El monopolio de la verdad

La ciencia proporciona el camino más fiable para el acercamiento al conocimiento racional, porque se corrige a sí misma cuando se demuestra que el aserto defendido es falso. Esta es su grandeza pero a la vez su miseria; la mayor parte del colectivo de científicos, y no digamos nada de tecnólogos y otras gentes que se desenvuelven en la esfera del conocimiento científico y su aplicación, niegan vehementemente la validez interna de cualquier otra aproximación al conocimiento. De esta forma, si antiguamente el monopolio de la verdad era asumido por la autoridad religiosa, hoy lo es por la autoridad científica. Ambas, y aquí está el problema, son usadas por el poder político, convirtiéndose en sus aliados. Por eso mantengo la tesis de que la ciencia es, en este momento, el “brazo intelectual” del poder institucional, sea este participativo, autoritario o hasta terrorista, para desgracia de quienes la concebimos como el camino más modesto de todos hacia la verdad (con todas las dificultades que encierra el término “verdad”), precisamente porque no admite dogmas, sino que se va construyendo en torno a paradigmas (teorías) que pueden perfeccionarse.

La situación más grotesca de asociación entre esferas institucionales se da en la Europa en decadencia de hoy mismo: el poder político, ranciamente oligárquico, muestra una dependencia secular enfermiza con respecto al poder religioso, representado por la institución que mantiene vivo, aunque apolillado, el último rescoldo del imperio romano de Occidente, la iglesia católica, y además se nutre también enfermizamente, con objeto de mantener activa la maquinaria de la producción masiva y competitiva de bienes, de la lógica y del núcleo axiomático y epistemológico de la ciencia, que también han sido asimilados, aunque solo en lo formal, por la iglesia de Roma.

Mientras, los ciudadanos caminan por donde marcan las reglas impuestas por los que llevan las riendas, completamente ajenos a esta realidad incontestable (aunque interpretable), creyéndose libres en su ingenua ignorancia. Ignorancia fomentada desde el mismo poder oligárquico, en su propio beneficio.

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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9 respuestas a El monopolio de la verdad

  1. cesar dijo:

    Ya Feyerabend advertía de la conversión de la Ciencia en la nueva Iglesia, con sus sacerdotes y su dogmatismo, al servicio del poder político, así como su transformación en un elemento productivo y de los científicos en trabajadores mas preocupados por su sueldo y por “llevarse bien con el jefe” (asi lo decía). Naturalmente Feyerabend fué tratado como un loco y su anarquismo epistemológico fué denostado hasta el punto de que poca gente conoce sus ideas (y prácticamente ninguno de los científicos que he conocido habían oído hablar de él o tenían alguna noción sobre sus ideas) y su filosofía de la ciencia ha sido considerada, a mi modo de ver con una visión muy corta, poco “productiva” (así lo he leído alguna vez).

    Me pregunto, ¿Es posible que la Ciencia se ha convertido en una nueva autoridad religiosa al servicio del poder institucional tras un proceso de transformación mediado por el fomento de la competitividad frente a la cooperación, apoyado en una estricta administración de la escasez económica, la deshumanización de los científicos y ciudadanos en general (en el sentido de pérdida de una formación humanística y filosófica fundamental para enfrentarse a la dictadura económica y a la realidad del ego) y la “victoria” de los valores productivistas, en el sentido de que solo vale lo que es “util” en forma de beneficio económico o político, transformando la actividad científica en una industria cuyo “éxito” se mide en función de parámetros de “productividad”?

    • Chema dijo:

      “La verdad es algo tan fundamental que no sólo se comporta como uno de los problemas filosóficos por excelencia, sino que es también una de las bases del comportamiento social humano. No es posible establecer relaciones sociales significativas y duraderas sin tener la facultad de confiar en un otro. Una vez que la confianza se rompe, el establecimiento de relaciones con otros significantes se vuelve bastante difícil. De este modo, una vez que nuestro comportamiento comienza a basarse en aspectos que poco se relacionan con la verdad, las relaciones basadas en la confianza se rompen y poco queda de relaciones sociales valorables.”
      No es mío, pero me parece una buena definición.

