Hijoputez

Acabo de escuchar en la radio a Wolfgang Schäuble, ministro alemán de economía, que asegura sobre la aceptación por parte del nuevo gobierno griego (Syriza) de las reglas impuestas por el poder central europeo: “Ja oder nein”. O sea, el gobierno griego debe aceptar las reglas si o si, como decimos en castellano. Esto, después de hacer manifestado que lo siente por los griegos, por haber elegido un gobierno equivocado (!!).

Este es el talante de quienes nos someten a sus reglas. Esta es la situación real. Mientras tamaña hijoputez autoritaria y excluyente sea la que guíe nuestros destinos, poco podrá cambiar. La argucia según la cual los acuerdos básicos se adoptaron en Maastrich y subsiguientemente es eso, una argucia, una trampa: esos acuerdos no provienen del sentir popular, sino de los apaños de las oligarquías plutocráticas parademocráticas. Lo diga Agamenón o su porquero, y lo digamos con unas palabras o con otras.

Por cierto, esas mismas oligarquías son las que nos impusieron “Bolonia” a los universitarios, y las que ahora nos tratan de imponer el TTIP. A hurtadillas. ¿Demócratas? Caraduras de mierda. Hijos conceptuales de Maquiavelo y toda su recua.

Es realmente triste. Entre otras cosas, porque implica que las oligarquías asumen que los mecanismos que posibilitan el bienestar social son independientes de los que favorecen el bienestar individual, que es ignorado completamente en favor del primero. Porque a ellas les conviene, indudablemente. Tan, tan, tan, tan ingenuo no se puede ser como para no verlo.

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A propósito, este artículo sobre el tema me ha parecido muy acertado (con excepción de algunos detalles), muy en particular la frase final:

http://www.eldiario.es/zonacritica/Grecia-debe-morir_6_357724241.html (Antón Losada, 17/02/2015)

“Asumámoslo. Los griegos no pueden ganar. Ese es el verdadero problema. Simple y llanamente no pueden ganar ni siquiera un poco porque, si lo hacen, se vendrá abajo esa gran estafa europea conocida como “austeridad”.  Grecia, como Romeo, debe morir.

No se trata de que sus peticiones resulten poco razonables, económicamente inviables o simplemente estúpidas. Se trata de que Merkel, Rajoy o Cameron no sabrían cómo explicárselo a sus opiniones públicas y a sus votantes sin acabar embreados con plumas y alquitrán como los tahures del viejo oeste.

El riesgo que tratan de evitar los fetichistas de la austeridad no es la bancarrota de Grecia, su salida del euro o o que el Gobierno de Syryza acabe resultando un desastre. Buscan evitar precisamente lo contrario: la siquiera remota posibilidad de que pueda salir bien y se demuestre que la austeridad sólo supone una coartada para imponer un cambio de régimen, desde la democracia de vuelta a la plutocracia.

Si los griegos consiguen un acuerdo razonable, ordenan su economía fuera del yugo de la austeridad por cualquier medio necesario, implementan las reformas que deberían sacar a Grecia de la desigualdad, el clientelismo y la corrupción, vuelven a crecer y crear empleo y empiezan a pagar lo que deben, quedarían como los timadores que son esos mismos gobernantes que llevan un lustro jurándonos que no hay otro remedio que aplicar políticas de sufrimiento masivo y asustándonos con pavorosos historias de mercados feroces, populistas al servicio del oro de Venezuela y radicales viciosos.

La negociación con Grecia tienen bien poco que ver con la economía. El único riesgo moral que realmente asumimos yace en la catadura moral que están acreditando gobernantes y ministros que acusan a los griegos de haberse fumado alegremente el dinero de nuestra pensiones o nuestros medicamentos. Ni siquiera Europa se comporta como un acreedor preocupado únicamente porque le devuelvan su dinero. No quiere cobrar, quiere castigar.

Se trata únicamente de demostrar quién da las órdenes y a quién no le queda más remedio que obedecerlas. No se trata de que los griegos nos devuelvan ese dinero que decimos que nos deben como si muchos hubieran ido a llevarlo personalmente a Atenas sacándolo de su bolsillo. Se trata de que los griegos aprendan de una vez y para siempre quién manda aquí.

El Gobierno griego debería ser un poco más listo y, ademas de gustarse tanto en las ruedas de prensa y verse ideal en las imágenes de los telediarios, debiera preocuparse por jugar a este juego de tronos con la prudencia, la sobriedad y la paciencia que permiten acabar ganando.”

 

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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