Más voluntad y menos fatalismo

A estas alturas de la película sigue habiendo muchísimas personas sometidas a una visión fatalista de la vida: “ocurre lo que tiene que ocurrir y en su momento oportuno”. Qué bien se vive así, esperando que el destino nos ofrezca las situaciones que tiene preparadas para nosotros. Y si nos da tralla, es que tenía que ocurrir así, y aprovechemos la ocasión para aprender… Que se lo digan a los habitantes de las favelas. Que se lo digan a los enfermos crónicos de fibromialgia. Que se lo digan al que pasaba por allí y le cayó la maceta en la cabeza. O al que recibió un tiro en el ojo de la policía y se ha quedado sin vista, cuando le sorprendió un atraco mientras paseaba apaciblemente por la calle. Lo más cómico del asunto es que, cuando intentas hacerles ver lo absurdo de su planteamiento, te contestan con el único argumento que les queda disponible: “no estás preparado para entender”. Ah, ya. Vale.

Enrique Espinosa Arciniega y Martín Bonfil Olivera (http://gruporicercare.blogspot.com.es/2012/03/hijos-del-azar-una-resena-critica-de-el.html), entre otros muchísimos, dan una respuesta muy acertada a quienes insisten en interpretar la vida de esta forma, en su comentario crítico del indispensable texto de Jacques Monod “El azar y la necesidad”: “Es en el goce de la nueva visión de lo vivo, en la eterna sorpresa que es la naturaleza de la que formamos parte, en donde podemos hallar quizá una parte del sentido de la existencia humana. Siempre podremos buscar nuestro lugar en la naturaleza, si reconocemos que más que esperar encontrar algo escrito en ella que nos revele nuestro papel, tenemos la entera responsabilidad de decidirlo.” [La negrita es mía].

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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Una respuesta a Más voluntad y menos fatalismo

  1. cesar dijo:

    Cierto. Esta idea de “ocurre lo que tiene que ocurrir y en su momento oportuno” me hace recordar a Nietzsche, cuando explicaba que la religión cristiana está diseñada para el control de masas: como un lenitivo contra la angustia de la incertidumbre y como una llamada al conformismo: “tu sufre y se un esclavo, no pasa nada, todo está escrito. Ya, mas adelante, serás recompensado en el paraíso”. También es posible, creo, que haya una malinterpretación de la idea de karma. El karma, en cierta conexión conceptual con las modernas ciencias de lo complejo y el caos, nos dice que las cosas son exactamente como tienen que ser. Pero esto no implica un plan cósmico, sino simplemente que no podemos trazar, por su complejidad, toda la cadena de acontecimientos que nos ha traído al aquí y ahora. La idea de karma, lejos de ser una visión fatalista, una llamada al conformismo o a “entregarse al destino”, es una llamada a la acción. A ser consciente de que cada pequeño acto condiciona todo lo que viene después y que tenemos una responsabilidad directa en cómo interaccionamos con el mundo y como gestionamos nuestras propias circunstancias. Un poco también como el “carpe diem” clásico, tergiversado actualmente como una llamada al goce y al abandono, en realidad era una llamada a la vida consciente, a asumir la responsabilidad que supone ser consciente de que solo tenemos éste dia y que éste dia define los siguientes. A que tenemos solo este momento para aprender, para crear, para practicar la virtud y la razón, para conducir nuestra vida y para tratar de hacer mas fácil o mejor la vida de los demás.

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