Guerra

Los defensores de la idea de progreso constante de la humanidad, que argumentan que estamos en el mejor momento de toda la historia, suelen decir que el siglo XX ha sido aquel en que han tenido lugar menos guerras. La inconsistencia de la afirmación queda de manifiesto, por ejemplo, en Humanidad e inhumanidad: una historia moral del siglo XX, de Johnatan Glover: “En las guerras del siglo XX la muerte se ha dado en una escala difícil de aprehender. Todo promedio a partir de las cifras de muertos es artificial, pues alrededor de dos tercios (58 millones) corresponden a las dos guerras mundiales. Pero, de haberse repartido estas cifras de modo uniforme durante todo el período, la guerra habría matado alrededor de 2.500 personas por día, o sea, cien por hora, las veinticuatro horas del día, durante noventa años.” Por su parte, Hugh Thomas argumenta que “el siglo XX, aunque en general destacó por sus mejoras sociales y una mayor consideración con los pobres por parte de los gobiernos, ha estado dominado por la ametralladora, el tanque, el bombardero B-52, la bomba nuclear y, por último, el misil. Se ha caracterizado por las guerras más sangrientas y destructivas de toda la historia”. […] “Es, por tanto, muy discutible calificarlo en realidad de progresivo”.

Cabe preguntarse por el significado mismo que la palabra guerra tiene hoy día, cuando un militar puede estar manejando un arma mortífera a miles de kilómetros de distancia desde una oficina o cuando millones de personas quedan condenadas a muerte por decisiones tomadas en los despachos. Particularmente espeluznantes resultan, en la coyuntura actual de crecimiento progresivo de las distancias entre las minorías acaparadoras de bienes y las mayorías de pobres y supervivientes de toda índole (lo cual, no lo olvidemos, está en la misma raíz de la crisis de biodiversidad tan tremenda que estamos provocando), algunos exabruptos vomitados por personajes tan deleznables como Warren Buffett, a quien se ha considerado el organismo (¿es humano?) más rico del mundo, en términos económicos: “Hay una guerra de clases, y la estamos ganando los ricos“.

El caso es que así es. Es una auténtica guerra. Y frases como esta dejan meridianamente claro que existe un proyecto, que no es en absoluto misterioso y que está orquestado por las llamadas “élites” (lo que antes se llamaban oligarquías), cuyos antecedentes próximos se pueden situar en las reuniones del Club de Roma y que ahora han confluido en eso que se llama Club Bilderberg, para desprenderse de la mayor parte de la humanidad en cuanto la tecnología les permita prescindir de nosotros. Quizá no sea ésta su pretensión más anhelada, pero supondrá con toda seguridad al menos una consecuencia inevitable. Ya lo estamos viendo; lo que ocurre ahora no es sino el comienzo. Los poderosos hablan cada vez con mayor descaro, hasta llegar a decir lo que ha dicho el ínclito Warren Buffett (o Draghi, o tantos otros). Y no es que ellos tengan la guerra ganada, no; es que en esta guerra no hay ni batalla. Una vez caído el muro de Berlín (https://joseluisyela.wordpress.com/2014/11/07/el-muro-y-la-libertad/), los parias, los pobres, los proletarios, los trabajadores, los productores (llamémosles como queramos) no tenemos capacidad alguna de respuesta en lo social. Por eso hay tantos parias que tratan de subirse al carro de los ricos, especialmente en lugares tan pintorescos y atrabiliarios como Ejpañistán (y olé), a costa de pisotear a quien sea.

¿Qué podemos hacer los parias? En lo personal, mucho (https://joseluisyela.wordpress.com/2014/11/04/sobre-la-extincion-en-marcha/). En lo social, me temo que poco o muy poco. Sería necesaria una verdadera revolución que acabara con las terroríficas diferencias de poder adquisitivo (el poder auténtico, al fin y al cabo, como se está demostrando) y que, al mismo tiempo, sentara las bases para relegar al mínimo las ideologías fascistoides-autoritarias basadas en el poder financiero. Lo que hizo Fidel, vamos, y lo que intentó hacer Chávez, y que ha sido tan denostado por los poderosos, aspirantes a poderosos y un amplísimo sector del pueblo, incapaz de pensar en términos de decrecimiento y usando como justificación la corrupción de aquellos gobiernos, su autoritarismo y el miedo atávico, irracional, al marximo (por la consabida pérdida de privilegios, naturalmente). Lograr ahora algo así suena cuasi-imposible: el poder tiene ahora mismo de su lado ideológico a toda la maquinaria que hace funcionar el mundo, incluidos a los científicos y tecnólogos (que comemos de su mano). La coyuntura histórica es extremadamente compleja y no augura nada bueno.

En Wikiquote he encontrado bastantes frases sobre la guerra, algunas que me parecen desacertadas y otras, por el contrario, bastante enjundiosas. En todo caso, queda una vez más demostrado que la vida es del color del cristal con que se mira, y que las dos concepciones básicas de la organización del mundo (desde abajo y desde arriba) se contraponen de manera palmaria, correspondiendo la primera a la visión pluralista, generosa, cooperadora y equiparadora (horizontal) y la segunda a la visión autoritaria, egoista, competitiva y diferenciadora (vertical). Corresponde a cada cual situar estas frases que he seleccionado en una u otra categoría, o en algún punto intermedio:

“Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general y crece el silencio de los hombres”. Bertolt Brecht.

“Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren.” Jean Paul Sartre.

“En la guerra florecen las más nobles virtudes del hombre. Sin la guerra, el mundo degeneraría y desaparecería en el lozadal del materialismo”. Helmuth von Moltke.

“La guerra es una condición necesaria del progreso”. Ernest Renan.

“El terrorismo es una guerra de los pobres contra los ricos. La guerra es un terrorismo de los ricos contra los pobres”. [¡Ahí va, está llamando terrorista al fulano Buffett! ¡Mira tú!]. Peter Ustinov. [¡Pero si Peter Ustinov era un tipo moderado, cabal, querido por los “hombres de bien”, todo un anticomunista!]

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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