Evolución, azar y contingencia: argumentos que no se pueden ignorar

Hoy he copiado este par de frases de Jordi Bascompte y Pedro Jordano en mi muro de Facebook, que recogí en mi artículo sobre el estado del río Tajo a su paso por Toledo (https://joseluisyela.wordpress.com/2013/03/15/los-recursos-naturales-y-el-tajo-iii/):

“La conservación de la biodiversidad no es una opción, pues el bienestar humano depende de ésta”. Jordi Bascompte, Profesor de Investigación, CSIC.

“Más que intentar conservar especies, deberíamos orientarnos a conservar sistemas ecológicos”. Pedro Jordano, Profesor de Investigación, CSIC.

A continuación he recibido el comentario de una persona de intención sana y mente inquieta, que me ha dado pie a expresar uno de los argumentos cruciales de mis asignaturas de Zoología y Conservación Biológica en un idioma que supongo que es inteligible para (casi) cualquiera, y si no lo tendré que lograr:

MVMC:Una pregunta filosófica de la que me gustaría saber la respuesta de los biólogos…. Por que la naturaleza ha creado esta especie…homo sapiens… que esta siendo tan irrespetuosa?
Yo parto de la base de que la naturaleza es sabía. Y de qué no hace esfuerzos inútiles.

José Luis Yela: MVMC: tú partes de un supuesto, pero los biólogos evolutivos y de la conservación partimos de otro diferente. En realidad (y es ahí donde pongo el mayor énfasis en mi charla sobre Espiritualidad y Darwinismo, que casi tengo lista), toda la ciencia biológica moderna se fundamenta en la idea contraria a la que tú defiendes, y que tan admirablemente explicó Stephen J. Gould en su excepcional libro “La vida maravillosa”. La cantidad de datos que se han reunido durante los últimos 150 años acerca del funcionamiento de la naturaleza impide a quienes trabajamos en ello considerar que ésta es “sabia”, porque eso equivaldría a dotarla de una cualidad que es inherente y exclusiva a la condición humana (que se sepa fehacientemente), o al menos animal. y porque supondría que efectivamente la historia del Universo y de la vida tiene una finalidad, o lo que es lo mismo, que existe un ente director externo a la realidad que conocemos (sobrenatural) que actúa como guía. La inmensa mayor parte de los biólogos evolutivos coincidimos en dos cuestiones:

1. la evolución es azarosa y contingente, y

2. como no hay evidencia alguna de la existencia de ningún ser “superior”, aceptar que existe es una cuestión de fe, es decir, subjetiva, indemostrable.

