La soledad del singular

Las “Consideraciones intempestivas” de Friedrich Nietzsche representan una de sus obras cumbre. Con qué maestría describe las vicisitudes de la soledad del individuo singular y diferente… Este texto, seleccionado por Alba Madrid Jordán (quizá para mi), me ha hecho revolverme dentro de mí, de tan intensamente como me he identificado con él:

“[Un inglés moderno describe el peligro general que corren todos los hombres singulares que viven en una sociedad demasiado apegada a lo acostumbrado, a saber: «Este tipo de caracteres extraños comienzan primero por doblegarse, luego se tornan melancólicos, más adelante enferman y, finalmente, mueren. Un Shelley no hubiera podido vivir en Inglaterra y una raza de Shelleys sería algo imposible. Nuestros Hölderlin y Kleist y tantos otros perecieron a causa de tal singularidad, no siendo capaces de soportar el clima de la llamada «cultura alemana»; sólo naturalezas de hierro como Beethoven, Goethe, Schopenhauer y Wagner pudieron mantenerse en pie. Aunque también en éstos se muestra el efecto de la fatigosa lucha y la tensión en muchos rasgos y arrugas: su respirar se hace pesado y su tono se vuelve con facilidad demasiado violento. Un diplomático experimentado que sólo había visto y hablado con Goethe superficialmente dijo a sus amigos: «Voilà un homme, qui a eu de grands chagrins!»] Lo que Goethe tradujo al alemán así: «¡He aquí uno que también ha tenido que pasarlas canutas!», y Goethe prosigue: «Si no es posible borrar de nuestro rostro las huellas de los sufrimientos superados, de los trabajos realizados, no hay que sorprenderse de que todo aquello que quede de nuestra persona y de nuestros afanes lleve impresa la misma huella»

Era un verdadero eremita; ningún amigo que realmente sintiera como él lo consoló -y, entre uno y ninguno, reside aquí, a semejanza que entre «algo» y «nada», una infinitud. Nadie que tenga verdaderos amigos sabe qué es la auténtica soledad, es como si él solo tuviera que enfrentarse al mundo entero. ¡Ay! ¡Bien me doy cuenta de que no sabéis qué es la verdadera soledad!

Allí donde existieron alguna vez poderosas sociedades, gobiernos,
religiones, opinión pública, en una palabra, donde existió cualquier tipo de tiranía, allí se odió al filósofo solitario; pues la filosofía ofrece al hombre un asilo en el que ninguna tiranía puede penetrar, la caverna de la intimidad, el laberinto del pecho: y esto enfurece a los tiranos. En ella se refugian los solitarios; pero también en ella acecha el mayor peligro a quien está solo.

Estos hombres que pusieron a salvo su libertad en el interior de sí mismos no tienen más remedio que vivir también para el exterior, tornarse visibles, dejarse ver; se hallan sujetos por múltiples lazos humanos: por su nacimiento, residencia, educación, patria, circunstancia, imposiciones ajenas; asimismo se presupondrán en ellos numerosas opiniones sólo por el hecho de que éstas son las dominantes; todo gesto que no niegue servirá de aprobación; todo movimiento de la mano que no destruya será interpretado como asentimiento.

Saben, estos solitarios y libres de espíritu, que constantemente, en cualquier circunstancia, parecerán ser distintos de lo que piensan; mientras que ellos no desean sino la verdad y la honestidad, se tejerá a su alrededor una red de malentendidos; y su violento deseo no logrará impedir que, a pesar de todo, emane de sus acciones un vapor de falsas opiniones, de acomodación, de verdades a medias, de silencios indulgentes, de interpretaciones erróneas. Todo esto condensa una nube de melancolía sobre sus frentes: pues estas naturalezas odian más que a la muerte el hecho de que la apariencia sea necesaria; y esta amargura constante los torna volcánicos y amenazadores. De cuando en cuando, se resarcen de su violenta ocultación, de la reserva a la que se ven obligados. Salen de sus cavernas con aspavientos terribles; sus palabras y sus hechos se transforman entonces en explosiones, y es posible que se destruyan a sí mismos.

Justo ese tipo de solitarios requieren cariño; necesitan compañeros frente a quienes puedan mostrarse tan abiertos y sencillos como ante sí mismos, en cuya presencia desaparezca la tensión del silencio y la simulación. Apartad de él a estos amigos y engendraréis un peligro cada vez mayor; Heinrich von Kleist pereció de esta suerte de desamor; obligarlos de esta forma a que se recluyan profundamente en sí mismos es el remedio más terrible contra los hombres singulares; cada vez que regresan al exterior, su vuelta se transforma en una erupción volcánica. No obstante, siempre hay algún semidiós que soporta tener que vivir bajo condiciones tan terribles, y vive victoriosamente; si acaso quisierais oír su canto solitario, escuchad la música de Beethoven.”

