? Pues, llegado este punto, estoy donde estaba hace ya mucho tiempo. Cuando se empieza a hablar de lo trascendente y se incluyen en el hilo argumental asuntos que van más allá de la lógica, uno se vuelve todo lo prudente que no es normalmente al discutir sobre asuntos abordables analíticamente, como lo es la dinámica evolutiva y su naturaleza azarosa.  Sobre las cuestiones trascendentes, cualquier hipótesis puede ser cierta, en definitiva. ¿Qué sabemos? Yo, particularmente, sé que no sé. Y como no sé, no puedo ni afirmar ni negar. Por eso soy agnóstico.

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A propósito de incertidumbre: “Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar”. Immanuel Kant.

Pero este ya es otro cantar…

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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13 respuestas a Azar e incertidumbre

  1. ElGolem dijo:

    “… la filosofía subyacente a la física cuántica, en tanto que ésta permite considerar como hipótesis aceptables cuestiones tan debatidas como la telepatía, la reencarnación o los viajes astrales” ¿PERDÖN? Bueno, perdón por las mayúsculas pero la física cuántica no considera nada de eso. La telepatía, los viajes astrales, la reencarnación… no solo no son debatidas en ningún rincón de la física sino que no tienen NADA que ver con la física, sea esta clásica o cuántica. Saludos.

  2. De acuerdo. Mal expresado por mi parte. Corrijo. Gracias por el apunte.

  3. ElGolem dijo:

    De nada, por supuesto. A riesgo de caer pesado quisiera comentar que la entrada me ha dejado un tanto inquieto y quisiera aportar una visión algo diferente por si sirve de algo. La ciencia se dedica a hacer modelos de la realidad para describirla, entenderla y predecirla. Por ejemplo, las ecuaciones de Newton para la gravedad son un modelo, las de Einstein otro. Ambas se aplican a la misma realidad pero, según el escenario concreto en el que se modela, la incertidumbre es diferente (hoy, los satélites no funcionarían sin las ecuaciones relativistas).
    La incertidumbre es inherente a cualquier modelo ya que estos se definen como representaciones simplificadas de la realidad y esa simplificación impide replicar exactamente su funcionamiento. En la ciencia no nos sentimos incómodos con la incertidumbre ya que esta puede manejarse adecuadamente y su principal efecto es que el resultado (la predicción) del modelo estará dentro de un rango de variación concreto, mayor o menor. Por lo tanto y en mi opinión, la incertidumbre no lleva al “agnosticismo” sino a una forma de pensar donde se acepta que alcanzar con un modelo la exactitud absoluta es generalmente imposible y que hay que trabajar con resultados y predicciones afectados por un grado de incertidumbre. Por ejemplo, la confirmación de la existencia del bosón de Higgs fue esencialmente estadística: esta partícula fue identificada con un grado de seguridad no absoluto pero considerado suficiente para darla por válida (5 “sigmas”, que equivalen a una probabilidad de que la detección se deba al azar de 0.00005% aproximadamente). Saludos.

    • Naturalmente que la incertidumbre no lleva al agnosticismo. Si eso es lo que se sigue de mi argumento, me habré expresado fatal y tendré que modificarlo. Al agnosticismo me lleva, a mí particularmente, la consciencia de no saber nada de nada en el punto preciso en que dejo de poder usar las herramientas del análisis lógico y me enfrento al mundo que las trasciende.
      Gracias por tu valioso comentario. Creo que es un complemento muy bueno a algo que escribí hace un tiempo sobre lo que es y significa la ciencia: https://joseluisyela.wordpress.com/2014/01/08/ciencia-2/.

  4. Alba dijo:

    Interesantes y complejas las múltiples cuestiones que aquí planteas.

    Manejar la incertidumbre es una ardua tarea porque tiene un necesario componente asociado, que reside en gestionar la propia frustración generada. A nuestro cerebro le encanta saber: tanto que, cuando no sabe, se lo inventa. Y para más inri, no me lo he inventado: este horror vacui está ampliamente respaldado empíricamente gracias a los vertiginosos avances en psicología que demuestran que, por fuerza de naturaleza, necesitamos explicarnos el mundo que nos rodea; aunque eso lleve aparejado un componente imaginativo que genere informaciones que tomamos como ciertas, aunque no necesariamente concuerden con la realidad. En este mundo hay más preguntas sin respuesta que preguntas resueltas; así, para avanzar en el conocimiento es necesario mantener cierto grado de incertidumbre, ya que nos permite enriquecernos y ampliar nuestro saber. Sin embargo, en el pantanoso terreno de la complejidad emotiva humana, hay incertidumbres dañinas también: esas que no estamos obligados a soportar y por eso duelen.

