Diciembre

Diciembre. El mes de menos horas de luz solar. El mes en que más apetece quedarse junto al hogar… o al menos antaño. En que el entorno invita más al recogimiento. Y en el que el ámbito cultural cristiano celebra la Navidad, ese periodo tan lleno de símbolos y tan desfigurado y venido a menos actualmente. Ayer me reencontré con un texto que escribí en 2004, a modo de felicitación navideña. A mi manera, claro; lo envié a una serie de compañeros de trabajo, de los cuales no contestó ni uno solo (como era de esperar). Lo dejo por aquí para que no se me vuelva a traspapelar. Y obviamente, porque sé que se me lee, aunque casi nadie deje huella en forma de comentario.

“Feliz Navidad… por qué no.

Estos días nos estamos enviando mensajes con textos parecidos a “no me gustan las Navidades pero te deseo lo mejor”. Parece que en general estas fiestas han dejado de sernos atractivas. A mí tampoco me gustan tal como son ahora, y hay aspectos de ellas que incluso me fastidian bastante. Pero aún así, os felicito a todos y me felicito a mí mismo. Os preguntaréis si se me ha descolgado algún tornillo o qué… No. Bueno… creo. Si lo pensamos con un poco de detalle, realmente hay una razón muy importante para felicitarnos.

La sociedad occidental se ha vuelto, a partir de la generalización del positivismo como trasfondo filosófico dominante en los siglos XVIII y XIX, excesivamente pragmática. Existe una confianza exagerada en la técnica y en el conocimiento racional. Y no es que técnica y conocimiento racional no sean efectivos y positivos; es que nuestro sometimiento incondicional a sus principios nos ha conducido a cambiar bastante radicalmente algunos de nuestros comportamientos ancestrales, y sobre todo a perder progresivamente de vista lo importante que son para el desarrollo y el bienestar de las personas otras aproximaciones al conocimiento. Me refiero, en general, a aproximaciones sensitivas. La consecuencia inmediata es que la sociedad occidental pasa por un estado de algo que podría llamarse narcosis estupidizante, con pérdida de identidad acusada. La representación simbólica es una adquisición evolutiva fundamental de nuestra propia especie, y probablemente la causa de nuestra supervivencia a los cambios climáticos pleistocénicos. ¿Os dáis cuenta de qué clase de cultura simbólica caracteriza a la sociedad occidental? Estamos muy empobrecidos, sí. Muchos de nuestros símbolos más básicos se están perdiendo o degradando con rapidez.

Y todo esto a qué viene, qué nos está contando el “agüelo Cebolleta” éste… Viene a que trato de explicarme con cierto detalle, porque cuando me expreso utilizando símbolos poéticos, y por tanto sintéticos, la mayor parte del personal me mira con cara de no entender nada. Así que esta felicitación navideña es necesariamente un tanto larga. Espero que al menos sea fructífera, y no meramente formal.

Como demuestra la historia, el símbolo más fuerte de la civilización occidental es el del llamado Cristo, símbolo tan degradado y manido en estos tiempos. Esta figura, en el fondo, no es otra que la del humano nacido débil y humilde que, a base de meditación a través del conocimiento sensible y razonado, pero no necesariamente racional, se convierte en el más fuerte e influyente, sin ninguna pretensión de ser poderoso. No tiene mayor importancia si el personaje, como tal, existió o no, como se discute tantas veces. Tampoco la tiene, en el fondo, que se haya utilizado tan torcida y hasta perversamente para fomentar doctrinas serviles e impostoras, particularmente por la iglesia católica. Ni que, como consecuencia de ello, la figura simbólica se haya denostado hasta la saciedad y que hoy día cualquier ateo o agnóstico que se precie la repudie, o al menos la ignore. Lo que verdaderamente importa es que, en el fondo, lo que se celebra es la exaltación de la sencillez, de la humildad, del altruismo o amor y de la vida interior como fuerzas sociales motrices. Eso sí que es esencial, aunque se haya olvidado y sustituido por todo un compendio de referencias bárbaras, consumistas y estériles. Os felicito y me felicito a mí mismo y, desde mi postura de científico agnóstico, punkarra anarka a la contra y poeta de la naturaleza por vocación y devoción, os animo a que meditéis sobre ello.

Suerte, besos y abrazos. Y mucho whisky, obviamente, para pasar el trago. Que lo tiene. Brindaré por vosotros, en particular.”

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Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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6 respuestas a Diciembre

  1. Ex-alumna dijo:

    Una felicitación genial, y que hace pensar (a mí, desde luego, me ha dejado con la boca abierta). Me extraña que nadie te respondiera a este mensaje. Quizás, más que a los compañeros, deberías haberlo enviado a los alumnos 😉

    Fdo: una ex-alumna de hace ya bastantes años de Ambientales (en paro, por cierto…)

    • Conde Nado dijo:

      Gracias, seas quien seas. Si, probablemente algunos alumnos (solo algunos) lo hubiérais entendido algo mejor. Simplemente porque no estáis todavía tan sometidos al rigor mortis spiritualis que impone nuestra vida sociolaboral. En fin, se ve que no están los tiempos para poesía ni para sentimiento, sino para mero formalismo.
      Un beso, y mucha suerte.

  2. Nundah3 dijo:

    Felices Navidades Conde Nado! O como yo suelo decirlo: Felices Fiestas! Porque sea Navidad (Natividad) el motivo cristiano por el cual se comenzaron a celebrar, o no, la cuestión es que para los ateos y agnósticos, celebramos el que el frío y los días de descanso laboral nos permiten pasar tiempo con nuestros seres más queridos y apreciados amigos; tiempo para celebrar que estamos juntos, que somos felices con nuestra mutua compañía, que es el calor humano lo que más cuenta. Felices Fiestas! Y que el calor humano no te falte, que el reposo te ayude a disfrutarlo mejor y que las sonrisas sean las que tracen tu camino hacia el 2015 para que entres con alegría. Y que los que tenemos la suerte de ver tu caminar nos sintamos felices de verte bien. Un gran abrazo amigo. G.N.

  3. Felices fiestas, Gaia. La figura del Cristo es admirable, desde mi punto de vista. Pero yo soy más pagano que otra cosa. En realidad, tiendo a interpretar los símbolos cristianos ancestrales como un estadío final en la cadena de transformación temporal de los símbolos paganos precristianos. La evolución de toda la parafernalia cristiana post-constantiniana no me interesa demasiado, en comparación con la anterior. Los días cortos, el frío, la bruma, la magnificencia del roble marcescente y como recogido en sí mismo (adorado por los pueblos celtas y derivados, incluidos los carpetanos), la lumbre que reúne en torno a sí al clan que festeja el solsticio de invierno y relata sus fábulas… todo eso es lo que está estos días en el recuerdo, e incluso en el presente todavía. Que no falte el calor humano. Que entre todos seamos capaces de tendernos manos para seguir avanzando. Mis mejores deseos también para tí, además de mi agradecimiento por tus palabras. Un gran abrazo.

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