Haití

 
Suscribo totalmente el siguiente artículo, desde el principio hasta el final, y quiero contribuir a difundirlo.
 
Haití o la insoportable levedad del no ser  (http://www.alainet.org/active/35681&lang=es)
Ferrán García
 

Todas las tragedias, y de manera especial las de carácter natural, conmueven de buena fe a gran número de personas. Aún se resienten más nuestras conciencias cuando el afectado es “

el país más pobre del hemisferio occidental”, “el país más pobre del continente americano” o “uno de los países más pobres del mundo”, calificativos todos ellos asignados de forma rutinaria a Haití. Pero pocas personas nos detenemos un momento en pensar como era la vida en Haití antes del terremoto, y menos aún en pensar por qué Haití es un país tan pobre. Parece sorprendente como a pesar de tanta información seguimos pensando que las causas de esta miseria están en la naturaleza, o peor aún en la naturaleza de las personas pobres.

 
En medio de tantísima desolación y de tanta imagen de pobreza, apenas hemos oído decir que Haití es el único país occidental en el cual un levantamiento de esclavos condujo directamente a la independencia, y que fue el segundo país colonial americano en independizarse. Un país donde 400.000 africanos esclavizados y traficados por los europeos se sublevaron contra 30.000 dueños blancos. Dueños de plantaciones de caña y café que les oprimían a hierro y látigo, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro hemisferio. Antes incluso que la Revolución francesa de 1791. Nadie ha recordado que el general de Napoleón hincó su blanca rodilla en la tierra haitiana, una derrota sucedida muchos años antes del famoso Waterloo europeo. Un poco, tan sólo un poco, de reconocimiento a la dignidad del pueblo haitiano no vendría nada mal en estas circunstancias.
 
La República de Haití es un producto neto del colonialismo y del imperialismo. El sistema esclavista sirvió para extender el modelo productivo de la plantación de monocultivo, pero tras la independencia de Francia, los EEUU la colocaron junto el resto del Caribe en su área de influencia donde invertir sus capitales y hacerse con el comercio mundial del azúcar. Para ello fue necesario quitar y poner dictadores y cuando esto no fue suficiente, le siguieron las intervenciones militares. Una historia repetida hasta la saciedad en muchas otras regiones pero curiosamente, o precisamente por eso, olvidada exactamente las mismas veces.
 
Podríamos pensar que estos olvidos no tienen mucha importancia si no fuera porque Haití constituye una vergüenza de nuestra época, una de las mayores, si es que puede haber medidas para la vergüenza. Y es que gran parte de la devastación causada por la más reciente y desastrosa desgracia natural que ha golpeado a Haití, se comprende mejor como el resultado de una larga e ignominiosa secuencia de acontecimientos históricos causados por el hombre, muy lejos estos de las placas tectónicas y muy cerca del epicentro de la injusticia humana más letal.
 

Reconstruyendo
 

Y llegó el cataclismo. Se repite en los medios de comunicación que a la etapa de emergencia le seguirá la de reconstrucción. "Reconstrucción” es un

mantra recitado a todas horas y por todas partes. Cualquiera que conozca el país piensa, ¿Reconstruir? ¿Qué es lo

que realmente hay que reconstruir? En Haití apenas había nada, y por tanto apenas hay nada que “reconstruir”. Lo que hay es que “construir” a partir de esa nada que el seísmo ha dejado aún más al descubierto. Y ahí, en la “construcción” empieza el juego geopolítico actual. Haití apenas es más que un pedazo de tierra arrasada donde los intereses de las grandes potencias ya está excavando sus cimientos, de nuevo y una vez más, a costa del pueblo haitiano. Como siempre, como desde hace siglos y de manera interrumpida Haití es ahora, casi en sentido literal, un cuadradito negro del tablero de ajedrez geopolítico. “Reconstruir” el país…. quién sabe, puede que esta vez haya que dejar las “teorías de la conspiración” a un lado, pero en cualquier caso esta comunidad internacional dilapidó ya hace años toda la confianza que se pudiera tener sobre sus buenas intenciones en Haití. El crédito debe volver a ganárselo.
 

Mira, mira
 

La imagen que nos envían los medios de comunicación de masas ha pasado de ser la del horror, después los muertos en las calles, y más muertos en las calles (imágenes que vulneran el más mínimo código deontológico), a ser la del desorden y el descontrol, el caos, el
pillaje, los saqueos y la violencia. La proyección visual de un salvajismo inherente al pueblo haitiano parece formar parte del la línea editorial de estos medios. Estas frases no pasarían de ser una reflexión sin mayor importancia, si no fuera porque evidentemente la comunicación no es una herramienta baladí. Es clave para macerar las conciencias colectivas y, una vez preparadas, atravesarlas metálicamente con actos que, de entrada, nos parecerían injustificables. Como, por ejemplo, la invasión militar. Ante la “negritud” descontrolada, incivilizada, irracional, inculta y peligrosa, la sabiduría, la altura moral, el orden, el control, la civilización milenaria y en su estado más puro de las gentes occidentales más o menos blancas. De hecho ahora las imágenes son la de unos marines que saben imponer el orden en la entrega de ayuda, que son obedecidos de manera cortés y cuando alguien se intenta amotinar alguna ráfaga al aire. Los periodistas lo avalan “

Pese a quien le pese son los únicos capaces y dispuestos a hacer esto” y acto seguido, “cortésmente”, los militares invitan a la prensa internacional a marcharse del aeropuerto. Las imágenes y el tono informativo no son nunca neutros.