    En línea con la tradicional ignorancia hacia el factor azar, me resulta especialmente llamativo el siguiente asunto: en una cuestión de tan profundo calado como es el estudio cognitivo-conductual humano, los modelos teóricos explicativos de la conducta antisocial no introdujeron explícitamente el azar hasta un pasado muy reciente. Exactamente hasta el año 2003, a pesar de datar en 1859 la importancia del azar desde el punto de vista evolutivo. Fue Terrie Moffitt (¡vaya, una mujer!) en una reformulación de su teoría inicial; dicha reformulación versa sobre la continuidad y el cambio cognitivo-conductual enmarcado en la teoría del ciclo vital. En ella, reflexiona acerca de los “turning points”, también llamados eventos decisivos o puntos de inflexión (que constituyen cambios en las características situacionales y estructurales en la vida del sujeto) en combinación con la “human agency” (la propia elección del sujeto), señalando el papel crucial que juega la constante interacción entre el individuo y su ambiente, combinado con el factor oportunidad, dando así (por fin) el suficiente peso al azar en el desarrollo del individuo. De tal modo, oportunidades vitales como conseguir un trabajo, establecer una relación de pareja estable, el nacimiento de un hijo… en definitiva, mecanismos de control social informal, favorecen los procesos de abandono de delito.
    Evidentemente, estamos influidos por todos estos factores externos, pero al señalar la especial relevancia de la elección del sujeto, dichos cambios no fuerzan al individuo hacia el conformismo de forma determinista, sino que el sujeto tiene un rol activo en la elaboración de su futuro. A menudo, los delincuentes persistentes estudiados presentaban inestabilidad residencial, marital, laboral o escolar: en definitiva, desarraigo; o lo que es lo mismo: falta de vínculos, compromisos, (¡APEGOS! Por eso me causa considerable rechazo quien habla de “amar sin apegos”: hablando en plata, está ido.)

    Y como no podía ser de otro modo, considero necesario relativizar: efectivamente, no todos los delincuentes presentan estas características. Hay algunos muy arraigados, como bien sabes. Esos que nadie persigue ni encarcela. Esta teoría se refiere a unos criminales en concreto, no abarca toda la pluralidad criminal, que es conocidamente amplia.
    En cuanto a las cuestiones metafísicas que abordas, digamos, en metafísica quedan: esta es, por definición, un intento excesivamente sutil de abordar el estudio de la realidad. Por más profundos pensamientos a los que dé lugar, no dejan de constituir especulación; y la especulación no es más que humo, no es base sólida para construir ningún razonamiento. Se ha erigido a lo largo de la historia del pensamiento como elemento importante para el avance del conocimiento, cuando aún el método científico no estaba desarrollado; pero es absurdo otorgarle estatus o validez de ciencia a cualquier postulado carente de metodología válida. Por cierto, no conozco a Goswami, pero me lo apunto.

    La cita final me resulta especialmente provocativa y, ya que no habéis entrado en materia, me atrevo a plantear algo: tengo la hipótesis de que Kant se percibía a sí mismo como inteligente por la gran capacidad que demostró tener para soportar la incertidumbre de desconocer ampliamente la configuración del mundo más allá de su núcleo cerrado en Königsberg. Postular que el conocimiento tiene su base correcta únicamente en la razón, desdeñando así el necesario componente emocional del aprendizaje, constituye una visión sesgada y por tanto errónea e incompleta acerca de nuestra naturaleza; así como fundar exclusivamente en la razón el principio rector de la acción humana, ya que, como es conocido, a menudo la racionalidad no opera de forma natural en nuestras decisiones: la teoría de la acción racional es válida sólo en algunos supuestos, pero no abarca la amplia y florida totalidad del comportamiento humano; por no mencionar que mostraba un manifiesto desprecio hacia la experiencia, que como reza acertadamente el saber popular, es un grado: como apuntan distintos pensadores lúcidos (y como bien tú habrás descubierto) “el hombre se descubre en la acción.” La teoría es bonita, fácil y perfecta sobre el papel. Cualquier papagayo puede aprendérsela y repetirla. Pero actuar… ay, amigo. Esa es la clave.

    • ElGolem dijo:

      Hola Alba, este fin de semana leo con más atención tu comentario ya que ahora me es imposible. Sí quiero comentar ahora, sin embargo, que probablemente hablamos desde perspectivas muy diferentes. Cuando dices “Manejar la incertidumbre es una ardua tarea porque tiene un necesario componente asociado, que reside en gestionar la propia frustración generada”, creo que no es generalizable. Estoy rodeado de científicos que manejan la incertidumbre de sus datos, de sus modelos, de sus predicciones… sin el más mínimo sentimiento de frustración. Otra cosa es la incertidumbre en tu propia vida, donde no nos gusta estar sometidos al azar, pero son escenarios distintos. Saludos.

      • Alba dijo:

        En efecto, así es. No pretendo generalizar. Sólo hemos abordado campos diferentes. De la vida hablaba yo.