La segunda cuestión tiene numerosas implicaciones filosóficas y es muy debatible, por supuesto, pero es la razón por la cual yo me considero a mi mismo agnóstico (“el que no sabe”). La primera, sin embargo, está muy bien documentada, y el consenso entre la comunidad científica es virtualmente unánime. ¿Cuál es el hecho empírico principal que justifica afirmar que la evolución es azarosa y contingente? Muy sencillo. La variabilidad genética entre los individuos de una población cualquiera, que es el sustrato sobre el que puede actuar la evolución, es expresión de un proceso triple (en eucariotas, doble en procariotas) que durante mucho tiempo se ha conocido como el postulado fundamental de la biología: mutación-recombinación-selección. La mutación, que es el cambio en la estructura química del ADN que hace que una variante de un gen (un alelo) se convierta en otra, es un proceso absolutamente aleatorio, fortuito. Efectos muy variados conducen a que se produzcan mutaciones puntuales en el ADN de los gametos de los individuos, mutaciones que luego se combinan unas con otras durante el proceso de sobrecruzamiento cromosómico de la meiosis. El resultado es que la cantidad de gametos diferentes resultantes es muy grande, y dependiente de las combinaciones posibles entre todas las mutaciones aparecidas. Solamente algunos de esos gametos son viables, y son precisamente aquellos que contienen las “mejores” combinaciones génicas, es decir, aquellas que van a otorgar a los individuos que las porten las mayores probabilidades de reproducirse, porque serán los que mejor adaptados estén a las condiciones ambientales.
¿Esto qué quiere decir, con respecto a tu mensaje? Que la inmensa mayor parte de los “esfuerzos” que hace la naturaleza son inútiles, y solamente algunos pocos de los útiles son los que tienen algún futuro. Nosotros dos estamos aquí porque somos individuos con una constitución genética digamos que favorable, en conjunto; si no lo hubiéramos sido, no habríamos nacido siquiera o nos hubiéramos muerto en seguida. O, en el mejor de los casos, seríamos los portadores de alguna malformación más o menos severa.
La cuestión de “por qué la naturaleza ha creado esta especie” (tan extremadamente perversa en algunas ocasiones, juzgada desde nuestra propia perspectiva) tiene que ver más con el papel contingente de la evolución. Para simplificar (y si lo hago demasiado, pídeme explicaciones), existen las especies que pueden existir, tanto en función de las constricciones ambientales actuales como de las filogenéticas (es decir, las que tienen que ver con los fenómenos de diversificación en función de los linajes preexistentes). O dicho en plata, en función del tipo de circunstancias actuales en las que las especies vivientes pueden sobrevivir y en función de los linajes de organismos que ha habido en el pasado. Lo cual equivale a decir que si durante el transcurso de los profundos cambios que han afectado a la Tierra a lo largo de los aproximadamente 4000 millones de años en que ha existido algún tipo de vida sobre ella la situación hubiera sido otra, el resultado final hubiera sido otro distinto. De hecho, es interesante constatar que después de cada evento de extinción masiva (de los cuales ya se han documentado 5-7) la vida se reorganiza de una forma funcionalmente similar a lo que había antes, aunque los linajes que adoptan los diferentes papeles sean otros (en concreto, aquellos que han logrado superar la extinción masiva y sus descendientes). Los humanos seremos lo peculiares que queramos, que lo somos; pero estamos aquí porque se han dado las circunstancias pertinentes. O lo que es lo mismo: en cada momento de la historia de la Tierra, el conjunto de organismos existentes lo es porque se estaban dando las circunstancias para que existan. Así de simple. Esto son hechos; todo lo demás, cuestiones insondables para la razón y por lo tanto para el método científico, a las que hay que encontrar respuesta por otros medios. Pero sin ignorar lo que conocemos. Porque si lo ignoramos, no solamente nos estaremos engañando, sino que podemos estar construyendo toda una cosmovisión basada en falacias, caprichos, gustos, preferencias, supersticiones o mecanismos de cohesión social carentes de fundamento real. Lo cual tiene dos consecuencias negativas: creamos dificultades de entendimiento entre grupos que se hayan dotado de cosmovisiones diferentes y favorecemos, con ello, las probabilidades de conflicto entre individuos y grupos. De hecho, la causa fundamental de las guerras a lo largo de la historia ha tenido directamente que ver con la interpretación ideológica de la existencia…
Corolario fundamental: seamos tolerantes. Abramos nuestra mente. Formémonos. Conozcamos. Desarrollemos un espíritu crítico potente. Una mente bien formada normalmente se alberga en un cuerpo con un corazón capaz de amar con mucha mayor intensidad, porque es capaz de entender mucho mejor el papel de crucial del altruismo.

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4-03-2015. Uno de mis alumnos ha comentado en Facebook sobre esta entrada: “Me ha parecido interesante sobre todo porque entiendo esta visión, aunque yo no habría podido en su momento expresarla tan bien. Sin embargo esta vez me quedo con Lennox [en referencia a la entrevista a John Lennox, https://www.youtube.com/watch?v=Rug6W86fn8k%5D. No veo oposición entre el sistema de recombinación génica, o la evolución, y la disposición de las cosas con un fin, si por ejemplo, tenemos en cuenta que eso operaría a nivel material y no espiritual. Quizá la visión es azarosa a términos que nosotros comprendemos y observamos, no siendo capaces de entender enteramente toda la “maquinaria”. No sé si he sabido expresar la idea acertadamente

José Luis Yela: Si, naturalmente que la has explicado claramente. Y es una posibilidad, por supuesto. De hecho, los agnósticos no la rechazamos, sino que reconocemos nuestra incapacidad para valorarla. Las creencias son subjetivas, y por lo tanto personales, y Lennox dice que “cree” nada más empezar. Personalmente, me parece más honesta la postura del agnóstico, como es lógico. Puede ser, debe ser, tiene que ser que haya multitud de principios y hechos que no comprendamos en absoluto, que incluyan un comienzo y un fin. Desde luego, la postura emergentista, tan en boga hoy día y de la que yo soy un partidario convencido, podría justificarlos. Pero ¿cómo asegurarlo? En este punto, la fe no sirve más que como soporte interno para sosegar la inseguridad y el miedo que produce este no saber. A mi no me hace falta, pero comprendo perfectamente que haya personas que la necesiten. De hecho, la fe conecta directamente con el mundo de los mitos y los símbolos, que son rasgos característicamente humanos y sin los cuales no se entendería ni nuestra realidad actual ni nuestra historia evolutiva.

Sobre la postura atea radical opino prácticamente igual que Lennox. Para mí, la mayor parte de las veces se basa en una ignorancia considerable (y hasta clamorosa) de cualquier consideración filosófica, es decir, de cualquier perspectiva que no sea estrictamente científica, en el sentido en el que hoy día se concibe la ciencia (radicalmente positivista y materialista y pancomprehensiva).

Mola hablar de cosas interesantes, además de estar vacilando media vida.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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2 respuestas a Evolución, azar y contingencia: argumentos que no se pueden ignorar

  1. José Luis dijo:

    Simplemente gracias.

  2. A tí, tocayo, por comentar, estemos de acuerdo o no. 🙂

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