Actividad universitaria y pasos en falso

 

Decía el gran José Ortega y Gasset en un conocido y citado texto de 1930 (Misión de la Universidad, ediciones de la Revista de Occidente, Madrid), que ha sido recogido casi literalmente por las diferentes leyes universitarias posteriores a 1975, que los tres objetivos básicos de la institución universitaria son la transmisión de la cultura, la enseñanza de las profesiones intelectuales y la investigación científica y la educación de nuevos hombres de ciencia, tareas que deberían llevarse a cabo con autenticidad (esto es, espíritu crítico independiente de los intereses de otros agentes sociales), actualización (ya que la ciencia progresa contínuamente y es imprescindible asimilar e incorporar las novedades) y métodos racionales basados en el principio de economía (puesto que los recursos materiales y el tiempo son limitados) (las frases en cursiva son anotaciones personales del proyecto docente que presenté cuando me examiné de la última oposición).

Qué bonito suena, ¿verdad? Al menos sobre el papel. El “informe Bricall” (Bricall, J. M. et al, 2000, Informe Universidad 2000, CRUE, Madrid (www.crue.upm.es)), bastante inaudito en diferentes partes de su texto para haber surgido del seno de un órgano tan corporativista como la CRUE, recoge la comunicación de la Comisión Europea de 12 de noviembre de 1997 que manifiesta que “la educación superior debería orientarse al desarrollo de la capacidad de empleo a través de la adquisición de competencias necesarias para promover, a lo largo de toda la vida, la creatividad, la flexibilidad, la capacidad de adaptación y la habilidad para aprender a aprender y a resolver problemas”. Caramba. ¡Lo dice la Comisión Europea! ¡La misma que ha impulsado la famosa “convergencia” universitaria! Entonces, ¿qué nos están contando aquí quienes dicen impulsar los cambios? ¿Qué creatividad puede desarrollarse en alumnos que apenas saben expresarse por escrito, y no digamos ya oralmente, a los que se exige realizar exámenes en los que solo tienen que rellenar casillas (los famosos “tipo test”) (que  luego corrige una máquina…)? ¿Creatividad, en este contexto de memorieta pura y dura? ¿Qué flexibilidad, cuando se pretende que los profesores entreguemos antes de que comience el curso una relación de las actividades diarias que nos proponemos realizar? ¿Qué capacidad de adaptación, cuando los grupos de alumnos son tan numerosos, por razones meramente mercantilistas, que es materialmente imposible transmitirles nada que no tenga que ver directamente con los conocimientos técnicos? ¿Qué habilidad para aprender a aprender, cuando a los profesores se nos selecciona exclusivamente por el peso de nuestra producción científica, independientemente de cualquier otra cualidad, de tal manera que entre nosotros hay verdaderos zotes en relación con la capacidad de transmisión de ideas y del fomento de la discusión? Antes de ponernos a llenar la casa de floreros deberíamos hacer limpieza. A fondo. Pero no. Seguimos intentando contruir la casa por el tejado. Y encima, quienes promueven llenar la casa de floreros, los lechuguinos europeizantes, nos llaman catastrofistas a quienes intentamos defender posturas más realistas… Bueno. Pues seré catastrofista. Mas ustedes, tan "posibilistas" y "dinámicos", están haciendo un daño monstruoso a nuestra institución, a aquella que por su naturaleza debería ser ejemplo para todos. Probablemente lo hacen sin intención (porque ustedes mismos no son directamente responsables de su ignorancia manifiesta en temas que no son meramente técnicos); pero el daño daño es, al fin y al cabo.

Por cierto, que hace cosa de una semana intercambiaba algunos argumentos con Luis Marone, ecólogo argentino muy interesado en cuestiones epistemológicas, en que se me ocurrió definir nuestra tarea de profesores universitarios como la de contribuir al bienestar social a través del aporte de argumentos, tesis y propuestas innovadores o sintéticos, lo que es esencialmente una consecuencia de nuestra dedicación a pensar. Para lograr una contribución efectiva de tal tipo no es imprescindible subirse al carro productivista, ni mucho menos, que tanta apología recibe hoy día (como es natural, por los mismos que defienden las supuestas novedades docentes europeizantes, por los "tecnócratas posibilistas"). Y que, asimismo, tanto perjuicio está haciendo al núcleo mismo de tarea académica, al ir minando poco a poco la misma esencia, que es la creatividad.

Pues eso. Que soy catastrofista. Soy un error, en definitiva. Sí señor.

Acerca de Anarchanthropus crapuloideus

Calvo, feo, gordo y tontorrón. Este es mi perfil de acuerdo con quien más valor tiene para mí, mi adorado -y guasón- hijo Mateo. Podría añadir que soy una especie de anarcántropo crapuloideo. Pero buena gente, ¿eh?. Así que después de la presentación inicial, el resto así como más en serio: Lo mío son las cosas bien hechas, con gusto y paciencia. Me gusta el silencio, la calma. Me gusta cultivar la tierra, hacer la comida a la brasa, hacer pan, conservar las costumbres ancestrales. Me gustan las miradas firmes de las personas sin dobleces. Me gusta la esencia. Y la forma también, sí; pero sobre la esencia. Me gusta la soledad, compartida o no. Me aburren y me irritan la mediocridad rampante y la falsedad, la corrupción, la incapacidad y la indolencia que dominan nuestro día a día. Me enojan los “esclavos felices”. Soy raro, dicen. No encajo bien en los moldes convencionales. En muchas situaciones estoy a la contra. Si la inteligencia es la propiedad de adaptarse bien a cualquier circunstancia, no soy particularmente inteligente. Soy un intelectual inquieto, apasionado del mundo natural. Me fascina la vida. Y el color, los paisajes (¡el Alto Tajo!), el agua limpia, los animales silvestres (en especial los insectos, y sobre todo las mariposas), la montaña, el mar, las flores… Me hice biólogo, aunque padecí mucho durante la licenciatura; mi interés por el mundo natural me ha llevado a ser profesor universitario de Zoología y Conservación Biológica (también me entusiasma la docencia) y a fundar un grupo de investigación. Si no hubiera sido biólogo hubiera sido músico; me cautiva la música. U hortelano. O pintor. O... soñador de vencejos y hadas. No tengo estilos musicales preferidos, sino músicos preferidos: siempre se ha hecho buena música, y yo creo que ahora también (en contra de lo que opinan algunos críticos). Una relación de la música que más escucho se encuentra en http://www.last.fm/user/Troitio. Me entusiasman también la pintura y la literatura, tanto para disfrutar las creaciones ajenas como para crearlas yo mismo. Algunas frases ajenas que me han acompañado a lo largo de la vida: “Piensas demasiado para ser feliz” (dicha por la madre de la niña que más me gustó en mi adolescencia y primera juventud; yo no he estado de acuerdo en lo de que pensar “demasiado” te impida ser feliz, y de hecho me considero un privilegiado respecto a la felicidad). “Deja ya las mariposas, que no te van a dar de comer” (dicha por mi abuela paterna, que no entendía bien mi afición precoz, y que a la postre también se ha demostrado que era errónea, porque desde luego que me han dado de comer, a pesar de dedicarme a ellas y de hacerlo a contracorriente de las modas productivistas dominantes). "¿Cómo una persona que es en sí por completo un método, puede comprender mi anarquía natural?" (Richard Wagner). "Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella danzarina" (Friedrich W. Nietzsche). "Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar. Necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." (José Saramago). "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda." (Concepción Arenal). "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos". (Charles Bukowski. ¿O ésta es de Homer Simpson?).
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