Adiós, Josefina

Todos somos hijos de nuestro tiempo, y en parte esclavos de nuestra historia. Mi padre fue una persona reconocida por su generosidad y bonhomía, a la vez que por su desparpajo frente a situaciones de todo tipo. Seguramente, yo soy en parte un reflejo de lo que fue él; en otras palabras, él está en mí, como yo lo estoy en mi hijo Mateo.

Sus tiempos de niñez tardía y de juventud estuvieron marcados por la guerra civil y por la postguerra, en lo social, y por la huida del medio rural y el asentamiento en el Madrid castizo e incipientemente industrial, en lo familiar. La severidad y la austeridad de aquellos tiempos debieron moldear el temperamento de mi abuelo José, el padre de mi padre, que era socarrón y recio, aunque en el fondo más bueno que el pan (con todos los matices que se quiera, claro; el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra). La relación entre mi padre y el suyo era muy cordial, pero yo siempre noté algo parecido a una cierta distancia que, a mi juicio, no era lo que los mayores definían como respeto, aunque le dieran tal nombre. Las duras circunstancias debieron favorecer la distancia; de hecho, de eso no se hablaba nunca, como de muchas otras cosas, que permanecieron por siempre en el limbo de lo intocable. Eran tiempos en que imperaba la imagen impoluta, recta y circunspecta.

¿Cómo fue mi propia relación con mi padre? Pues, aparte de muchos detalles que no vienen al caso, parecida en lo esencial a la suya con el suyo. Independientemente de la imagen que quisiera darse hacia el exterior, siempre hubo una distancia que, seguramente, ninguno de los dos fuimos capaces de superar. Esa distancia se volvió infinita durante la mayor parte de mi pubertad y adolescencia, y de alguna forma así continuó siendo hasta ya muy cerca del final.

Cuando yo tenía 11 años, en vez de hablarme sobre las características de dicha edad y de cómo se van dejando atrás las fantasías pueriles, me regaló un libro que yo leí pero no entendí hasta mucho tiempo después: Adiós, Josefina (de José María Sánchez Silva). Adiós, imágenes del niño que dejas de ser; adiós, viajes imaginarios a lomos de la ballena; adiós, ballena misma. Bienvenido, mundo preadolescente, primeras experiencias en el instituto, primeros desengaños en el mundo externo al núcleo familiar. Todo aquello no se trató explícitamente, sino que se sublimó de alguna forma con el obsequio de la lectura sobre ello.

josefina

Si saco esto a colación ahora es porque, quieras que no, en muchos aspectos sigo los mismos patrones de conducta que viví durante mis primeros años. Es necesario reconocer bien aquello que nos hizo la vida más difícil, como paso previo para hacerla ahora más amable y fructífera. Por eso, una de las preguntas que me hago más a menudo es hasta qué punto estoy repitiendo con mi propio hijo los patrones de conducta aprendidos, y hasta qué punto eso puede ser beneficioso o perjudicial para él.

Veremos.

¿A ti qué te parece, Mateo?

Anuncios

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
Esta entrada fue publicada en A Mateo, Trocitos de historia personal. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Adiós, Josefina

  1. José Luis dijo:

    Cometieron errores, tuvieron aciertos; tendremos errores y haremos cosas bien, pero en esencia transmitiremos las potencialidades de “Homo Sapiens” con todo lo que supone.

  2. shyamalaom dijo:

    Me encanta como redactas.
    Voy a proponerme de estudiar tus frases para que sea mi
    Retorica! Beso

    Kindly,

    Nathalie

    >

    • ¡Oh! ¡Shyamala! Tú por aquí…
      Estúdialas, si así lo quieres. Tuyas son; todo lo que hago lo publico, y es para todos. Ojalá te las pudiera enseñar en persona… Yo aprendo cositas de ti, y por eso sé, como te he dicho esta mañana, que tú tendrías mucho más que enseñarme a mí que yo a ti. La magia es infinita, Maestra. 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s