Presente y futuro de la Universidad pública

Yo creo que el llamado “tasazo”, junto a la reducción de las becas, va a suponer de hecho una cierta elitización de la Universidad, porque solo podrán acceder a ella los hijos de los más ricos (o de los menos pobres, si se quiere; pero va a haber una sección mayor de la población que no pueda permitirse el lujo de pagar los precios que se establezcan). Un descenso en el número de alumnos no solo dificultará, o incluso hará imposible, el incremento de la financiación de las universidades por los gobiernos autonómicos y central, sino que hará peligrar la misma existencia de algunas Facultades. Al descender notablemente la financiación pública, la universidad se verá forzada o bien a prescindir de gran parte del profesorado (proceso que ya está en marcha, al no renovarse los contratos de muchos asociados y otros contratados) o bien a buscar financiación privada, con el peligro que esto conlleva en relación con la independencia de criterio para orientar la docencia o la investigación. La reducción de plantillas incrementará necesariamente la carga docente del resto de los profesores, cuando lo que se supone que exige “Bolonia” es exactamente lo contrario (menor dedicación en términos de carga total para poder atender las demandas, más personales y formativas, de grupos pequeños); es imposible que esto no afecte a la calidad docente, que va a mermar necesariamente. Además, si los profesores nos vemos obligados a aumentar nuestra carga docente, es evidente que no podremos atender nuestras tareas investigadoras con igual intensidad. ¿Cómo se va a fomentar la actividad investigadora de esta forma, que es aquella por la que a las universidades se les otorga un rango en relación con su calidad? La pretensión de facilitar las tareas investigadoras solo a quienes tengan “sexenios vivos” no solamente atenta contra el espíritu del tramo de investigación, cuya solicitud es voluntaria y que evalúa una parte de las actividades investigadoras, aquella que supone la materialización de los resultados en artículos en revistas del circuito ISI, sino que dificultará gravemente el acceso a la universidad por parte de investigadores de los OPIs y complicará de manera grave la trayectoria investigadora de quienes comiencen su andadura académica.
Que había que reformar la Universidad, aquejada de problemas estructurales seculares, era algo que todos sabíamos y solicitábamos. Que esto no es sino un parche de claro tufo ideológico es de una evidencia palmaria.

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Al hilo de esta cuestión, acabo de ser informado de que se ha preparado un manifiesto, que he firmado rápidamente:

NO A LA DESTRUCCIÓN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA(http://universidadfrentealacrisis.blogspot.com.es/

Quienes firmamos este escrito, miembros de la comunidad universitaria de todas las universidades españolas manifestamos nuestro más absoluto rechazo a las medidas de recorte presupuestario tomadas por el gobierno porque entendemos que suponen un atentado gravísimo y sin precedentes que amenaza la supervivencia del servicio público de la enseñanza superior.

1. Las medidas acordadas por el Consejo de Ministros responden a una grosera improvisación. No son el resultado de un análisis detenido de los problemas que pudiera tener la universidad española, sino la consecuencia de dar el hachazo primero y luego tratar de encontrar argumentos que puedan justificarlo. Una prueba palpable de ello es que los recortes de gasto, la reducción de efectivos y el cambio de normas se realizan antes de que ni siquiera comience a funcionar la comisión nombrada por el Ministerio para que haga propuestas de reformas. Una comisión que igualmente rechazamos de plano porque, con independencia de la muy alta categoría profesional de todos y todas sus componentes, no refleja el pluralismo ideológico de nuestra sociedad y sobrevalora la influencia de los intereses bancarios privados a la hora de definir el mejor ordenamiento de la universidad pública española.