      • Chema, como ya he escrito en Facebook, me parece un texto muy acertado, pero muy discutible. De hecho, a partir de Maquiavelo se puede reconocer toda una escuela de pensamiento que valora la estrategia de la ocultación y la mentira como fundamental a la hora de establecer relaciones sociales fuertes y estables. De naturaleza vertical, obviamente. De hecho, la mayor parte de los ecólogos evolutivos del comportamiento admiten que existe un balance óptimo entre la expresión de la verdad y el engaño que permite a cada grupo social humano ser máximamente efectivo en cada circunstancia. Aparte de eso, la naturaleza semántica del concepto de verdad es muy, pero que muy resbaladiza. Cuanto más leo sobre esto, menos sé; o más me cuesta sintetizar.

    • Oh, Feyerabend, mi admirado Feyerabend, el proponente del “anarquismo epistemológico”… Si, me olvido muy frecuentemente de citarle, pero parece indudable que ando sobre sus huellas o sobre algunas muy cercanas. Quizá haya una razón de fondo importante para este olvido, y es que he leído muy poco de él. Me resulta muy atractivo y cuando cojo alguno de sus textos me siento extraordinariamente identificado con lo que expresa; quizá por eso lo dejo en seguida y me pongo con otros textos que me resultan menos afines y estimulan mucho más mi sentido crítico. Pero vamos, que sí; que apenas nadie en nuestro mundillo le ha leído, y ni siquiera sabe quién fue. Ni que bebió directamente de las fuentes popperianas, antes de hacerse un crítico rotundo del método científico como un ente rígido e inamovible.
      Yo creo que sobran evidencias para afirmar que la ciencia se ha convertido en una nueva autoridad “religiosa”, o pararreligiosa. Es decir, en soporte conceptual del poder político. Creo que los científicos estamos ante la necesidad imperiosa e inaplazable de plantearnos muy seriamente hasta qué punto estamos dedicados a contribuir al descubrimiento de nuevos hechos, es decir, al avance del conocimiento, y hasta qué punto servimos ciegamente a los intereses de la maquinaria de control social que subyace a la dinámica cotidiana. El colectivo de científicos es, en términos generales, extraordinariamente conservador; quien contradice los paradigmas desde el principio no tiene ninguna posibilidad de abrirse hueco en esta profesión, y cuando ya te has amoldado a los paradigmas no es fácil que te apartes de ellos de manera significativa, a no ser que seas uno de esos diez o doce genios que todos conocemos. Habría que darnos a todos una buena ducha de agua congelada, a ver si espabilábamos.
      Millones de gracias por tus contribuciones, César. Me ponen las pilas.

      • cesar dijo:

        Citemosle entonces:
        “Basta con pensar hasta que punto una profesión académica convierte a sus miembros en esclavos, especialmente a aquellos que no tienen un puesto fijo; basta con tener presente hasta que punto estos esclavos se vuelven codiciosos e intolerantes en cuanto se les hace sentir un hálito de libertad, o de algo que ellos creen que es la libertad, es decir, un puesto fijo (…) Todavía quedan, es cierto, bardos que intentan cautivar a los espectadores cantanto la belleza de la ciencia, el placer de descubrir, el carácter profundamente humano del ansia de saber, de la sed de verdad o cualquiera que sea el título que elijan para sus himnos de alabanza. Yo me temo que están cantando para un tiempo que ya hace mucho que pasó”.
        Feyerabend. Expertos en una sociedad libre.

        “…detrás de todos estos desafueros se esconde la convicción de que el hombre dejará de ser esclavo y alcanzará al fin una dignidad que sea algo más que un ejercicio de prudente conformismo, cuando sea capaz de abandonar sus convicciones mas fundamentales, incluso aquellas que presuntamente hacen de él un hombre.”
        “La Ciencia del siglo XX ha renunciado a toda pretensión filosófica y ha pasado a ser un gran negocio. Ya no constituye una amenaza para la sociedad [refiriéndose a como era la ciencia en siglos anteriores], sino uno de sus puntales mas firmes. (…) Tener un buen sueldo, estar en buenas relaciones con el jefe y con los colegas mas directos: estos son los objetivos primordiales de los hombres-hormiga que ponen todo su empeño en solucionar problemas insignificantes, pero que fuera de su ámbito de competencia son incapaces de entender el nexo entre las cosas”
        Feyerabend. Tesis a favor del anarquismo.

