Luz e iluminación: el dilema de la polisemia

Desde que me intereso por las tradiciones espirituales orientales, sobre todo por el budismo zen, y me relaciono con personas que están en la misma onda, leo en muchos lugares frases sobre la luz y la iluminación que contrastan fuertemente con la idea que yo mismo he manejado siempre del significado de esas palabras. Indagando sobre el asunto, que en algunas ocasiones me ha llevado a discutir en algunos foros acerca de la necesidad de cultivar o suprimir la dinámica de los pensamientos, me parece claro que estamos una vez más ante vocablos polisémicos, de manera que, si los usamos fuera de contexto, podemos confundirnos mucho y enredarnos en polémicas estériles.

Para la tradición oriental, y para sus variantes contemporáneas occidentales, derivadas de la teosofía, la antroposofía y las tendencias new age, iluminación es la experiencia personal que te acerca al estado de paz, armonía y felicidad interior, es decir, es una experiencia mística o cuasimística, que solo se consigue cuando la mente queda silenciada, en quietud. Para evitar confusiones, quizá deberíamos llamarla iluminación emocional o espiritual.

Por el contrario, para la tradición occidental, iluminación es un acto intelectual, racional, que consiste en la adquisición de conocimiento positivo mediante el ejercicio de la mente. De igual modo, quizá deberíamos llamarla iluminación intelectual o mental.

Lo más llamativo es que ambas tradiciones pueden parecer contrapuestas cuando se interpreta que el único estado deseable para la primera es el de la iluminación espiritual permanente, lo que implica la interrupción de la actividad mental consciente. Esto es, en mi opinión, un error de base, considerando el papel primordial que tienen las actividades intelectuales en el contexto del budismo, por ejemplo, donde la mente se ejercita para estar en alerta constante (en lo que podría considerarse una práctica precursora de la actual consciencia total o mindfulness). Mi lectura personal, que tengo mucho interés en contrastar con la de otras personas dedicadas con cierta seriedad a estas cuestiones, es que son tradiciones complementarias; la iluminación racional puede llegar a embrutecer si no se acompaña de dosis suficientes de conocimiento y entrenamiento emocional, como estamos viendo a cada momento en nuestro entorno, y la espiritual puede llegar a crear seres torpes, simples y necios, susceptibles de dejarse engañar y manipular con facilidad, si no se acompaña de su contraparte intelectual.

Sumemos, pues.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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