2. Para abrir paso a esas medidas y para apoyar los recortes, el propio Ministro y otros dirigentes políticos del Partido en el Gobierno han dado datos incorrectos o han dicho mentiras que confunden y engañan a la opinión pública:

• Para argumentar que en España hay demasiadas universidades el Ministro ha manifestado que en California hay 10, cuando en realidad hay 146. En contra de lo que dice el Gobierno, es fácil deducir que en España más bien hay pocas universidades: los dos países que tienen mayor número de centros universitarios de investigación de excelencia entre los mejores del mundo son Estados Unidos y el Reino Unido, y en ellos hay una universidad por cada 94.000 y 253.000 habitantes, respectivamente; mientras que en España hay una por cada 582.000 (Estos datos y los siguientes en José Antonio Pérez García y Juan Hernández Armenteros, Reforma universitaria: preguntas erróneas, respuestas incorrectas. El País, 16-4-2012).

•  Para hacer creer que es baja la calidad de nuestros centros universitarios, que combinan la docencia y la investigación, el Ministro los compara con rankings en los que la inmensa mayoría son solo centros de investigación y, sobre todo, sin hacer mención a que 99 de los 100 primeros están en países que casi doblan el gasto en I+D+i sobre el PIB de España.

•  Para exagerar el coste del fracaso escolar el Ministro ha afirmado que el 30% del alumnado abandona la universidad sin terminar, cuando la realidad es que ese 30% se refiere al cambio de titulaciones y que el abandono definitivo solo es del 12%. Y tanto el Ministro como la Secretaria General del Partido Popular han difundido la idea falsa de que el coste de ese abandono (exagerado) es de 3.000 millones de euros, una cifra equivocada y sin fundamento empírico ninguno.

3. Denunciamos que lo que viene haciendo el gobierno para justificar los recortes de presupuesto es simplemente una campaña contra la universidad pública que solo puede calificarse, cuando menos, como desleal. El Ministro se empeña en decir a la ciudadanía que nuestra universidad es ineficaz, cara e inútil para crear empleo y le oculta la realidad:

• Los estudios internacionales muestran que nuestra docencia y productividad científica son equiparables a la de los países de la OCDE a pesar de que aquí invertimos anualmente un 20% menos en recursos.

•  El 79% de quienes obtienen su título en España lo hacen en la “edad típica” de obtenerlos, frente a un 70% de la OCDE y a pesar de que aquí dedicamos a becas la tercera parte que la media de los países de esa organización y con menor gasto por estudiante.

•  La tasa de paro de los y las egresadas universitarias es la mitad que la del resto de la población y todo ello se consigue en la universidad pública con un coste por estudiante que es un 25% más bajo que el de la privada.

 4. A los recortes realizados en los Presupuestos Generales del Estado en las partidas destinadas a la investigación, ahora se suman las consecuencias del Real Decreto Ley de racionalización de gasto público en el ámbito educativo que van a impedir desarrollar con la necesaria calidad el servicio público de la enseñanza superior tan necesario para el progreso de nuestra sociedad. Denunciamos en particular que las medidas adoptadas por el Gobierno son un atentado gravísimo contra el desarrollo de la actividad investigadora, que es uno de los motores más potentes del progreso de una nación y de la competitividad económica que tanto reclama. Unos motores que se resienten cuando se aumentan las obligaciones docentes al mismo tiempo que se recortan recursos para la investigación. O cuando se encarece el precio de los másteres y se anula a la vez el sistema de préstamos renta y se disminuyen las becas, porque eso dará lugar a que no sean las personas de mayor talento quienes puedan acceder a la carrera investigadora, sino solo las de más ingresos. Y denunciamos que son un golpe brutal al principio de igualdad de oportunidades porque el aumento indiscriminado de las matrículas, sin estudiar previamente los efectos de otras distintas posibilidades más justas y eficientes de fijar sus precios, disminuyendo al mismo tiempo las becas, solo dará lugar a que las personas de rentas más bajas tengan más difícil acceder a los estudios universitarios.

El aumento de las dedicaciones docentes, en función de los criterios establecidos en el RD, elude las consecuencias a corto y largo plazo de tales medidas: se toman antes de revisar o consensuar con la comunidad docente/investigadora los criterios y baremos establecidos para la obtención de tramos investigadores en función de la naturaleza variable de la producción científica de las diversas disciplinas; así, la mayor carga de docencia recaería en quienes “menor investigación realizan”, con lo cual cabe pensar en que la docencia no se beneficiaría de la lógica retroalimentación del avance científico;  por último,  se da un golpe a la promoción de la investigación y de los investigadores e investigadoras, pues con más contratos precarios y mayor actividad docente tendrán más dificultades para lograr tramos de investigación.

