Dos caminos, o tres: en busca de la generosidad perdida

Cuando era joven, mi percepción me dibujaba un escenario con dos pautas fundamentales de comportamiento social entre las personas del entorno en que me movía, situados en ambos extremos de una variación contínua: la de aquellos que anteponían su propia condición de bienestar a la de los demás, gente por lo general seria, conservadora, socialmente triunfadora, con medios, pero aun así aparentemente religiosa (más bien cabría decir aliada del poder de la iglesia católica); y la de aquellos preocupados por el bien común más que por el propio, personas relajadas, de sonrisa fácil, de ideas progresistas e igualitarias, relegadas a puestos sin relevancia en la organización social, sin riqueza, y desvinculados de la farándula catolicoide. Esta es la dicotomía que mi cerebro tendía a apreciar, aunque la naturaleza multicovariante del asunto permitía encontrar toda clase de combinaciones entre los modelos extremos. Con el paso de los años, o la situación social ha cambiado significativamente, o mi cerebro se ha vuelto más refinado analíticamente a base de observar y comparar. Ahora mi percepción me acerca a una situación tridimensional. Hay personajes “conservadores-egoístas” (CE) y “progresistas-altruístas” (PA), o al menos yo los reconozco sin problemas; pero además hay una tercera vía aparentemente floreciente, la de los “progresistas-egoístas” (PE). En el día a día, especialmente mientras me estoy moviendo entre individuos más afines, es decir, más PA, me encuentro cada vez más personajes poco conservadores, igualitarios, sin deseo hegemonizador ni dominante, sin claro comportamiento acaparador y con poca o ninguna raíz anclada en la ideología del catolicismo romano, que sin embargo defienden de manera casi vehemente el culto al yo. Aunque muchos intenten disfrazar sus tendencias bajo las apariencias del orientalismo budista en boga y adoren la moda de la renuncia a los apegos, al menor descuido te asaltan con las frasecitas paradigmáticas de “tu mundo es más importante que el de los demás, suelta las cargas”, “hay quien no te entiende aunque hables todo el día y quien te entiende sin hablar” y demás mantras centrados en la protección o el culto de lo propio. Lo cual está muy bien, pero al usarse recurrentemente deja en evidencia las carencias de los sujetos en cuestión. El mundo centrado en el otro, de la mano tendida, de la reverencia ante los demás independientemente de su rango, del juego limpio y, sobre todo, de la renuncia a la defensa de las singularidades del yo para hacerle al otro partícipe de ellas, o en otras palabras, el mundo del amor incondicional, prácticamente ha desaparecido. Y no deja de ser sintomático, porque la entrega y el amor incondicional son patrimonio de las personas seguras, firmes, fuertes. Pero de raíz, no de circunstancia. Fuertes de esencia (esa palabra que tampoco entiende ya casi nadie, porque ya casi nadie sabe lo que es percibir para analizar, sino que necesita medir para poder concluir).

Dejando a los CEs de lado, dado el mundo de lejanías infinitas que nos separa, parece que PAs y PEs estamos condenados a no entendernos tampoco nunca, por más que se produzcan acercamientos en momentos concretos y se nos nuble la vista con espejismos sin fondo ni sentido verdadero. Pertenecemos a ámbitos de interpretación de la vida disyuntos. Quien está por la defensa de la mismidad y el egocentrismo no puede estar por la de la generosidad y la entrega.

¿Seguirá mi neurona reconociendo en el futuro morfotipos claramente definibles? ¿Hasta qué punto reflejan estos tipos lo que realmente ocurre más allá de mis ojos?

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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