 
El problema, pues, es el efecto que provocan estas imágenes en el subconsciente colectivo. “

Haití es un estado fallido” lo hemos oído muchas veces, pero en este momento lo vemos. “La única solución es establecer un protectorado sobre Haití”. El pueblo que logró romper el yugo de la esclavitud, 200 años más tarde debe volver a empezar a romper el más reciente y lustroso de los neoyugos. Desde la invasión y ocupación norteamericana de 1915, cada tentativa política seria de permitir que el pueblo haitiano se levantara ha sido bloqueada

deliberada y violentamente por los gobiernos que ahora se desviven por “ayudarles”. Recordemos que la ONU ha mantenido desde el año 2004 una enorme fuerza militar de pacificación, la comunidad internacional ya ha gobernado efectivamente Haití desde entonces. Los mismos países que ahora alardean con el envío de ayuda de emergencia a Haití han votado consistentemente, durante los últimos 5 años, contra cualquier extensión del mandato de la misión de la ONU más allá de sus objetivos estrictamente militares. Las propuestas para desviar parte de estas “inversiones” hacia programas para la reducción de la pobreza o el desarrollo agrario han sido bloqueadas, y ahora después de 6 años de fuerzas de estabilización, ¿Qué hacemos?
 

Money, money
 

El dinero es necesario, sí. Necesaria la Reunión de alto nivel en Santo Domingo, la Reunión del Consejo de Ministros de cooperación de la UE, la próxima conferencia de donantes, etc. La comunidad internacional abre sus chequeras, de acuerdo. Una de las más grandes garantes del estado del bienestar en este siglo, Margaret Tatcher, decía

“Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.” Bienvenido sea entonces el dinero. Habrá mucho, mucho dinero para Haití. Como lo hubo para América Central como consecuencia del huracán Mitch o como lo hubo con el Tsunami en el Sureste asiático. Pero ¿qué ha cambiado en esas regiones gracias al aluvión de moneda? ¿Se ha avanzado en la eliminación de la pobreza, en el proceso de autonomía y determinación? ¿En el fortalecimiento de la sociedad? En Haití, ¿El diluvio de papel moneda va a lograr implementar una reforma agraria que haga que los 600.000 campesinos y campesinas puedan cultivar algo más de 1Ha de terreno? ¿Va a lograr frenar la importación masiva de arroz estadounidense y beneficiar a los campesinos y campesinas arroceras del Artibonito? ¿Se va a condonar total, absoluta y sin ninguna condición la ilegítima y odiosa deuda externa de Haití? El tiempo lo dirá. Y en Haití lo ha dicho durante 200 años.

 

El pueblo invisible
 

Uno tiene la sensación de que Haití ha sido ocupado por fuerzas internacionales de diversa índole: A la MINUSTHA se han unido los miles de cooperantes, las ONGDs, las agencias internacionales, los periodistas y recientemente los 10.000 marines norteamericanos y la Unión Europea que anuncia otros 6.000 efectivos. En definitiva, ni gobierno de Haití, ni policía nacional, ni instituciones nacionales… la pregunta que tras cada noticiero nos hacemos es ¿Dónde está Haití en todo esto?
 
Pero el pueblo haitiano existe. Siempre ha existido. Es necesario rescatar algo en lo que mucha gente coincide y que también habremos oído en estos días: La increíble dignidad del pueblo haitiano. Se sienten herederos de una raza especial de esclavos libertarios que
fueron capaces con todo en contra de romper con sus cadenas y enfrentarse al mundo entero. Con esta determinación, energía y coraje se levantan los haitianos y haitianas cada día y se ponen a andar y andar, y andar. Andar los pequeños juntos varios kilómetros hasta llegar al
colegio, andar varios kilómetros buscando trabajo, estudiando por las tardes bajo la única luz de la ciudad situada en el muro de un hotel de lujo de Gonaives, andar tirando de su burro hasta el mercado local más próximo para vender su canasta de productos, labrando sus
campos como si de jardines se tratara con apenas una azada, conservando sus semillas tradicionales para no perder este espacio de control y así encontramos ejemplos y ejemplos de este coraje que nos sorprende. Por todo esto, merece la pena “construir”, pero construir
apoyando su dignidad y determinación como pueblo.
 
Este pueblo no es un pueblo de personas aisladas e individualistas. En Haití se sobrevive gracias precisamente a las estructuras comunitarias, familiares y de vecindad que sirven de apoyo en la pobreza. En el campo y la ciudad existen tradiciones que nos muestran esta solidaridad primaria que es real, Pero además, en Haití existe un pueblo concienciado social y políticamente que se organiza en movimientos campesinos potentes que paralizan el país como son MPP, Tet Kole, MPNKP y otros. En Haití los productores y productoras de café venciendo todas las dificultades que nos podamos imaginar logran organizar sus cooperativas y producir con alta calidad y reclaman al gobierno que les reconozca su papel en la conservación de los pocos bosques tropicales que aun existen y que son imprescindibles para el cultivo del café. En Haití los miles de afiliados y afiliadas de Tet Kolé siguen reclamando la necesidad de una reforma agraria que les libere del yugo de las formas de servidumbre que todavía subsisten en la tierra y cuyos dueños son los mismos de siempre, en Haití las familias productoras de arroz del Artibonito, paralizaron en mitad de la crisis alimentaria del año 2008 el Plato Central pidiendo al gobierno que priorizara y apoyara la producción nacional.
 
Este es el pueblo haitiano a quien debemos nuestro apoyo y con el que nos comprometemos.
 

Veterinarios Sin Fronteras

 

Anuncios

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
Esta entrada fue publicada en Frases y citas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s