Friedrich Nietzsche, “Schopenhauer como educador” (Tercera consideración intempestiva).

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Cómo das en el clavo, Alba, mucho más que tantas personas como han convivido años conmigo o cerca de mí… Quizá es que, de alguna manera, te sientes tú misma identificada con el texto. No me extrañaría nada.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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3 respuestas a La soledad del singular

  1. Alba dijo:

    Primeramente, debo agradecerte que trajeras esta joya a tu rincón personal. Tus impulsos de atesorar tan valioso legado hacen que te sienta como una roca en medio de la tormenta.

    Dedicaba un rato al esparcimiento, sumergiéndome en lecturas varias como cada vez que buenamente puedo, y encontré una revista anglosajona que rezaba: «Be yourself! All that you are now doing, thinking, desiring, all that is not you» Entonces, resurgió en mí la necesidad de regresar a la tercera de las consideraciones intempestivas, ya que constituye un lugar al que siempre volver y del que, para mí, es imposible separarse.

    Es una de esas obras que me atrapa de principio a fin: a pesar de mi naturaleza curiosa como parte de mi neotenia, indudable espoleta del conocimiento, es difícil que un escrito sea capaz de llamarme tan poderosamente la atención; así que, como arrastrada por una maroma, recordando a Lorca, no opuse resistencia.

    Este fragmento en concreto de la magistral tesis de Nietzsche, arroja un análisis certero sin parangón acerca de cómo un mismo elemento puede ser un arma de doble filo, fortaleza al tiempo que debilidad.

    Así también, yo en tempranas etapas me doblegué; me torné melancólica; y muy pronto enfermé; en este sentido, sólo me falta morir. Conocí la asfixiante soledad de la que habla el genio a una edad llamativamente precoz; compadeciéndose, algunos aseguran que de forma muy prematura, y les comprendo; pero nunca hice de la autocompasión mi motor, sino el optimismo. Poco después, distintos ataques a mi salud física y mental, sufridos durante la adolescencia tardía, hicieron mi vida peligrar seriamente en diversas ocasiones, y desde entonces mi sistema de alerta se alteró; aún a día de hoy, en situaciones visiblemente calmas mi cuerpo se orienta instintivamente hacia la lucha-huida ante la amenaza de un posible ataque inminente. Finalmente, no he muerto aún. Pero haber sentido la muerte acariciarme de formas inusitadas e insospechadas para el común de los mortales, ello unido a mi naturaleza reflexiva, seguramente me otorgó una perspectiva profunda.

    ¿Cómo no sentirme reconocida en sus palabras? Compartí el texto porque es un claro reflejo de mi realidad. ¿Cómo no verte a ti asimismo en ese exacto lugar? Es cierto que no he compartido mi vida contigo, aún menos por largo tiempo. Pero ¿acaso era necesario para captarte? Definitivamente no. Pronto vi tu espíritu joven, libre y solitario. Sospecho que me vi tan terriblemente identificada como tú. Vivimos irremediablemente en cada una de estas letras.

    Y después de lo vivido, encontrar personas así, para mí es como agua de mayo, como aire fresco, como tierra firme. La calidez y la plenitud que siento al encontrar en alguien un hogar del que no necesito huir, es inenarrable.

    Lo habitual, lo cotidiano, es encontrar gente interesada en borrar sus huellas, en especial, las huellas del dolor; mas siempre preferí abrazarlo y aprender de él, como valioso compañero que es (vaya, ya era vitalista por naturaleza antes de que Nietzsche me iluminara). No estoy interesada en borrar mis huellas. No me atraen los lustrosos rostros mudos de porcelana; es más, me hacen desconfiar. Me gustan los rostros que se arrugan con el sol, con la injusticia, con el pesar del tiempo; los rostros que se afligen de soledad y no necesitan ocultarlo. Me gusta que las personas que aprecio me cuenten dónde estuvieron y cómo llegaron hasta allí cada una de sus arrugas, de sus heridas… Saberlo todo y, sobre todo, sentirlo. Besaría con eterna ternura cada arruga que esta vida nos brindó. Y no, no desaparecen las cicatrices, pero si las cuidas, duelen menos. Por eso necesitamos cariño, comprensión; por eso nos necesitamos este tipo de espíritus para no morir en reclusión, tristeza, desamor, desolación; en suma: insondable vacío. Por eso es importante acariciarnos, besarnos, desearnos buenas noches, y soñar juntos. Después, será demasiado tarde: bajo la tierra no podremos disfrutarnos, y el tiempo corre en nuestra contra.

  2. Qué decir…
    Aunque he de poner un contrapunto. Y es precisamente a la frase final. No, el tiempo no corre en contra de nadie. Simplemente corre. Si eres un espíritu joven y rebelde, corre a tu lado. Jamás en contra. Eso es algo que no entienden quienes no están al otro lado de la puerta, precisamente…

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