Frustración y lucha: entre lo personal y lo social

Desde la frustración y la agonía que produce entre la gente de buena voluntad comprobar lo ineficaces que son las simples medidas de protesta, al mismo tiempo que cualquier intento de crítica a las instituciones es criminalizado por éstas, algunas personas me preguntan reiteradamente que qué se puede hacer, lo cual me hace sospechar que escribo como si lo supiera o estuviese más cerca de saberlo que ellas (cosa que es, naturalmente, una ilusión). Hoy he respondido lo siguiente a una determinada persona:

 Yo creo que hay algo esencial que podemos hacer. Y es pensar. Y hacerlo de la manera más crítica posible. Creo que es la única forma viable y efectiva de poder contribuir a avanzar  sin caer en generalizaciones inútiles o en posiciones inoperantes que le interesen al poder. Creo que si se analizan con cierto rigor los hechos económicos, políticos y sociales que afectan al mundo “occidental” y “democrático” desde el comienzo de la era industrial hasta ahora, se puede concluir que la tendencia actual es la misma que ha caracterizado los periodos previos a los grandes desastres, y si esto se coloca en la perspectiva histórica amplia del periodo que empieza al establecerse las sociedades humanas en poblaciones sedentarias y al organizarse éstas en torno a compromisos de poder, es difícil llegar a ninguna conclusión que no sea la de que acabaremos como siempre: a palos. También es cierto que, gracias a nuestra conciencia de las consecuencias que pueden tener nuestros actos sobre los demás, hemos ido construyendo nuestras relaciones sociales en torno a compromisos cada vez menos duros y más amables con el conjunto de los individuos, y en especial con los colectivos más desfavorecidos; pero la realidad demuestra que no hemos hecho más que empezar a andar ese camino, y que los determinantes que lo rigen son muy lábiles porque no tienen fundamento biológico (la violación es un patrón de comportamiento habitual en el reino animal; el abuso del poderoso está en la misma base de las relaciones entre los animales) sino social, de manera que basta que cambien los postulados por los que se rigen quienes ostentan el poder para que lo que se podía haber avanzado durante décadas de acuerdos se desvanezca completamente. A una situación tal estamos asistiendo hoy, con perplejidad para algunos, con rabia para todos los que no comulgamos con las ideas defendidas por los poderosos, que ahora mismo se favorecen antes a sí mismos que no al colectivo. Bueno, esto es lo que hay. Y está muy bien que protestemos y nos movilicemos; es incluso esencial. Pero también, en un contexto como el que vivimos en España, es crucial que admitamos, creo yo, que la protesta no va por si misma a ninguna parte, porque el sistema está perfectamente preparado para diluirla y asimilarla. “Se ríen de nosotros”, decimos de vez en cuando. Pues si, se parten de risa (¿que es, si no, lo que hace el modorro ese, el tal Lasquetty, al descalificar de manera inmisericorde la iniciativa popular de voto sobre la sanidad madrileña, tildándola de parodia?). Tienen la sartén totalmente por el mango. Y ni dialogan, ni son permeables al clamor popular, ni nada de nada. El “poder de los mercados”, inherente al movimiento capitalista globalizador de naturaleza conservadora, se ha acabado apoderando de todo, y sin ningún disimulo más que el que imponen las (maleables) Constituciones de los países occidentales dominantes, está destrozando los cimientos del estado social que habíamos defendido casi como un tótem durante la segunda mitad del siglo pasado. ¿Puede pararse esta dinámica aplastante? Es extremadamente improbable. Porque la única vía, que yo sepa, es la del “no pasarán” colectivo, la de la renuncia de lo que tenemos para enfrentarnos, a cualquier precio, al terremoto arrasador impuesto por las oligarquías. Y eso tiene dos graves problemas de fondo: primero, la repugnancia que nos causa a todas las personas de buena voluntad tener que admitir que o estamos dispuestos a todo, incluso al enfrentamiento directo, o pasarán por encima de nosotros sin piedad, como ya han dejado bien demostrado; segundo, que la sociedad actual está estructurada de tal forma que las clases medias son mayoritarias, y todavía, a pesar de los niveles de paro, deuda y pérdida de poder adquisitivo, la mayor parte los ciudadanos prefiere conservar lo que le queda que asumir riesgos.
Si, es complicado y duro. Pero o lo asumimos, o habremos contribuido efectivamente a firmar nuestra propia sentencia de muerte. Yo, personalmente, soy muy poco optimista. Pero quién sabe.
Fíjate que todo mi razonamiento anterior se centra en lo colectivo, es decir, en la escala de organización social. Pero los humanos, aunque esencialmente sociales, no somos animales eusociales, es decir, que para nosotros la escala individual es también esencial. En este sentido, nada mejor que no desfallecer en ningún momento y seguir luchando por los ideales propios constantemente, al precio que sea. Difícilmente podremos contribuir a mejorar en lo social si no somos capaces de vivir en lo personal de acuerdo a nuestros propios postulados de vida, o al menos de intentarlo.
Que tengas un buen día, etc etc. 

 
 

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
Esta entrada fue publicada en Sociedad, economía y política. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.