      • Pero… ¿eso lo ha escrito Feyerabend o yo? 😛
        En realidad, estas son las mismas ideas que he defendido siempre. Ahora recuerdo con horror mi paso por la Estación Biológica de Doñana y asisto, entre espantado y compasivo, a las luchas malsanas de poder entre compañeros y a la glorificación patética de sus egos. El productivismo atroz lo invade todo y lo pudre, al despojarlo de cualquier amago de humanidad y de trascendencia. El mundo en el que vivimos se ha convertido en banal.

  2. Pingback: La lucha titánica | Anarchanthropus crapuloideus (Al fondo a la izquierda, por favor)

  3. cesar dijo:

    Vale, bien, está visto el problema entonces. Yo siempre he pensado así y Feyerabend y otros me han inspirado profundamente. Nunca he querido jugar con esas reglas impuestas por el productivismo capitalista, ni he compartido la forma de pensar de mis compañeros ni su visión de la Ciencia ni las reglas esclerosantes de la administración. Resultado: yo no tengo puesto fijo, ni puesto alguno, y estoy al margen. Aceptar las consecuencias de estas ideas te lleva a la exclusión, tanto profesional como económica. Que es mas aceptable: ¿seguir el juego, conseguir la “falsa libertad del puesto fijo” que decía Feyerabend y, desde la comodidad de un Estado que protege económicamente mediante una estabilidad laboral, arremeter contra ese Estado y contra los “esclavos” (siguiendo con la terminología suya) o asumir las duras consecuencias de la coherencia ideológica y no querer formar parte de todo ello? Feyerabend mismo nos decía que lo suyo es ser un oportunista: el anarquista epistemológico puede pasar de defender una postura a la contraria con tal de conseguir sus fines de una Ciencia sin método y la libertad de una visión de conjunto.

    • El problema está claro, si. A mi Feyerabend me está suponiendo un respaldo importante, puesto que anteriormente había leido muy poco de él (y, aunque indudablemente se me había quedado algo de su mensaje, no lo recordaba de forma clara y explícita).
      La cuestión que planteas es crítica, y me ha ocasionado miles de quebraderos de cabeza en el pasado. ¿Es preferible la coherencia personal, siendo incluso la alternativa moralmente inadmisible, o es preferible someterse a la falsa libertad (que lo es) del puesto fijo como única opción operativa viable -o al menos yo lo veo así- para luchar en favor de la propuesta que defendemos? ¿Se puede actuar realmente desde fuera, o no hay más remedio que estar dentro para poder actuar con alguna eficacia, siempre que uno esté completamente al tanto de la realidad en que se encuentra y no se deje manipular ni engañar? Yo no estoy seguro de haber elegido la postura correcta, así que no estoy convencido de que la opción oportunista de Feyerabend sea la ideal. De hecho, me parece que entronca directamente con el ideal maquiavélico, que siempre me ha parecido bastante repugnante.
      En mi caso concreto decidí dejar de estar al margen por tres razones: porque me parecía que desde fuera no podría contribuir a cambiar las cosas, dado el nivel de blindaje de todo el sistema; porque mi pasión es leer, escribir y trabajar con la naturaleza, y estando al margen no iba a poder hacerlo; y por miedo (a una determinada edad, y habiendo dedicado la inmensa mayor parte de tus recursos peronales a lo académico, empiezas a pensar que “no vales para otra cosa”, lo cual es una quimera más que se despierta en nuestras mentes como consecuenca de la dinámica malsana en la que nos introducimos).
      Me parece recordar que he escrito otras veces sobre esto, pero no consigo encontrar los textos.

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