5. Quienes firmamos esta declaración sabemos que en nuestra institución hay problemas, que se pueden y se deben optimizar los recursos que la sociedad nos proporciona, y estamos dispuestos a contribuir con nuestro esfuerzo a que el servicio público universitario funcione mejor y con mayor ahorro de recursos. Tenemos la convicción de que hay que mejorar la adecuación de la oferta a la demanda de estudios, hoy día muy desequilibrada, coordinar mejor los mapas de titulaciones o acoplar las plantillas de profesorado a las necesidades reales de la docencia y la investigación, entre otras cosas. Pero eso no puede llevarnos al engaño. Nada de eso se puede conseguir con menos recursos, poniendo en peligro lo bueno que han tenido las reformas de los últimos años, cerrando el paso a cualquier estrategia de diálogo y dificultando el acceso a la universidad y a la carrera universitaria a las personas de rentas más bajas.

De esta manera, disminuyendo recursos a un sistema ya de por sí necesitado de ellos, y sin propuestas que realmente supongan una mejora de su uso, por mucho que se hable de “racionalización”, el gobierno solo va a conseguir deteriorar el sistema universitario español y, en consecuencia, la evolución negativa de nuestra economía y el empleo, la situación de las empresas y el bienestar social. La evidencia histórica nos indica que eso es lo que sucede cuando se adoptan medidas como las aprobadas por el Gobierno español. Y esa evidencia, junto a las crecientes facilidades que se vienen dando a los centros privados, es lo que nos lleva a denunciar que la estrategia que en realidad se viene persiguiendo en este como en otros servicios públicos es su privatización progresiva para convertirlos en simples negocios privados con independencia de que así queden millones de españoles y españolas sin poder acceder a ellos.

Por todo esto, llamamos a todas las personas que forman parte de la comunidad universitaria, con independencia de sus ideas políticas y simplemente amantes y defensores de la universidad pública, a que suscriban este escrito con su firma, a que lo divulguen y a que asistan a las convocatorias que se harán en todas las universidades frente a los rectorados para reclamar a nuestros máximos representantes que defiendan estas ideas y rechacen de plano los recortes del gobierno por suponer un atentado gravísimo y de efectos terribles para el futuro inmediato de la sociedad y de la economía española. Y en concreto, para que con su firma exijan firme y directamente al Presidente del Gobierno la dimisión del Ministro de Educación y Cultura y la retirada inmediata del Real Decreto de “racionalización” del sistema educativo porque simplemente significa la destrucción del sistema público que con tanto esfuerzo y siempre con insuficientes recursos hemos podido levantar en los últimos años con una calidad y alcance social de la que, a pesar de todo, nos sentimos orgullosos y orgullosas.

                                                Abril 2012

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También al hilo de lo anterior, un compañero de la Universidad de Murcia (José Carrión) ha publicado el siguiente artículo en La Verdad:

“TASANDO” LA UNIVERSIDAD

” Érase una vez el nieto de un pastor, hijo de albañil y ama de casa, que consiguió una cátedra en cierta universidad pública. Érase una vez un Estado competente para promover el esfuerzo intelectual al margen de la condición social. En esto, dicho Estado caducó y aquella historia formó parte del libro de los hechos insólitos. El Catedrático soy yo, el Estado me temo que será España. Pues parece que nos pilotan hacia un arquetipo inédito para la Universidad pública: una reliquia que debe ser justipreciada si queremos evitar la ruina y el desacato. Tras las rebajas salariales y los despidos, la “realidad presupuestaria” impone ahora una nueva directriz técnica: la subida de las tasas universitarias.

