Hermenéutica, polisemia y confusiones mentales: el apego

La evolución del lenguaje es, en estos tiempos de velocidad y globalización, muy rápida. En otros lugares me he ocupado de la importación al castellano de barbarismos irrelevantes (http://www.sea-entomologia.org/PDF/BOLETIN_19/B19-029-079.pdf), lo que curiosamente está siendo favorecido por la Real Academia de la Lengua, y lo que contribuye, en mi opinión, a la progresiva pérdida de identidad de un idioma tan rico como el nuestro. Hoy voy a comentar otro asunto, que tiene que ver con el significado de las palabras cuando alguna adquiere rápidamente otra acepción que no tenía antes. En https://joseluisyela.wordpress.com/2014/01/08/ciencia-2/ me he referido a la polisemia efectiva como aquella condición de una palabra que tiene significados diferentes en función del contexto en que se usa, significados que, aunque muchas veces no están totalmente claros, son todos de uso común. Me voy a referir aquí a otro tipo de polisemia que podríamos llamar polisemia insidiosa, porque consiste en la generalización rápida de un significado extra para una palabra que antes era desconocido para la mayoría de las personas, y que puede ser incluso hasta opuesto al más extendido.

Hay una tendencia, sobre todo favorecida por internet, a la proliferación viral (como ahora se dice) de mensajes cortitos y simplistas de corte new-age, al estilo de los que contienen los libros de autoayuda de consumo masivo y bajo nivel (que ayudar, ayudan poco, y más bien lo que hacen es irritar a quien está sufriendo), que ponen el énfasis en la autoalabanza y el amor hacia uno mismo, obviando por completo que los humanos somos esencialmente sociales y que no solo no basta con quererse a uno mismo (sin negar que sea esencial), sino que en ocasiones ni siquiera puede ser lo prioritario (y pongo aquí, a modo de ejemplo, un comentario muy ilustrativo insertado en mi muro hace un par de días por un defensor de lo que podríamos llamar “autoombliguismo lineal”: “Lo que importa es lo que me sirve a mi, y me importa un carajo el nombre que se le ponga”). No ignoro que a muchas personas, especialmente a aquellas que más necesitan de estos bálsamos necios para poder enfrentarse a las desdichas de la vida diaria, estos mensajes les pueden suponer un alivio importante, al menos a corto plazo. Lo insidioso viene del uso en ellos de vocablos de significado ambiguo, que pueden llegar a confundir cuestiones tan importantes que empiezo a dudar si no habrá alguna intención implícita en ello por parte, en última instancia y como de costumbre, de los de siempre, los que cortan el bacalao a nuestras espaldas.

Una buena parte de la concepción new-age de la vida es de inspiración claramente budista, o incluso zen, y por eso precisamente me interesa tanto. Parece ser que, desde el punto de vista zen, el apego, o deseo por las cosas o personas, implica una actitud de sobrestimación de las cualidades de éstas. La consecuencia más importante del apego es el karma, en sánscrito literalmente vínculo con la realidad mundana, y por lo tanto vínculo con el sufrimiento (que puede acumularse reencarnación tras reencarnación, según los creyentes; la idea es de alguna manera paralela a la del infierno en la tradición religiosa occidental). Este significado de apego contrasta con el que hemos usado toda la vida los hispanos castellanoparlantes, que es el de cariño o aprecio incondicional. Nada negativo, sino todo lo contrario; se puede definir apego como “una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección y facilita que aparezcan la empatía, la comunicación emocional y hasta el amor entre estas personas. Desde el punto de vista cognitivo, la propia existencia de una relación de apego conlleva la construcción de un modelo mental de dicha relación, una imagen de cómo es el propio niño, representaciones sobre la figura de apego y una teoría mental sobre la imagen que la figura de apego tiene sobre el niño” (o adulto, claro; https://es.wikipedia.org/wiki/Apego). Por lo tanto, y desde una perspectiva general, la teoría del apego es la teoría que describe la dinámica a largo plazo de las relaciones entre los seres humanos.

¿Hay alguna relación entre los significados convencional (en castellano) y zen de apego? Pues ya se ve que muy poca. Al usarse la acepción zen de manera indiscriminada ante una población que, a grandes rasgos, no tiene ninguna formación sobre ello, se produce una confusión notable. Se genera la idea, que a mí me ha causado no pocos quebraderos de cabeza en el pasado reciente, de que los apegos, en vez de ser parte de la esencia más brillante de la vida, fueran una carga de la que hay que liberarse para crecer internamente (para colmo, junto a los pensamientos, a los que se exhorta a acallar permanentemente, en este caso tergiversándose completamente el mensaje budista original). De hecho, como tal se me ha estado queriendo transmitir durante un tiempo. Tremendo disparate, desde mi punto de vista. Yo propondría, para evitar equívocos, buscar una palabra más adecuada para apego desde la perspectiva zen, y quizá no esté de más redordar que, en casos como este, quien confunde no es el que recibe la información, sino el que la transmite. Otro rasgo muy propio de nuestros días turbulentos.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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