  5. ¿Es la emoción, y todo lo que deriva de ella, abordable mediante las herramientas del análisis lógico, o forma parte del mundo que las trasciende?
    En efecto, el conocimiento (gnosis) es mucho más que conocimiento racional (episteme), e incluye la componente emocional como una de sus piedras angulares. El positivismo extremo practicado hoy día por una buena parte del colectivo de científicos y tecnólogos desdeña no solo la componente emocional, sino todo aquello que no puede ser medido, y por lo tanto no puede ser objeto de análisis mediante la razón. Alba, me parece que eso está en la misma línea argumental que tu frase “por más profundos pensamientos a los que dé lugar [la metafísica], no dejan de constituir especulación; y la especulación no es más que humo, no es base sólida para construir ningún razonamiento.” Que no sea base para construir razonamientos lógicos objetivos no quiere decir que sea humo; es una vía exploratoria, que propone modelos no contrastables sobre la realidad no medible. [La pretensión de que todo es medible es, en mi opinión, pueril]. Obviamente, a partir del desarrollo y la generalización del uso del método científico, la metafísica adquirió otro papel, que desde luego no tiene nada que ver con la ciencia; pero no por ello debe desdeñarse como “humo”. Me parece a mí.
    Hay mucho más ahí fuera que lo que nuestros ojos pueden ver.
    Por lo demás, anonadado me dejas una vez más de la profundidad de tus razonamientos y de la capacidad de manejo de información. Gracias por abrir camino. Te admiro.

    • Alba dijo:

      Hola, José Luis. Supongo que esto es problema de exponer por escrito la información y disponer de un tiempo limitado para responder. No me cabe duda de que no me expresé con la precisión suficiente que el tema requiere como para no darte una idea equivocada. Para nada iba en esa línea, no defiendo el positivismo extremo en ningún caso, al contrario: sé que hay mucho más de lo que podemos ver. De hecho, lo que vemos hoy no podíamos verlo ayer y no por ello es menos verdad o ha empezado a existir desde que lo conocimos. Somos seres limitados: nuestra capacidad es limitada, y nuestra ciencia, que es reflejo de nuestra naturaleza, es limitada a su vez. Por tanto, cuando me refiero a humo estoy pensando sobre todo, para que me entiendas, en aquellos que toman como ciertas las teorías acerca de las posiciones de las estrellas para cultivar, por ejemplo. No solamente es infundada la pretensión de la omnipotencia u omnisciencia científica, yo iría más allá: también me parece arrogante y absurda.

      Acerca del análisis emocional, yo que me sumerjo con asiduidad desde el plano académico en los circuitos de la neurocriminología, neuroendocrinología, psicología social, etc. te puedo asegurar que estamos lejos de comprender la emoción y manejarla satisfactoriamente. Se han hecho avances y continúan en progreso, sí; pero la complejidad del tejido emocional y sus redes están aún muy lejos de nuestro alcance. Imagina un escáner capaz de medir con precisión el grado de estrés y su relación con la peligrosidad criminal… ¿lo imaginas? Bien, pues no existe. Nuestras herramientas no abarcan suficientemente este amplísimo campo. Esta es mi visión: la ciencia no lo puede todo.

      Sólo puedo expresar mi gratitud ante las valiosas palabras que me diriges. Es inusual para mí sentirme tan valorada. Y no sé hasta qué punto es mérito mío establecer intrincadas relaciones entre elementos aparentemente inconexos, ya que siempre tuve esa capacidad. Gracias a ti por abrir este espacio para la reflexión. Yo también te admiro.

  6. ElGolem dijo:

    Hola de nuevo. Preguntas ¿Es la emoción, y todo lo que deriva de ella, abordable mediante las herramientas del análisis lógico, o forma parte del mundo que las trasciende? Contesto que en mi opinión, sí, por supuesto. Por lo que sabemos hasta ahora, las emociones son estados cerebrales y por lo tanto son abordables por la ciencia (no sólo por el “análisis lógico”). Hay mucha gente que trabaja en neurociencia y en psicología, y va poco a poco desentrañando esta madeja tan complicada. Respecto al “mundo que las trasciende” no se qué quiere decir.
    No se si soy positivista pero me confieso: entiendo que la ciencia (sus métodos) es la única herramienta que ha demostrado aportar conocimiento sobre el mundo, explicarlo parcialmente y ayudarnos a comprenderlo poco a poco. Desconozco que haya otras formas de conocimiento (a no ser que torturemos la palabra “conocimiento” hasta distorsionarla extraordinariamente) que hayan aportado algo significativo a la comprensión del mundo. Respecto a lo de “desdeñar el componente emocional” no acabo de comprenderlo ya que en varias ramas de la ciencia se estudian, precisamente, las emociones. La medida de los fenómenos es útil para comprenderlos pero no estoy muy de acuerdo con que la ausencia de medida los deje fuera del análisis lógico, me gustaría algún ejemplo para ver si comprendo bien tu afirmación. Saludos.

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