 En España, la reducción del déficit siempre se ha diligenciado por achique del gasto social. Sin duda, la Universidad podría resultar más barata. Bastaría con adelgazar la superestructura clientelista, dejando de ser rehenes de los poderes autonómicos para formar parte de una red estatal en la que se evitaran duplicidades y se facilitara la movilidad. Seguramente hay exceso de “cargos” remunerados y demasiado esfuerzo por hacerse visible. Necesitamos también una catarsis de diagnóstico. Decía Castilla del Pino que no se puede vivir bien si hay algo que le impide a uno respetarse. Y la Universidad hace largo tiempo que pulsa en un silencio medroso –y cómplice- mientras algunos de sus hacedores de porvenir se desbandan procurando que los próximos diez años sean los mejores de sus vidas.

 Paradójicamente, en las Universidades públicas españolas se alojan algunos de los mejores científicos del mundo en su especialidad, cirujanos que hacen de su trabajo un arte, profesores inspirados que construyeron vocaciones, escritores reconocidos y un sinfín de personajes anónimos diligentes, a menudo mal pagados, acosados e incomprendidos por jefes, gestores y compañeros indolentes. Mucho mérito y una valiosa diversidad profesional.

 En algún lugar intermedio entre la ignorancia absoluta y la felicidad del nirvana autohipnótico, hay un punto donde el discernimiento puede resultar lacerante. Cuando leo a Nietzsche (“hay espíritus que enturbian sus aguas para que parezcan profundas”), me da por pensar en cierta liturgia mercantil y me pregunto por qué un Banco siempre resulta ser “demasiado grande” para dejarlo caer, mientras resulta prosocial arrojar a las universidades a su destino monetarista. Concluyo que, corriendo tan deprisa delante de los problemas, también dejamos atrás las soluciones.

 Es cierto que cada estudiante “sólo” paga el 16% de lo que cuesta su formación universitaria. Pero si nos preguntamos si deben subir las tasas universitarias es sencillamente porque estamos viviendo de forma tan equivocada que incluso ignoramos el modelo de sociedad que nos resulta deseable. El dinero es ahora la medida de todas las cosas. Pero ¿cómo se computa el estigma del paro?, ¿cómo hacerlo con cada ejercicio de búsqueda en un contenedor de basura un domingo por la noche, o con el tiempo que hay que dedicar a un hijo minusválido?, ¿cuánto perdemos cuando dejamos de ganar conocimiento para desarrollarnos como personas amables y compasivas?

 Ningún problema será resuelto por recurso a las pautas de pensamiento que lo ha generado. No tengo evidencias de que la clase política haya sabido ni sepa lo que hace con nuestras universidades. Me resulta más bien evidente que no están preparados para pensar en términos de complejidad e incertidumbre, y que todos quieren congelar la historia a golpe de Planes. Así que, lamento pensar que una nueva subida de las tasas universitarias equivaldría a una nueva promoción del déficit social. Este es el estilo de hacer política: ya no consiste en actuar como vigía de las libertades sino como plataforma de oportunidades para las élites, mientras se impregnan de ética ciertos cuentos paternalistas sobre la austeridad y el esfuerzo. Si España no ha estallado todavía no es porque la situación no sea intrínsecamente explosiva, sino porque ha funcionado bien la publicidad en torno a la interpretación de los acontecimientos (“no podemos hacer nada, las alternativas serán peores”). Es curioso que nuestros políticos se declaren técnicamente incompetentes ante los arrebatos de la economía de mercado, pero tengan unas habilidades tan notorias en financiación de campañas, manipulación propagandística, corrupción y acumulación de poder.

 Eventualmente, la “deudocracia” ha conducido a los ciudadanos a vivir resignados en el escepticismo. Parece que nos sobran los sindicatos, las ONGs y cualquier tipo de participación, también la política. No sé si podremos seguir permitiéndonos el lujo de tanta contemplación mientras el futuro sigue fluyendo desde nuestras manos hasta los recónditos escondites del Elíseo fiscal donde unos pocos favorecidos han alcanzado su victoria supraestatal. Pero la historia no puede ser congelada y por eso creo firmemente que volveremos a creer en la virtud de lo colectivo. Hagan lo que hagan los “mercados”, esta creencia será mi consigna para los alumnos.”

 José S. Carrión

Universidad de Murcia

 

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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